Para nadie es un secreto que el objetivo de la consulta que realizó el Frente Amplio Progresista el domingo 27 de julio era buscar un respaldo para su postura política. De antemano sabíamos que el resultado de ese ejercicio sería mayoritariamente abrumador en contra de la propuesta del Ejecutivo.

Para nadie es un secreto que el objetivo de la consulta que realizó el Frente Amplio Progresista el domingo 27 de julio era buscar un respaldo para su postura política. De antemano sabíamos que el resultado de ese ejercicio sería mayoritariamente abrumador en contra de la propuesta del Ejecutivo.

Considerando lo anterior, lo verdaderamente interesante de este ejercicio era analizar la influencia de los convocantes, sobre todo después de los desmanes que cometieron al perder las elecciones de 2006 cuando secuestraron, primero el Paseo de la Reforma, y más tarde el Congreso.

La pregunta que se tenía era si esas acciones no tendrían implicaciones para quienes las cometieron. Los resultados de la consulta simplemente confirman el rechazo y la pérdida de representatividad de las fuerzas que la organizaron.

En la Ciudad de México participaron en la Consulta Ciudadana del 27 de julio 825 mil personas; en Michoacán fueron cerca de 172 mil; mientras que en Baja California Sur participaron 15 mil.

¿Qué significan esas cifras? Suponiendo que haya sido un ejercicio en el que no hubo manipulación de datos, acarreo, o el cochinero que caracteriza las elecciones del PRD, la consulta fue todo un fracaso.

Empecemos por la representatividad: el DF, con un padrón de más de 7 millones de electores, tuvo una participación de 12 por ciento; en Michoacán, con un padrón de cerca de 3 millones de personas, se tuvo una participación de 5.7 por ciento; mientras que en Baja California Sur, con cerca de 330 mil electores, el porcentaje de participación fue de 4.5 por ciento.

La pobre participación ciudadana en estados ganados ampliamente por el PRD, más allá de ser utilizados de manera alegre por sus líderes, debería de ser una señal de alarma para los proyectos que representan.

Y es que seguramente los organizadores de esta consulta, desde antes de hacer el anuncio de la misma, ya tenían indicios de que tendrían una pobre participación, sobre todo cuando anunciaron que imprimirían 3 millones de boletas, que representan 4.2 por ciento del padrón electoral.

Aún y cuando sólo hubieran considerado la participación de las personas que votaron en las elecciones federales, esas boletas sólo consideraban el 7 por ciento de los ciudadanos que participaron en las elecciones de 2006.

La conciencia de pérdida de capital político de los miembros del FAP se hace evidente si tomamos en cuenta que los organizadores sólo consideraron que una de cada cinco personas que votaron por ellos en 2006 participaría en la consulta.

Analizando los resultados que con bombo y platillo anunció Marcelo Ebrard en la Ciudad de México, podemos constatar un desplome en la participación de la ciudadanía que apoyó al PRD en 2006.

No sólo no lograron convocar a los 2.8 millones de personas que votaron por ellos en esas elecciones, sino que en esta consulta, con todo el apoyo del gobierno de la Ciudad de México, perdieron el apoyo de 2 millones de personas que votaron por ellos en 2006.

En uno de los bastiones perredistas del país, sólo una de cada tres personas les refrendó su apoyo.

Si consideramos el total de votantes de la Ciudad de México, el apoyo que obtuvo el PRD en esta consulta, se puede considerar de una pérdida de credibilidad del partido que ha ejercido el poder en la capital del país por más de 10 años.

Ciertamente, no es lo mismo una elección federal, que tiene altos índices de participación, que una consulta. Lo que sí queda claro es que los resultados que se publicaron sólo muestran que la sociedad no comparte la postura de quienes identifican a Pemex como la esencia de la patria.

Quizá la principal conclusión a la que se podría llegar con este ejercicio, es constatar que la ciudadanía, ese ente al que se hace referencia para justificar cualquier postura política, ciertamente se expresó el 27 de julio, y lo hizo de una manera que no deja lugar a dudas: la falta de participación en la consulta fue un rechazo a las formas antidemocráticas que han adoptado los participantes del Frente Amplio Progresista.

Sería bueno que sus dirigentes lo tomaran en consideración, si es que quieren tener oportunidad en las elecciones intermedias del próximo año.


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