Sexo en el noviazgo: indispensable para una buena relación

Pues sí lo creo así. El sexo durante el noviazgo es total y absolutamente indispensable para forjar una buena y sana relación a futuro. Ser sexualmente activo es lo más importante durante una relación de noviazgo para un posible futuro matrimonio.

Para entender mi afirmación, les voy a contar una pequeña anécdota: un niño de aproximadamente cinco años se acerca confiado a su padre para obtener la respuesta a una interrogante, que a juicio del padre es trascendental: “¿Qué es sexo?”, preguntó el hijo con un tono de seriedad.

El padre, con gran sabiduría, llevó a su hijo a tomar un helado y tuvieron su larga charla de padre a hijo. Cuando el padre terminó de explicar y ofrecer tal cátedra al hijo, preguntó si habría cualquier duda que el pequeño pudiera tener.

El niño saca de su bolsillo una pequeña hoja, se la muestra a su padre y le pregunta, señalando dos pequeños recuadros: “¿lo que me acabas de decir cabe aquí?”. Era la ficha de inscripción para la liga de fútbol de la escuela.

Así es, el sexo no es algo que hacemos ni algo que tenemos. El sexo es algo que somos: varón o mujer; masculino o femenino. Por ello digo que el sexo es indispensable en el noviazgo.

Él tiene que ser un hombre con todo lo que ello conlleva. Ser caballeroso no es algo de la edad media, ceder el paso a una mujer, abrirle la puerta del coche, del restaurante, no es algo anticuado. Ser hombre es ser aquel que protege a la mujer, es aquel que por naturaleza será el proveedor del hogar.

Ella, por su parte, tiene que ser una verdadera mujer, una dama. Esa mujer que se comporta y vive como tal, que desde su vocabulario fino, su porte firme y amable, su vestido digno que es atractivo y pudoroso a la vez, su delicadeza en el trato, sea mujer con todo el peso que llevan esas cinco letras.

En el Génesis, Dios somete toda la creación al hombre indicándole que dé nombre a cada bestia que habita en la faz de la tierra, y una vez que él termina su cometido, Dios se da cuenta que al hombre le falta algo: la mujer.

Dios los creó para que se ayuden, acompañen y complementen, no para ser el uno superior al otro –en ningún sentido–, y que como el resto de la creación, “crezcan y se multipliquen”, quedando claro que primero hay que crecer…, pero ese será tema de otro escrito.

La masculinidad es eso que la feminidad reclama, y la feminidad es eso que la masculinidad exige. Por ello, no podemos perder de vista que el sexo es de suma importancia, ya no sólo en el noviazgo, sino desde que los padres educan a los hijos.

 
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