La solución es el amor... sólo que está en otra parte

 

Van como 10 veces que me llega un mail que se llama“La solución es el amor”, y dice que ante los sucesos recientes en México, se ha generado una psicosis colectiva y que estos hechos “son la materialización de energías negativas”.

Luego continúa el mensaje promocionando el “piensa positivo y siéntete bien contigo mismo y con los demás para cambiar el entorno, porque la solución es el amor”… Yo pienso que ojalá todos sonriamos mucho, comamos sano y seamos nuestro propio mejor amigo, pues es muy cierto que nuestra actitud influye en el ambiente, pero el amor es más que eso, y de ese tipo andamos escasos...

No se puede engañar a nuestras jóvenes diciéndoles que si toman linaza, hacen yoga, son ecológicas y “no hacen daño a nadie” –pero que el aborto es un derecho y una opción legítima en sus vidas–, serán felices.

No podemos ser ciegos a la contradicción de validar la muerte de los indefensos un jueves, y hacer dos días después una mega marcha para exigir a las mismas autoridades que cumplan con su deber de protegernos ¡porque nos sentimos indefensos! O será que no nos escandalizan por igual todas las muertes ni nos importan lo mismo todas las vidas.
 
Esto no es histeria colectiva. Es que cuando inducimos a una mamá a convertirse en la asesina de su hijo, lo más sagrado deja de serlo, y detrás se voltean todos los demás valores. Es entonces que –en efecto– la sociedad se va hundiendo en su psicosis: no hace falta ya salir a la calle para tener miedo, ya que el miedo nos ha llegado al umbral del alma.

¿Cómo esperar que nos proteja quien no nos ama, cuando validamos que no nos proteja quien se supone que nos debía amar? ¿Cómo exigir que mis células personales –esas sí– le importen al gobierno? ¿Por qué habría de respetar mi vida en la calle quien en la misma escuela no fue enseñado que la vida es sagrada? ¿Cómo poder creer en el amor –o en cuál amor poder creer– si con nuestro permiso el mejor amor se muere?
 
No son “energías negativas” lo que pesa sobre nosotros. Es el temor de intuir que en el mundo de hoy valemos menos que las tortugas. No valemos para el delincuente como no valemos para el legislador, ni tampoco realmente para el hombre que nos ama “en libertad”, pero luego nos envía solas a deshacernos del problema.

¡Con todo y yoga, y linaza, y pensamiento positivo! La psicosis viene de saber que por más esfuerzos que hagamos, nada nos protegerá de que nos maten el cuerpo o el alma; llámese secuestro, abandono, aborto o eutanasia, que al final es lo mismo…

Es no poder contar con las certezas que nos sostenían y nos guiaban. Es vivir permanentemente añorando ser amados con verdadera pasión y desde lo profundo de las entrañas –como supuestamente lo haría una madre en un mundo que no nos ama–.

Por eso, el mail que recibí ha circulado tanto, porque maneja en su título esa verdad fundamental que todos identificamos. La solución siempre ha sido el amor… Sólo que el amor está en otra parte.

 
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