Hacia la misión continental

 

"En diálogo y a veces en confrontación (con aquéllos que quieren convencer de que los caminos contrarios a los del Sinaí son los caminos de la felicidad) ha de desplegarse el liderazgo de quien ha recibido la vocación de ser discípulo y político. Esa vocación que tiene sus raíces en la gracia bautismal y en la confirmación y que encierra en sí la vocación al apostolado y a la santidad. A veces ustedes lo saben mejor que otros países del continente, también al martirio. Basar la vida y la acción política sobre roca es ser discípulo de Jesucristo, algo muy diferente a ser un mero eco de las encuestas como último criterio de verdad, bienestar y legitimidad" (Conferencia Inaugural, palabras iniciales, Conferencia Episcopal de México, Asamblea Plenaria).

 "Que haya políticos que pretendan el monopolio del servicio al bien común no es tan sólo un anacronismo, sino además una ofensa al Señor de la historia, quien escoge a incontables colaboradores, y los orienta y fortifica con su gracia, para que trabajen al servicio del pueblo, secundando a Jesucristo, Pastor Universal" (CEM pp. 23, discurso inaugural).

Como articulista y columnista desde hace más de 31 años, nunca he sabido qué tan eficaces hemos sido los que queremos llamar la atención, en ocasiones casi a gritos, sobre que la política debe estar fuertemente influida por el Evangelio y las recomendaciones del Magisterio de la Iglesia Católica. Sin embargo, estoy absolutamente seguro que Dios, sin menoscabar nuestro esfuerzo y sin humillarnos de manera alguna, despliega su espíritu paulatinamente, sin estar sujeto a tiempos terrenos, sin pasiones buenas o malas, sin prioridades ni ansias humanas.

Él, actúa en momentos de serenidad, o como decía Chesterton: también cuando las fuerzas del mal parece que están destruyendo al bien y a la vida de la Iglesia, algo extraño ocurre y la fuerza del espíritu se abre camino, reafirmando la promesa de que ningún mal prevalecerá contra la Iglesia y la verdad que viene profesando y evangelizando desde hace siglos... Lo que quiero decir es que estoy seguro de la eficacia de la acción del Espíritu Santo sobre el mundo.

Pero estas recomendaciones o palabras del CEM, que deberíamos leer y que deberían ser oro molido para nosotros los políticos, comunicadores, educadores, economistas y otros servidores públicos, resultan ser para muchos una verdad, en el mejor de los casos, que hay que mantener bajo reserva, porque corremos el riesgo de estigmatizarnos como radicales o fanáticos. Hemos aprendido mal aquella lección de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, a grado tal que la política y la comunicación reclaman, según nuestra "ilustre" y triste conciencia, fuentes doctrinales, éticas e ideológicas muy diferentes y muy alejadas de cualquier idea o doctrina de la Iglesia. Una cosa es la política y otra muy distinta lo etéreo. No hay punto de contacto, pero nuestra vida transcurre en ambos ámbitos. ¿¡Qué fácil, no!?

Si los políticos nos inspiráramos más en el Evangelio, pese a las grandes presiones sociales que forman las corrientes de opinión, el internet y los medios de comunicación ultraliberales, conseguiríamos sanear muchos asuntos que andan mal en las realidades concretas de nuestras profesiones, instituciones, movimientos políticos, proyectos de largo alcance. Le daríamos a nuestra tarea, por la que habremos de dar cuentas algún día, un toque de trascendencia y una profunda alegría y satisfacción por construir el verdadero reino de Cristo, que la Iglesia nos urge a edificarlo día a día a través de diferentes medios.

Yo no me quiero quedar sólo en teorizar lo malo sin proponer lo bueno que surgiría de vivir de acuerdo a la buena doctrina e influencia ideológica. Por ejemplo, como abogado que soy, veo a muchos colegas en los tribunales defendiendo narcos, representando a delincuentes de cuello blanco, amparando a terribles criminales, tejiendo argucias para evitar pagos de pensiones alimenticias... En mil asuntos en donde una conciencia clara, que actúa con honradez y honestidad, podría hacer mucho por la justicia y por la felicidad del mundo.

