La actitud de López Obrador debemos celebrarla, pues deja en claro que, a pesar de ser un hombre de ideas fijas, puede cambiar en sus decisiones.
La liberación de Gordillo y la debilidad ante Javier Duarte son una clara muestra de la putrefacción del sistema de justicia que los mexicanos esperan que cambie con el nuevo gobierno.
El México en blanco y negro se apodera del escenario, personajes que salen de ultratumba para colocarse en el nuevo gobierno, o salen de la cárcel también para manifestar su adhesión al movimiento.
El anuncio de la no decisión sobre el aeropuerto que hizo López Obrador la semana pasada, revela varias cosas del Presidente electo y sus procedimientos en la toma de decisiones.
La etapa de postcampaña y de presidencia electa está dejando un saldo difícil de considerar en términos de debate público.
El poderoso suele abusar, más cuando no tiene límites y, más aún, cuando gana arrolladoramente.
El día que fue declarado Presidente electo Andrés Manuel López Obrador, fue uno de los más importantes de su vida y de su movimiento.
La historia del PAN es muy relevante en el país como para apostarle a su desaparición, pero ver reducido cada vez más su papel es muy probable si no sabe qué hacer consigo mismo.
El panismo debe buscar incentivos en la política misma, en la vocación de servicio público, en la definición de su rumbo, en la reescritura de su ideario, en la satisfacción de dar la batalla pública.
El problema es que el PAN está despedazado, desdibujado, perdió todos sus asideros y su reserva moral.
Las familias cuyos miembros participan en política no son un monolito como muchos piensan, cada quien tiene su forma de pensar y sus maneras.
Si uno se pone a ver en dónde perdió el PRI, fue en todos lados.
Había una vez un candidato al que se le comenzó a comparar con Trump.