Aborto y terrorismo
| 10 de Octubre de 2008
La Iglesia, interpretando la voluntad divina, ha calificado el aborto como un gravísimo pecado mortal que además de ofender a Dios, lleva a la muerte eterna si no se arrepienten todos los que intervienen y cooperan en su realización de modo consciente y voluntario, pues forman parte en el crimen de suprimir una incipiente vida humana.
Además, la misma Iglesia lo sanciona con la pena de excomunión reservada al obispo. Pues bien, si esta pena y gravedad conlleva el crimen del aborto, dígase otro tanto y con mayor razón, del crimen del terrorismo. Todos los bautizados que cometen, cooperan y justifican el terrorismo como medio para conseguir fines políticos, incurren igualmente en excomunión.
Dado que en los partidos hay bautizados que de algún modo apoyan tanto el aborto como el terrorismo, todos los cristianos, empezando por los obispos, "oportune et importume" tenemos el grave deber de denunciarlo. Para obtener el perdón divino no basta cumplir la condena legal impuesta, sino que antes de morir se han de arrepentir y confesar sus crímenes para poder salvarse. Sin esto no hay perdón ni salvación para abortistas y terroristas.
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