En las instituciones en las que participamos, llámese políticas, sociales y demás, ocurren muchas cosas, pero una que es común es que de improviso nos abrasa esa crisis de la avaricia a la que se refería Felipe González, ex Presidente Español, de reciente visita a nuestra ciudad. Esa avaricia, y esto lo digo yo, nos agarra y nos inspira para actuar con egoísmo contra nuestros propios compañeros y amigos, señal también de que estamos dañados en nuestra personalidad.

Si construimos fortalezas y las usamos en nuestro favor y hacemos que cuadre todo para que las circunstancias, las noticias, las encuestas y el dinero nos favorezcan, entonces nos duele pensar en los proyectos de los otros. Por falta de espíritu y clara conciencia nos convertimos en Judas de quienes nos ayudaron en un tiempo y desafiamos el orden de valores. Nuestro egoísmo atenta contra la generosidad, nuestro interés personal contra el compañerismo y la solidaridad. Y la confusión crece, cuando no faltan usufructuarios de ese poder, que nos alientan a seguir por dicho camino. Pensar en la solidaridad y la capacidad de Cristo para amar a sus amigos sería una fuente de inspiración de conductas extraordinarias y heroicas. No pensar así nos lleva a las tortuosas tinieblas en que Judas maquinaba la traición a Cristo.

Pero en la política también hay errores que llenan el ambiente social de inestabilidad y falta de bienestar. La falta de democracia, el populismo y la búsqueda del poder por el poder mismo, son formas o acciones con las que se reafirma la falta de veracidad y el culto a nosotros mismos. Faltar a la democracia es faltar a la verdad, a lo que piensan y sienten otros al emitir un sufragio o exponer su punto de vista en alguna asamblea. El populismo falta a la verdad porque promete lo que no se cumplirá o da lo que otros resentirán en el futuro. Y buscar el poder por el poder mismo es desnaturalizar al propio poder, que sirve para la búsqueda del bien común y no para aferrarse a él, tal como los asaltantes se aferran a los costales de dinero después de un atraco.

En un sentido un poco más universal, los políticos debemos impulsar movimientos de transición con reglas claras y honestas. El pacto de la Moncloa no fue un camino de caramelos, sino un lento tránsito donde lo más importante fue vencer a las pasiones para llevar las alianzas al equilibrio. Los resultados en las transiciones las impulsan verdaderos políticos que piensan como estadistas. Llegar de un lugar a otro se consigue al encontrar a los verdaderos líderes en la sociedad, en los partidos y en el servicio público y que nunca les falte el aliento y el apoyo de quienes los empujamos.

Convertir la política en sectas, grupos y divisiones no es obra del Espíritu Santo, sino de egoísmos desbordados. Ciertamente las divisiones en la sociedad son naturales y hay frentes que representan más la verdad que otros, pero llevar una contienda a los extremos de la inestabilidad, la violencia, etcétera, es actuar sin espíritu conciliador y con poco talento político.

No hay transición que valga sin el valor de la familia, y el CEM dice que "hay que asumir la preocupación por ella como uno de los ejes transversales de toda acción evangelizadora".

Y por último, hay que conocer lo que dice el CEM para los comunicadores, que también diseñamos el futuro del mundo de una u otra manera: "los comunicadores cristianos, ¿se desempeñan como discípulos del primer comunicador social que anunció la mejor de las noticias, la Buena Noticia, siendo él mismo buena nueva del Padre para toda la humanidad? ¿De qué manera son misioneros de Jesucristo? ¿Será éste un propósito o algo ajeno a su labor profesional? ¿Realmente es perceptible su compromiso con la vida, mejor aún con la vida de Cristo?".

En momentos de tensión en nuestro país conviene revisar esa voz que se alza por encima de los gritos de desesperación y miedo. Frente al miedo está la fuerza de la fe. El continente llama. Guardemos silencio y escuchemos. Nuestra vida es poca cosa, pero necesaria para construir el reino.

 
perezortuno@prodigy.net.mx

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