¡Vamos a hacer el amor!

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¿Vamos hacer el amor?, ¿un free?, ¿un encuentro cercano con el tercer tipo? La juventud cada día conoce menos el significado de la virginidad y del amor pleno. Las relaciones humanas se han convertido en un mero intercambio de necesidades individuales y particulares y satisfacción personal.

Quien piense en esperar y llegar virgen al matrimonio es un moralista y una persona “out”, más si es mi padre o mi madre los que me lo dicen… “están rucos”. Otros papás más “in” se quedan al margen, no se meten en problemas y sólo dicen ”cuídate”.

Mientras tanto los medios de comunicación y las políticas de salud enfrentan una realidad compleja a garrotazos con el pretexto de “respetar” la libertad de los y las jóvenes. De ahí que surgen las políticas de difusión del uso de preservativos y de píldoras maravillosas para evitar enfermarse o tener que enfrentar una responsabilidad de cuidar y mantener a un nuevo ser humano. “Pobres”, dirán algunos aún son jóvenes y necesitan vivir.
HABLARLE A LOS JÓVENES
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El problema real es que nadie quiere acercarse realmente a esas almas jóvenes que están viviendo con tanta intensidad su vida y  que quieren comerse el mundo a mordidas y en poco tiempo, ya les urge ser adultos y quieren experimentar todo lo posible antes de sentar cabeza y asumir la responsabilidad de ser dueño de sus actos y formar una familia, o en su caso asumir una responsabilidad profesional y trabajar.

¿Realmente los jóvenes están buscando tener relaciones, probar drogas y hacer cosas que les hagan sentir libres?

¡No!, ellos quieren vivir, y vivir el hoy como nunca, porque aparentemente se va acabar. Sin embargo, la realidad es que el hoy, con el paso del tiempo, se convierte en el mañana y todo lo que hagas en el presente influirá en forma decisiva en tu futuro.
 

Los jóvenes no son tontos, entienden y lo hacen muy bien, pero hay que saber cómo hablarles, y para poder hablarles primero debemos entenderlos, conocer su ambiente, lo que les rodea y lo que influye en ellos. Una vez que los comprendemos podremos estar preparados para sacar lo mejor de ellos y para irles formando una conciencia de largo plazo.

Todo este preámbulo me parece fundamental para poder hablar con los jóvenes, sobre todo aquellos que están buscando o tienen una novia, novio y que comienzan a tener una relación afectiva, e incluso aquellos que están pensando en una relación más seria para casarse.
LAS RELACIONES SEXUALES Y LA AFECTIVIDAD
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Muchos piensan que las relaciones íntimas forman parte de la afectividad, sin embargo la afectividad y el amor van mucho mas allá de un encuentro físico. Es realmente una aventura, la aventura de conocer más a fondo a una persona, de saber qué piensa y cómo piensa, de saber qué siente y por qué lo siente.

Me referiré especialmente a las mujercitas, por varias razones: en primer lugar porque las mujeres maduran mucho más rápido, en segundo lugar por que tienen capacidades superiores a los hombres en el ámbito de los sentimientos (y en otras tantas más), lo cual las hace muy capaces para comprender a los demás.

Algunos psicólogos e investigadores han calculado que la diferencia entre la madurez del hombre y la mujer es de alrededor de 10 años y que el hombre madura a partir de 30 años, ¡si es que madura!

Esta especial aclaración la hago para que especialmente la niñas se den cuenta y no caigan en las trampas de la inmadurez y la imprudencia de nosotros los varones, sobre todo cuando somos jóvenes. Ustedes tienen una gran capacidad de ver por los demás y de preocuparse por su estado de ánimo, de ahí que muchas veces el varón, que principalmente piensa en sí mismo de forma egoísta, busque la argucia sentimentaloide como “arma secreta” para lograr tener una relación sexual a como dé lugar.

Para los varones, tener una relación íntima, no implica involucrarse sentimentalmente ya que sólo se involucra quien se entrega plenamente, y la entrega plena exige renuncia. Por el contrario, las mujercitas en una relación sexual se entregan con plenitud.

Si el varón adulto a veces tiene la incapacidad de entregarse con plenitud y ceder frente a sus pasiones e instintos personales, el varón joven inmaduro está técnicamente incapacitado para poder entregarse con plenitud.

Por esta razón, en las relaciones íntimas que se dan fuera de un contexto de compromiso, léase el matrimonio, la que siempre sale perdiendo es la mujer. Esto tiene una explicación no sólo psicológica sino también una biológica. El varón y la mujer tienen ritmos en una relación íntima muy distintos y el climax es gráficamente incompatible.

El varón inmaduro no sabe de renuncia, no conoce el término sacrificar, contener ni ceder y por tanto en una relación íntima, lo único que va a hacer es buscarse a sí mismo de forma individual, obtener placer y luego de verse satisfecho se olvidará por completo de quien tiene cerca, esto es parte de su naturaleza y sus mecanismos biológicos internos, que influyen hasta en el estado de ánimo de una forma contundente e inmediata.

