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El Papa y el entorno colombiano

Siempre ha costado trabajo distinguir las competencias del Estado y de la Iglesia en las “cuestiones mixtas”, aquellas cuestiones que interesan a la sociedad terrena y a la sociedad espiritual. Como los ciudadanos formamos parte en los dos terrenos, no siempre equilibradamente ni con los suficientes conocimientos, juzgamos incorrectamente las decisiones en cada campo y siempre vemos intromisiones que pueden serlo o no.



La visita, del 6 al 10 de septiembre, de Su Santidad a Colombia, ha despertado preocupación debido al delicado momento por el que atraviesa la relación del pueblo con su actual gobierno. Y, es verdad que puede haber intereses que podrían estar disfrazados, obviamente no por el Papa sino por los políticos de ese país.

Durante seis años el gobierno y la FARC han dialogado sobre el proceso para lograr la paz, de hecho, durante la visita de Su Santidad se estableció un lapso de tregua para luego continuar las negociaciones. Es innegable la diplomacia del presidente Santos para aprovechar esta circunstancia, en un momento en que su aceptación está en el 10% y conoce el rechazo del “acuerdo” –con el beneplácito de Raúl Castro- firmado con la guerrilla, mismo que pasa a ser parte integrante de la Constitución. 

En este acuerdo la ciudadanía ve el peligro de la “legalización de la impunidad” de los terroristas, la regularización de las grandes fortunas obtenidas por las FARC con el narcotráfico, y la posibilidad de convertirse en un partido político armado, pues es factible que no entreguen sus armas. Lógicamente temen que el llamado de Su Santidad al perdón haga que el gobierno lo interprete también como el perdón del merecido castigo.

En este aspecto, viene al caso recordar el ejemplo de san Juan Pablo II. Acudió a la cárcel a dialogar con Ali –su agresor- y a expresar su perdón, pero nunca intervino para eliminar la pena impuesta por su grave culpa.

Es de desear que con la fuerza doctrinal de los mensajes del Papa Francisco, el pueblo colombiano descubra la trascendencia oculta de las negociaciones del gobierno con las FARC, como son: la limitación de la propiedad privada y de la iniciativa privada; la seguridad jurídica a la inversión extranjera y la reforma agraria socialista que amenaza con expropiar tres millones de hectáreas productivas. Además, el acuerdo posibilita la creación de comisiones, integradas por el gobierno y las FARC, para todas las instituciones gubernamentales de Colombia. 

Es posible que el Presidente quiera desviar la atención ante la crisis económica, la desconfianza del sector empresarial y la corrupción de las gestiones de su propio gobierno.

El Papa Francisco con toda claridad advirtió que iba a provocar un proceso de paz. Seguramente sabe que habrá interpretaciones torcidas, gracias a Dios provendrán de una minoría, y sopesando esos inconvenientes, valió la pena sortearlos en beneficio del acercamiento y el consuelo que, somos testigos, ha dado a muchísimas personas a las que ha dado la voz ante el mundo, y que de otro modo no lo hubieran podido hacer. Es el caso de los testimonios de quienes han sufrido injustísimas agresiones de los guerrilleros.  

También para quienes esperaban un posicionamiento político acerca del país colindante, a los periodistas que le acompañaban en el vuelo hacia Colombia, el Papa Francisco les pidió oraciones no sólo por el país que visitaba, sino también por Venezuela con cuyos obispos se reuniría después de la misa en Bogotá. También, desde el avión envió un telegrama al presidente Nicolás Maduro, como se hace a todos los jefes de Estado de los países por los que pasa el avión papal. 

El esquema de los temas que Su Santidad trató en ese viaje son una lección para todos. En Bogotá “La familia artesana de la paz y defensora de la vida”, en Villavicencio “la familia, escuela de reconciliación”, en Medellín “la familia, semillero de vocaciones” y en Cartagena “la familia, defensora de la dignidad y los derechos humanos”. La riqueza de los textos es motivo de estudio más detallado. Por ahora, sólo recordaremos algunas partes del primer mensaje en esas tierras, para conocer exactamente los propósitos del Papa.

“Vengo a Colombia siguiendo la huella de mis predecesores, el beato Pablo VI y san Juan Pablo II y, como a ellos, me mueve el deseo de compartir con mis hermanos colombianos el don de la fe, que tan fuertemente arraigó en esta tierra, y la esperanza que palpita en el corazón de todos. Sólo así, con fe y esperanza, se pueden superar las numerosas dificultades del camino y construir un País que sea Patria y casa para todos los colombianos.”

A continuación, reconoce la biodiversidad, la cultura y la calidad humana: acogedora y bondadosa; tesonera y valiente para sobreponerse a los obstáculos. Aprecia los esfuerzos para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación en la búsqueda de la paz. Pide huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo.

El lema de «Libertad y Orden» necesitan leyes justas que puedan garantizar la armonía y ayuden a superar los conflictos que han desgarrado la Nación por décadas. “En la diversidad está la riqueza. Pienso en aquel primer viaje de san Pedro Claver desde Cartagena hasta Bogotá surcando el Magdalena: su asombro es el nuestro.”

“La Iglesia, en fidelidad a su misión, está comprometida con la paz, la justicia y el bien de todos. Es consciente de que los principios evangélicos constituyen una dimensión significativa del tejido social colombiano, y por eso pueden aportar mucho al crecimiento del País; en especial, el respeto sagrado a la vida humana, sobre todo la más débil e indefensa, es una piedra angular en la construcción de una sociedad libre de violencia. Además, no podemos dejar de destacar la importancia social de la familia, soñada por Dios como el fruto del amor de los esposos, «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros». (…) Están presentes en mis oraciones. Rezo por ustedes, por el presente y por el futuro de Colombia. Gracias.”

No olvidemos que la fuerza de todo lo realizado en ese viaje proviene del amparo de Nuestra Señora a quien acudió Su Santidad en Santa María la Mayor en Roma, y a la advocación de Chiquinquirá, patrona de Colombia.  

Fuente: 

“Francisco: Una incómoda visita a Colombia” de Eugenio Trujillo Villegas, recuperado el 10 de septiembre de 2017 en la página web de accionfamilia.org

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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