Todo parece indicar que en el Frente las cosas no son como las pintan, que los enfrentamientos están a flor de piel y que eso puede explotar en cualquier momento.
La lección para las campañas es esta: cuando empieza el partido hay que jugarlo a la máxima capacidad.
El PAN pasa por uno de sus peores momentos.
Sólo hay un López Obrador y es el mismo de 2006: la versión 1.0.
¿Cuál le gusta más? ¿Qué porcentaje de diferencia le parece atractivo? ¿Quién en primero y quién en tercero? ¿Quiere una competencia abierta o cerrada?
Con la campaña llegará el momento de las definiciones, pero, por lo pronto, se ve que en el Frente no todo es paz y armonía, y eso que esto apenas empieza.
Probablemente, en efecto, ya no importe ser militante y sea una figura del pasado. Es posible que estemos en esa situación atestiguando la muerte de la militancia partidista.
Es temporada de circo. Hay maromas, equilibristas en la cuerda floja, payasos, trapecistas en maniobras que parecen imposibles, pero que uno las ve asombrado, osos por todos lados. En fin: tiempo de elecciones.
Quizá lo más destacado de las campañas, hasta este momento, sea la canción del niño de Movimiento Naranja…
Hay quienes creen que éste es un tema sin importancia. Sin embargo, la intromisión rusa ha sido conversación pública muy relevante en Estados Unidos y Francia.
Una vez consumada la transferencia total del panismo al perredismo, veremos cómo transitan algunos del panismo a Morena o hasta al PRI y, ¿por qué no?, si el presidente del PAN puso el ejemplo.
Al parecer en esta ocasión Andrés Manuel está decidido a hacer lo que sea para alcanzar el triunfo. 
En campañas se sabe quién siembra, pero no quién cosecha.