N/A
Dos veces he pedido tanques de gas y he puesto una báscula de precisión en el piso para que el repartidor pese primero mi tanque vacío; luego le pedí que pusiera su tanque lleno y… ¡sorpresa, amigos!, los he hecho bajar hasta 20 tanques, y ninguno tenía los 30 kilos de gas.

No cabe duda que vivimos en un mundo de pillos. Pillos arriba, pillos en medio y pillos de a pie. Es el triste caso del gas doméstico en el estado de Jalisco –para que los del altiplano no se sientan aludidos (aunque me consta por amigos y familiares que allá está peor la cosa)–.

Los pillos de arriba bajan el precio del gas de 318, a 278 pesos; los pillos de en medio dan tanques de 25 kilos, y los pillos de abajo engañan a las amas de casa y les dan tanques de 14 kilos a 300, pesos “pa’ que no se quede sin gas pa’ sus sagrados alimentos, doñita”, dicen.

A los pillos de arriba, que el pueblo se los demande, o se quedarán eternamente impunes… ¿Quién juzga al juzgador en este mundo, cuando el mismo supremo tribunal de justicia –caterva de ancianos podridos por el dinero– exonera al “gober precioso”?

Con esto no quiero decir que esté de acuerdo con la periodista Lydia Cacho. Eso es harina de otro costal. Pero los pillos de en medio, o sea, los empresarios y los industriales del gas, los sindicatos y llenadores de los tanques, que tienen “prisa” por tanta demanda, nos engañan porque todos los tanques les salen con tres o hasta seis kilos de gas menos de lo pactado.

Dos veces he pedido tanques de gas y he puesto una báscula de precisión en el piso para que el repartidor pese primero mi tanque vacío; luego le pedí que pusiera su tanque lleno y… ¡sorpresa, amigos!, los he hecho bajar hasta 20 tanques, y ninguno tenía los 30 kilos de gas.

¡Bajaron el gas de precio, pero también de peso!; y el colmo fue que dos pobres amas de casas en colonias pobres pidieron gas, cuando al repartidor sólo le quedaba un tanque, entonces el pillo de abajo les dijo que en un ratito les daría gas a las dos.

El pillín se escondió con su camión en una callecita y sacó una manguera de doble boca, conectó los dos tanques, y ¡milagro!, por el arte de los vasos comunicantes de Pascal, los dos tanques tuvieron gas, pero cada uno tuvo 14 kilos a un costo de 300 pesos. “Pa’ ayudarla en su economía, señito, de 317 se lo dejo en 300, pa’ que le llame siempre que necesito suministro”.

Somos testigos de tantas injusticias que suceden en nuestro pueblo, pero estamos amordazados por la amenaza del “ya sé dónde vives”, y si un día se te cae un árbol en la cabeza, ya sabes quién te lo echó.

Los pillos de arriba dejan impunes a los monopolistas de Zaragoza en Jalisco; que hagan con los repartidores lo que quieran, que los corran de la empresa con el asentimiento de los sindicatos coludidos con los mandos medios.

Y en estos tiempos de aguda crisis, de pobreza, ¿quién nos ayudará? Para los pobres que tenemos fe en la providencia celestial, sobrevivimos llorando, esperando la justicia del cielo, pero ¿y los pobres pobres a quienes nadie evangeliza y todos abusan de ellos?

¿Alguien puede influir para que se ponga un freno a estos pillos? Gracias, pero sí que nos gustaría saber…

 
ppgomez_53@hotmail.com

Imprimir
PDF
The Website Grade for yoinfluyo.com! Website Monitoring - InternetSupervision.com

Website Ranking