Siempre me he preguntado por qué quieren ser presidentes, ¿por el amor a la patria, el amor a su estado, o el agradecimiento a su ciudad?, según sea a lo que se postulan… ¿Qué los mueve realmente? ¿Acaso tienen en mente ser el cambio? ¿En verdad pensarán cumplir todo lo que prometen? ¿O de qué se trata? ¿Sólo de llegar, y pretender que están en una cápsula de viento donde vuela dinero y en tres o seis años agarrar todo lo posible? ¿De eso se trata? O quizá sí tienen todas las ganas de cambiar las cosas y en verdad quieren hacer algo en su presidencia, pero los que tienen más experiencia los malean y les ponen un freno, ¿puede ser también? ¿Qué pasará por su mente una vez que transcurre el tiempo y no se cumplen las promesas que salieron de su boca? ¿Los dejará tranquilos su conciencia? ¿Sentirán vergüenza? O quizá por ser fríos y calculadores llegaron a donde están. La verdad de las cosas es que uno como ciudadano siempre espera que cumplan, pero dentro de nosotros sabemos que no será así; y mientras son peras o son manzanas, más vale que nosotros empecemos a trabajar para ver el cambio que queremos en nuestra comunidad, porque eso es lo que necesita nuestro país. Es menester que empecemos nosotros el cambio y no estar depositando nuestra confianza en el que, aunque quiera hacer algo, no podrá hacer nada porque el problema está en nuestra forma de actuar, de vivir y de pensar. Cuando de verdad lo entendamos y cambiemos, diremos: ¡Qué buen presidente tenemos! |