La mujer, por otro lado, comienza su excitación mucho antes, llega a su clímax y lo mantiene durante mucho más tiempo, su grado de entrega y de preocupación por la otra persona no termina, sin embargo al conseguir el varón lo que necesitaba sentirá un rechazo inminente, que con el paso de tiempo terminará minándola, sobre todo anímica y psicológicamente hablando.

Por esto las mujercitas deben ser mucho más astutas cuando alguien les pide tener relaciones, porque sin duda serán usadas por la otra persona, a pesar de que ellas vean todo de color de rosa y todo esté dado para que el niño que tienen enfrente se convierta en su príncipe azul siempre esperado, ya que al finalizar el acto físico, ese príncipe azul, al revés de como cuenta la historia, se convertirá en un sapo verde y feo.
TIEMPO PARA MADURAR, LA CLAVE
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El problema para los varones es que el tiempo que tienen para madurar lo usan para divertirse y lo hacen a costa de la mujer, esto ha provocado que al casarse comiencen los problemas de la incompatibilidad íntima. La mujer, con el tiempo, se sentirá cada vez menos comprendida, insatisfecha y por tanto menos querida, ya que cada relación con su marido hará que se sienta un objeto más de uso cotidiano, no alguien especial y valiosa.

La solución para dos personas unidas en matrimonio es que el varón se de cuenta y conozca esa diferencia en el clímax y que ponga mucha más atención a la forma en que ella reacciona y actúa, así mismo implica hacer un gran esfuerzo por ir un poco contra él mismos y ceder, implica pensar primero en ella antes que en él.

Implica también el reconocer que una rosa, un perfume, una cena, un nuevo peinado, un vestido, pueden tener un significado especial, que va mas allá de la realidad física de estas cosas.
EL AMOR COMO ENTREGA
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Por eso estoy claro de que el amor va mucho mas allá de una relación íntima, y por eso la frase “vamos hacer el amor” ha sido manoseada y minusvalorada por las películas y los medios de comunicación en general.

En este mismo sentido, el gran reto para el ser humano que busca tener una vida adulta estable fuera de depresiones y desequilibrios de todo tipo, está en educar a los varones inmaduros para que vayan aprendiendo a ceder desde jóvenes o desde su etapa de inmadurez, porque es el momento para aprender a dominarte mejor, a comenzar a comprender a los demás, a ser más sensible, a pensar un poco menos en satisfacción individual. Si no es en ese tiempo, empezar tarde costará mucho más.

La solución es darse, una palabra que a veces no se entiende bien, pero que tiene un gran significado, sobre todo cuando hablamos de nosotros mismos. El darse implica entregar algo de mí.

Dependiendo del valor de lo que entregue es también la capacidad que tenemos para darnos. Asimismo, si entrego algo material que aprecio mucho, sin duda tendrá un valor material, porque no forma parte de mí; si entrego mi tiempo, el valor se va incrementando; si entrego mis deseos, es decir si aprendo a esperar, a controlar y a no ceder frente a mis pasiones pensando en la persona a la que quiero, el valor se incrementa aún mucho más. Imaginemos qué significará dar alegría a pesar de sentirnos enfermos y de dar la vida por otro… sólo para pensar.

Por eso estoy convencido de que el amor se construye y se hace desde siempre, en cada momento, y se tiene que madurar en la juventud. Por eso aquellos jóvenes que esperaron tanto tiempo y se entregaron plenamente uno al otro, tendrán más posibilidades de ser felices en el futuro.
LA COMPATIBILIDAD ÍNTIMA, UN MITO
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Por otra parte están las dudas que surgen de aquellos que piensan que las relaciones íntimas antes del matrimonio son útiles para conocerse y para “saber” si hay compatibilidad sexual.

No hay nada más absurdo ni mayor mito que esto, ya que justamente quien tiene esa capacidad de donarse a sí mismo, mucho más allá de las cosas materiales, sobre todo en el varón, es quien tenderá a ser el mejor amante, y eso lo ve uno en el actuar cotidiano en los detalles del día a día, no en las relaciones físicas.

En lugar de perder su tiempo, su virginidad, su plenitud y su felicidad, los jóvenes novios tendrían que preguntarse: ¿es capaz de donarse a sí mismo?, ¿de controlarse?, ¿de ceder?, ¿de ser comprensivo y condescendiente?, o ¿es individualista?, ¿va a ver únicamente las películas que le gustan sin pensar en los demás?, ¿piensa que él manda?, ¿controla?

Vamos pensando en darle un sentido pleno a la frase “vamos hacer el amor” y hagamos que los jóvenes la hagan su bandera, sobre todo pensando en su felicidad.

¡Vamos hacer el amor!


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