El PAN ¿un partido dividido?

Josefina comenzó la contienda con un partido visiblemente dividido porque el influyente grupo de Los Pinos tardó en apostarse por ella.

El equipo cercano al presidente Calderón se ocupó en garantizarse un buen futuro político sin importar que el partido pudiera ser derrotado en la contienda electoral. Con ese fin sus miembros ocuparon las mejores candidaturas plurinominales para diputados y senadores de la próxima legislatura asegurando también, por esa vía, un cierto peso político transexenal para el Presidente.

No es un secreto que el “equipo Pinos”, con el presidente Calderón al frente, tenía otro candidato para la presidencia, el exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero. Situación que replicó otras decisiones que se dieron a lo largo del sexenio en las cuales ese grupo escogió a los candidatos para los gobiernos de algunos estados en contra de la militancia panista local, como fueron los casos de Yucatán, Querétaro, San Luis Potosí, la Ciudad de México

Aun cuando hubiera podido no desearlo, Josefina representaba la posible continuidad de los regímenes panistas desde la alternancia del año 2000, especialmente la del gobierno del presidente Calderón, e indefectiblemente tenía que asumir la herencia de sus aciertos y errores, porque el PAN como todos los gobiernos en funciones, carga con la responsabilidad de haber hecho frente, con más o menos tino, a los problemas que se le presentaron.

Como ocurrió en el sexenio del presidente Fox, también en el del presidente Calderón el gobierno se mostró incapaz de corregir muchos de los graves vicios derivados del corporativismo de innegable factura priísta, como el de los sindicatos y las organizaciones campesinas, con sus evidentes e indeseables consecuencias.

El gobierno calderonista mantuvo la estabilidad macroeconómica pero la falta de las reformas estructurales que fueron bloqueadas por la oposición y el crecimiento insuficiente con la escasez de la generación de nuevos empleos que le es aneja, debido, principalmente a la crisis financiera global, arrojó un balance económico agridulce.

La lucha contra el narcotráfico, y sus más de 60 mil muertos, también fue causa de muchas críticas, aun cuando muchas de ellas por un enfoque parcial y, por ende, injusto. Debemos recordar que la mayoría de los interrogados en las encuestas consideró que ese combate era bueno y la utilización de las fuerzas militares en él, necesaria.

Sin especular acerca de situaciones internas del PAN, lo que se puede percibir es una institución desgastada y dividida que no supo generar, desde el poder, una corriente política que agrupara a sus miembros enarbolando los principios y valores que le dieron nacimiento, mismos que parecieron vigentes, dinámicos y enérgicos hasta que el poder los desgastó. En la campaña electoral se evidenciaron serios conflictos internos que, desde luego, influyeron en los resultados.

Sin duda, a pesar de las posibilidades y los méritos indiscutibles de la candidata Josefina Vázquez Mota, tuvo una campaña deficiente, con una dirigencia partidista dividida que dio lugar a una militancia confundida y errática en sus preferencias, y padeció de una cierta dosis de voto de castigo a la administración calderonista, como ingredientes que explican, cuando menos en parte, los resultados tan adversos para el PAN en esta contienda electoral.

No deja de ser sorprendente que quien pareciera decidido a encabezar de inmediato la refundación del PAN ---su reconstrucción desde los cimientos hasta la cúpula, piedra por piedra, según expresión utilizada en entrevista con Ciro Gómez Leyva, a propósito de los resultados electorales--, sea precisamente el  todavía presidente, Felipe Calderón, desde Los Pinos.

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