Y en más sobre la felicidad

 

Como lo prometí, voy a continuar con el tema de la felicidad, específicamente hablaré del libro Destellos para lograr la felicidad.

En mi anterior colaboración transcribí un párrafo de dicho librito; en esta ocasión voy a tomar otro párrafo de la introducción y lo suscribo completo, pues no tiene desperdicio:

 “Por muy oscuro que se presente el camino, por más incierto que parezca el destino, siempre, si lo buscamos, podremos encontrar los destellos; pequeños puntos de luz que nos guían, nos orientan, nos sustentan, nos animan, nos secundan con sus pequeñas voces y sus resplandores de esperanza; que todo en esta vida tiene solución, que no estamos en un valle de lágrimas ni vinimos a sufrir, sino que nos encontramos en un planeta maravilloso, llevando una existencia que, en sí, ya es un don divino”.

Y como muestra de que esta vida vale la pena vivirla y si la vivimos a plenitud nos hace más felices, pongo dos ejemplos. El primero lo tomo  de la película La vida es bella, ya que a pesar de que aquel niño judío vivió en un gueto de Varsovia durante la ocupación nazi –con todo lo que aquello implicó– valió la pena vivir la vida.

Su padre le hizo creer que aquella tragedia era un juego, por lo que el pequeño soñaba con ver de cerca un tanque de guerra. Cuando vio el enorme tanque estadounidense sintió una gran felicidad y gritó: ¡Ganamos!, haciendo referencia al “juego”. 

El otro ejemplo es real y se refiere a un psicólogo judío y famoso escritor, Víctor Frankl, quien en su libro El hombre en busca de sentido describe el infierno en el que vivió en el campo de concentración de Auschwitz. Justamente ahí encontró sentido a su mísera y desnuda existencia; algunas veces estuvo a punto de morir, pero su esperanza y espíritu indómito le dieron la fortaleza para ayudar a los demás a resistir o bien morir.

Él sobrevivió y de esa terrible experiencia surgieron los principios de la escuela psicológica llamada Logoterapia, que han servido a tantos para encontrar la felicidad.

Creo que para comprender la felicidad es menester empezar señalando lo que no es, para no confundirla con el placer, la satisfacción, el disfrute, la sensación, el sentido de pertenencia, la propiedad de las cosas, el dinero, etcétera. Supongo que estarán de acuerdo conmigo en que todas estas cosas podrán ser satisfactores, abonos a la felicidad, por llamarlos de alguna manera, pero no son la felicidad en sí.

El hombre es un ser sumamente complejo; no es mera materia, ni pura vida, ni solo espíritu; ni tampoco, como lo definió Aristóteles, es un mero “animal racional”, para también definirlo como animal político. Basta con recordar que el filósofo griego Sócrates dedicó su vida a preguntar a la gente su percepción sobre sí misma y lo mismo buscó Diógenes. 

No basta, pues, saber lo que no es la felicidad ni lo que es la infelicidad, asunto que también es complejo, porque lo que a algunos hace felices a otros los hace infelices. Por eso pienso que la felicidad es algo muy subjetivo y que buena parte de la misma consiste en tener atributos personales, muchas veces genéticos, que ayudan a ser felices más tiempo que cuando se carece de ellos.

Por ejemplo, el sentido del humor, la capacidad de adaptación, ser optimistas, positivos, saludables, generosos y desprendidos de las cosas materiales sin apegos ni miedos; estar en paz con Dios, con uno mismo y con los demás. En otras palabras, no buscar la felicidad únicamente en lo exterior como en vivir en otra casa, en otra colonia, en otra ciudad, en otro país.

Si bien es cierto que el entorno ayuda, no es el factor medular para el logro de la felicidad, que se encuentra ante todo en nuestra mente y corazón; en nuestros recuerdos, sueños, en nuestros pequeños logros cotidianos y también en metas alcanzables a largo plazo, que sean realizables acorde con nuestra real dimensión, sin exagerar esfuerzo ni ilusión, al grado de dañar nuestra salud física o mental.

También es importante percatarnos que para ser felices es bueno ayudar a los demás para que también lo sean. Ahí entran en juego las virtudes de la generosidad, la caridad, en una sola palabra, el amor a los demás; pero primero a ti mismo. Si lo practicas, pronto notarás el amor de los otros hacia ti, porque encuentran estímulo de tu parte si eres positivo.

No pretendo dar la receta para ser feliz, pero sí decir que quien es feliz contagia y hace felices a los que lo rodean, incluso a los desconocidos; en cambio, el que es infeliz le hace la vida pesada a los que con él conviven.

Termino este par de cuartillas mencionando algunos personajes relevantes que cita la autora Pilar Obón en cada capítulo de su librito y que ella llama meditaciones:

“Hay muchos que adquieren la mala costumbre de ser infelices”, George Eliot.
“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”, J. P. Sartre.
“Sólo de la rectitud del corazón nace la felicidad”, Esquilo.
“La felicidad es querer ser lo que uno es”, Esquilo.
“Aquel que es feliz hará feliz a los otros”, Mark Twain.
“Casi todas las personas son tan felices como se deciden a serlo” A. Lincoln.

 
rinber@prodigy.net.mx

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