Cometió un error… y lo ha enfrentado

 

La candidata republicana a la Vicepresidencia de los Estados Unidos, Sarah Palin, ha resultado ser una caja de sorpresas. Primero, el hecho de ser una mujer de apenas 44 años de edad, dinámica, gobernadora de Alaska, madre de cinco hijos.

Está casada con un empleado petrolero y dueño de una tienda de accesorios para la pesca, y que ha sido cuatro veces campeón de la carrera “Iron Dog” de tres mil 200 kilómetros en motonieve. Es, por si fuera poco, una mujer muy atractiva. La prensa ha destacado que el más pequeño de sus hijos, Trig, padece de Síndrome de Down.

Bueno, pues resulta que una de sus hijas, Bristol, de 17 años de edad y soltera, lleva ya cinco meses de embarazo, noticia que causó un seco impacto en muchos frentes de la opinión pública por todo el mundo.

El padre del bebé es Levi Johnston, también estudiante de preparatoria que vive en Wasilla, un pequeño pueblecito de Alaska que no alcanza los siete mil habitantes, donde también residen los Palin. Bristol y Levi han sido fotografiados mostrando su anillo de compromiso: el de ella es un brillante y el de él es el nombre de ella tatuado en su dedo anular izquierdo.

Los diarios, la televisión y el internet multiplicaron por decenas de miles los comentarios acerca del embarazo de la hija adolescente de la candidata al segundo puesto más relevante del país más poderoso del mundo. Unos trataron este asunto como una nota periodística más, otros lo analizaron para buscarle explicaciones, otros lo criticaron negativamente, y otros han destacado aspectos positivos en lo que gira a su alrededor.

Este asunto tiene fundamentalmente dos partes. Por un lado, el hecho de que dos adolescentes solteros hayan mantenido relaciones sexuales. Es oportuno aprovechar el hecho para considerar que las relaciones sexuales son propias de los casados y que, cuando éstas ocurren fuera del matrimonio, son inapropiadas; de manera que la conducta de Bristol y Levi en este particular fue incorrecta. Lo correcto hubiera sido esperarse y, mientras tanto, expresarse su cariño y amor de una manera apropiada a su condición de solteros. Pero lo que pasó, pasó. Y ya pasó.

Algunos se han preguntado por qué estos novios no se valieron de maniobras o recursos anticonceptivos. Es más, muchos, con puntería electoral, critican la mala actuación de la mamá de Bristol que no supo educar a su hija para que estuviera siempre prevenida contra un posible embarazo tomando píldoras o teniendo siempre disponible un condón. Uno se preguntaría qué tan correcto es que una adolescente ande siempre “armada” para cada vez que le surja la oportunidad de tener sexo.

Bueno, si bien Bristol y Levi tuvieron una relación sexual inapropiada, queda ahora por analizar sus conductas ante el embarazo ya ocurrido. Ellos decidieron seguir adelante con el bebé, dejarlo vivir, dejarlo nacer; pero la mamá de Bristol también ha sido cuestionada por el hecho de que su criterio a favor de la vida pudo haber influido “irresponsablemente” (literal) en su hija Bristol para motivarla a no decidirse por el aborto. Es oportuno aquí recordar que Sarah decidió tener a su propio hijo –el quinto– cuando se enteró que venía con Síndrome de Down.

No han sido pocos los que han insinuado, después de ver la foto de Bristol con su hermanito Trig en su regazo, que en realidad no es su hermanito sino su hijo, pero que para encubrirla, Sarah lo asume públicamente como suyo y no como su nieto.

Aquí simplemente hay que preguntarse cómo sería posible que la madre de un niño de 4 meses de edad tenga cinco meses de embarazo. (En la foto: Bristol con Trig en su regazo; lo besa Levi).

El mismo Barack Obama, desde su trinchera del partido contrario, ha pedido calmar los ánimos y no rebasar ciertos límites a la intromisión en los asuntos familiares. Sucede que él también fue concebido cuando su madre era una estudiante soltera, a sus 18 años de edad.

Así pues, es el caso de una jovencita que ciertamente cometió un error, pero que ha sabido enfrentarlo poniendo por delante la vida y el bienestar de su hijo, muy por encima del “qué dirán” y de su propia comodidad.

No podía esperarse menos de una adolescente que ha sabido aprovechar el ejemplo de unos padres valientes que, por lo visto, saben convertir las adversidades en buenas oportunidades para seguir adelante con más empuje.


Jesús Canale es médico cardiólogo por la UNAM. Maestría en Desarrollo Humano por la ULIA.
 
jesus.canale@gmail.com
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