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Este virus se transmite exclusivamente a través de las relaciones sexuales, no se contagia sólo cuando hay penetración, sino que se puede contraer también por el contacto con la piel infectada (por ejemplo, rozamiento de pubis).
A propósito de su facilidad de contagio, hace algún tiempo oí al doctor Jokin de Irala afirmar que para que el preservativo fuera medianamente eficaz contra el VPH, habría que ponerse un condón desde los pies hasta la cabeza.
Frente a las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), la política sanitaria en España consiste en hacer caso omiso de las recomendaciones ABC de la Organización Mundial de la Salud, y limitarse a recomendar el “sexo seguro” (¿desde los pies hasta la cabeza?), y proporcionar píldoras y vacunas.
El mensaje que se envía a los niños y adolescentes es que el sexo es algo inocente, divertido y sin consecuencias, esto hace aumentar el número de contactos, lo que matemáticamente incrementa las probabilidades de infección.
En el caso del VPH, la vacuna cuesta 400 euros, dinero que pagaremos los contribuyentes y, a decir de muchos expertos, apenas hay estudios sobre su eficacia y efectos secundarios.
Sabiendo todo esto, ¿no sería bueno que los padres y madres nos enterásemos bien de la verdad de las ETS? ¿No deberíamos tratar estos temas con nuestros hijos? ¿No nos damos cuenta de que se trata de enfermedades evitables si se cambia de hábitos de vida? ¿Es razonable taparse los ojos y limitarse a poner tiritas cuando ya están heridos?
Hace ya unos años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda combatir las ETS (enfermedades de transmisión sexual) con el ABC (abstinencia, fidelidad y condón, en ese orden).
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