Por lo pronto habrá que esperar los resultados de las encuestas ya pasado el debate para ver si algo cambió más allá del humor de los candidatos.
Mal y de malas, la campaña de AMLO atraviesa una crisis que ha puesto en jaque la estrategia que estaban manejando.
Mientras más se acerca la hora de la votación y mientras más se está en posibilidades de ganar, habrá que cuidar más las palabras.
El proceso electoral está alcanzando alta temperatura, y las campañas son también el intercambio de acusaciones y señalamientos no sólo entre los candidatos y partidos, también entre la ciudadanía.
Por lo pronto nuestro pleito “liberales” contra “conservadores” no creo que le interese a nadie más que a los se sienten jugadores de ese partido.
Las campañas son momentos invaluables para la mentira y el embuste.
Ricardo Anaya es un candidato solo por estrategia o por definición, pero es lo que se ve; es Anaya y su yoga, Anaya y su guitarrita, Anaya y sus millones de pesos.
AMLO fue comparado con Caleb, el personaje bíblico.
Las señales del Peje parece que solamente las entiende él…
Suerte en su aventura morena, no se ve fácil, pero en política casi nada lo es.
En ese partido hace muchos años que no se tienen debates internos de altura, fueron cambiados por aplanadoras institucionales, selección de personas con escasa capacidad para argumentar y mucha flexibilidad para votar.
¿Podrá Ricardito ganar más puntos de los que le da su partido? ¿Será competitivo? ¿Lo comenzarán a abandonar sus aliados por 'ya sabes quién'?
Mientras más días transcurren del proceso electoral, más se hacen evidentes lo absurdos de nuestras leyes para las elecciones.