El Almirante del Mar Océano. Colón encadenado. Capítulo VIII

Pese a los rencores envidias e intrigas, Colón, animado por la fe y el entusiasmo que había demostrado, siempre obtuvo la autorización de la corte para emprender un nuevo viaje en seis meses. Sin embargo, esta vez al Almirante le tomó cerca de un año tener todo listo, partiría con seis embarcaciones encabezandas por la flota La Niña y La India, que pertenecían a Don Cristóbal en un 50 por ciento.

El 30 de mayo de 1498 se alejaba lentamente del puerto de Sanlúcar, esta vez decidió dirigirse a Madera, pensando en que el reabastecimiento podría ser más fácil que en Las Canarias.

Durante el camino esquivó a los piratas franceses que merodeaban el área. En Porto Alegre, la población creyó que la flota era enemiga y les disparó, pero no hubo consecuencias, a final de cuentas llegaron nuevamente a Las Canarias.

Después, Colón siguió una nueva ruta más al sur, pasando por la isla portuguesa de Cabo Verde, que no hacía honor a su nombre porque era poco verde; en ella encontraron agua, pero no había ni ganado ni fruta.

Después ocurrió algo peor, el viento desapareció y arreció un calor tan terrible que el mismo almirante dijo: "Nos abrumó un calor tan insoportable y sofocante que me parecía ver arder a los hombres y a los navíos. Todo eso sucedió tan bruscamente y causó tan gran pavor, que ningún marinero se atrevía a bajar a las bodegas... Esto duró ocho días... afortunadamente se presentaron algunas lluvias... Si el sol hubiera brillado todo el tiempo nadie hubiera podido salvarse".

Colón, contra los consejos y opiniones de sus oficiales, no retrocedió al norte, sino que tomó una ruta desconocida y desde ese momento navegó hacia el Oeste. Para el 30 de julio había ya escasez de agua y víveres, por lo que cambió su ruta virando al norte, esperando llegar a alguna de las islas ya conocidas.

Al fin, el día 31 vieron tierra y Colón comentó: "Entonamos el Salve Regina y otras acciones de gracias. Hay ahí un puerto excelente pero de muy poca profundidad. Hay aldeas y gente muy hermosa y tierras tan verdes como los jardines de Valencia en marzo".

Sin embargo, tuvieron que navegar cinco leguas más, pues ahí no había suficiente fondo ni podían encallar las naves, bajaron al fin en un lugar que creyeron una isla, pero era en realidad la delta del Orinoco. Colón le dio el nombre de Isla Santa o Tierra de Gracia.

El 4 de agosto de 1496 por la noche se escuchó un terrible rugido y llegó una enrome ola que estuvo a punto de voltear las embarcaciones. Tiempo después decía don Cristóbal que al recordar ese momento volvía a sentir el mismo terror escalofriante de entonces.

Transcurrieron 10 días de exploraciones y pudieron ver indios que llevaban bellas joyas de oro y perlas, pero no entraron en contacto con ellos, pues rápidamente huían; se dieron cuenta que estaban en una región diferente a la de las islas ya conocidas. Ahora se encontraban rodeados por agua dulce... Colón al fin comprendió que ahora ya no se encontraba en una isla, sino que había descubierto tierra firme.

Entonces, ¿por qué decidió suspender la exploración si se daba cuenta de que había llegado a un nuevo continente? Es otro de los grandes misterios que permanecerán ocultos en la historia para que ésta siga siendo investigada, o incluso reinventada. Sin embargo lo que sí es cierto es que Colón pensaba que el paraíso terrenal se encontraba muy cerca de los lugares donde estaba, y así lo dice:

"El paraíso se encuentra allí, entre las grandes islas y el continente, o más hacia el Sur; en todo caso cerca de la línea ecuatorial. Allí la tierra que no es redonda, sino más bien con la figura de una pera, se encuentra más cerca del cielo, y parece que el mar toca la luna. Allí, en las islas y en tierra, en fin, los hombres muy próximos a su vida original se distinguen por la dulzura de su carácter, su gran generosidad, su amable hospitalidad y su indulgencia. Esto sin mencionar la gran confluencia de grandes corrientes de agua dulce... En ese lugar tan agradable, manantial de las fuentes del paraíso, de donde salen los cuatro ríos: El Éufrates, el Ganges, el Tigris y el Nilo".

Le encantaba hablar de este sueño romántico y místico de estar más cerca de Dios al encontrar el lugar de origen de toda la humanidad, fruto del deseo del hombre de sentirse parte de la historia de la relación de Dios con el hombre, una sensación difícil de entender para algunos hombres del siglo XXI que se ufanan de tener leyes que alejan a Dios de todo; de la vida social, de la política, de la educación y del mundo que fue su creación.

Pero el 31 de agosto de 1498, al llegar a La Española, no se imaginaba las grandes penas que le aguardaban. Resulta que durante su ausencia su hermano Bartolomé tuvo que enfrentarse a un grupo de rebeldes encabezados por Francisco Roldán, y durante un año no lo pudo someter; mientras tanto, los soberanos españoles habían recibido quejas contra los hermanos Colón.

En agosto de 1500, mientras el almirante luchaba contra otra rebelión, llegó de España Bobadilla, enviado real, con poderes poco claros pero suficientes para encarcelar a los hermanos Bartolomé y Cristóbal.

A fines de octubre del año 1500 el gran Almirante, quien había sido recibido triunfante en ciudades y pueblos, quien había aparecido al lado de los reyes en todas las ceremonias y fiestas fastuosas, ahora viajaba en una carabela llamada La Gorda. Humillado y encadenado, llegaba a España como un vil prisionero, como si fuera un traidor o un delincuente, así de cambiante es la fortuna, así de difícil es mantener la gloria y el triunfo.

 
jorgeespinosacano@lycos.com
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