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Los pobres son los que pagan

Denunciar la corrupción, atrevernos a discutir cómo superarla, son obras de misericordia, y la Cuaresma es una oportunidad para comprometerse en ello.

Las filas en la madrugada son interminables en casi cualquier hospital público, y ahí es fácil enterarse cómo a algunos enfermos les tomó más de una semana tener cita, y a otros pacientes entre cuatro semanas y tres meses para intervenciones quirúrgicas. Las decisiones en urgencias son de vida o muerte, no por las heridas, sino por la falta de equipo y personal para atenderlas, sumándose al desabasto de medicinas.


Acabar con la corrupción


En el reciente comunicado del consejo permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano ¡Alto a los corruptos! se cita al Papa Francisco explicando cómo, al haber corrupción, “pagan los hospitales sin medicinas, los enfermos que no tienen remedio, los niños sin educación”, finalmente lo terminan pagando los más pobres.

La corrupción afecta la atención a la salud y a la educación. Esta semana conocimos la enésima denuncia sobre la corrupción en educación, con cifras de pagos a maestros que no dan clases, con infraestructura incompleta, con la mayor inversión de dinero de los gobiernos pero sin resultados positivos, lo que significa el fracaso en las expectativas para millones de niños y sus padres que esperaban vencer la pobreza y falta de oportunidades a través de la educación.

Denunciar la corrupción, atrevernos a discutir las maneras para superarla, son obras de misericordia, por el impacto que pueden tener en los más pobres, que siempre son los más afectados por este cáncer que consume la fuerza moral de la sociedad, pues son ellos los que no tiene la opción de médicos o escuelas privadas.

Cuando en las colonias no hay abasto de agua de la llave y el reparto se hace a través de pipas, los habitantes marginados terminan pagando por “propinas” o de plano “mordidas” mucho más de lo que pagarían por el servicio de agua entubada, y así prácticamente en cualquier rubro.

Si se trata de procesos legales, muchos están en la cárcel sólo por no contar con los medios para defenderse o pagar daños que se les imputan, sean verdaderos o no. La corrupción crece y se aprovecha de los más débiles, porque la impunidad aumenta al no contar con apoyos para enfrentar procesos amañados.

Hay diferentes perspectivas morales para hablar de corrupción, desde las que la justifican como un asunto “cultural” o como una “costumbre” en una especie de “moral distraída” que se convierte en una forma de vida aceptada socialmente, hasta quienes consideran que es un mal que se ha de combatir y señalar como un proceso que debilita las relaciones de convivencia en justicia y paz.

Dejar pasar la corrupción, el conflicto de interés, la falta de justicia, implica asumir que esos criterios dominarán nuestras relaciones sociales, en lugar de la honestidad, el servicio, la solidaridad y la justicia. Es consentir una sociedad degradada y corrupta que nos afecta a todos, pero a quienes les pasa primero la cuenta es a los más pobres. Si los políticos no reaccionan, entonces corresponde a los ciudadanos hacer lo necesario para hacerlos actuar, cambiar, modificar leyes, aplicar la ley o renunciar.

El tiempo especial de gracia que es la Cuaresma es una oportunidad para comprometerse en obras de misericordia, de abandonar actitudes personales de corrupción, de ayudar a quienes son víctimas de la corrupción; implica renunciar, denunciar, construir, apoyar, discutir; lo que sea, excepto ser cómplices o indiferentes.

@OFIbanez

@yoinfluyo

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