Está de moda mencionar que todos fuimos partícipes del movimiento del 2 de octubre del 68, sin ponernos a reflexionar lo que verdaderamente implicó dicha fecha.
Miguel Barbosa se ha caracterizado por ser un político incongruente, entre su militancia de izquierda y su vida de lujos a la que está acostumbrado.
El presidente electo, López Obrador debe ser más cauto y prudente en su manera de expresarse; la investidura de su cargo lo exige.
La entrevista de Hernán Gómez a su líder político es una muestra de la degradación del género. Sorprende que Sheinbaum, una mujer inteligente y de larga carrera opositora, se prestara a ese patético ejercicio.
En su afán por señalar la culpabilidad de todos por unos cuantos, el presidente electo y sus hordas legislativas no ha hecho más que sembrar el temor entre quienes veían con buenos ojos un cambio en el liderazgo del país y, concretamente, en sus áreas de trabajo.
A los ganadores que les gana la gana. Tienen que salir a los medios todo el tiempo, recordarle a los demás el triunfo apabullante, que ellos van a gobernar, que el pueblo les dio un gran mandato y que las cosas van a cambiar en el país.
El senador Martí Batres, claro ejemplo de que la austeridad republicana cabe en un tupperware
“El futbolista” y “el españolete”, se suman al “fifí”, “los pirruris”, “los blanquitos”.
La cuarta transformación está llena de personajes del pasado. Seguramente en algunos rubros serán más austeros, lo que sin duda se agradece.
Porfirio Muñoz Ledo ha pasado por todo el espectro político sin dejar de figurar, lo que no es cualquier cosa.
El dicho no miente: para la decadencia no hay límites, siempre se puede llegar más bajo.
La actitud de López Obrador debemos celebrarla, pues deja en claro que, a pesar de ser un hombre de ideas fijas, puede cambiar en sus decisiones.
La liberación de Gordillo y la debilidad ante Javier Duarte son una clara muestra de la putrefacción del sistema de justicia que los mexicanos esperan que cambie con el nuevo gobierno.