¿Qué hay detrás del conflicto argentino?

En Argentina hay dos realidades detrás del conflicto, que mantiene la Presidenta Cristina Fernández, la tendencia al monocultivo y la concentración creciente de la tierra en pocas manos en el campo.

Este país posee 30 millones de hectáreas cultivables, pero –según admite el gobierno– el 50 por ciento de esa superficie se dedica a la soja. Argentina es el tercer productor mundial de esta oleaginosa y su economía se ha recuperado del colapso financiero de 2001 en gran medida gracias a ella.

Sin embargo, los argentinos no se alimentan con la soja, ya que el 95 por ciento de la cosecha se exporta a países como China. En cambio, granos como el trigo y el maíz, que sí se consumen en el mercado interno, tienen una superficie cultivada cada vez menor.

Asimismo, hay menos hombres de campo dedicados a la ganadería, a pesar de que cada argentino consume 70 kilogramos de carne de vacuno por año, ya que criar una vaca consume más tiempo e inversión que cultivar soja.

El paro agrario se lanzó contra la decisión de la presidenta Fernández de aumentar los impuestos a las exportaciones de soja y girasol del 35 a más del 40 por ciento. Lo han protagonizado los pequeños y medianos productores, pero los grandes terratenientes y los conglomerados también se han sumado a él.

A los primeros, el incremento de los tributos les reduce su ya limitado margen de ganancias, reducido porque no les queda otra opción que alquilar tierras y comprar insumos a precio de mercado. A los segundos no les afecta tanto debido a su más amplio volumen de ganancias y a los beneficios que obtienen gracias a su poder de negociación.

Por eso el gobierno decidió diferenciar entre unos y otros, y revirtió el aumento de los tributos para los pequeños y medianos agricultores. El resto, en cambio, pagará el incremento impositivo. No obstante, el conflicto persiste.
 
jomomartin@gmail.com

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