Este incurable sentimiento de inferioridad del mexicano ha sido analizado por Samuel Ramos: el mexicano se siente inferior al europeo no porque sea menos inteligente que él, ni por ninguna otra razón, sino simple y sencillamente porque es mexicano.
Como ya hemos hecho ver en otra ocasión, sin memoria no habría progreso, pues es ésta la que permite ir acumulando saberes y experiencias gracias a los cuales ya no será necesario partir de cero cada vez que necesitemos hacer o aprender algo.
Si lo que queremos es un futuro progresista, necesitamos de los ancianos.
Si me dijeran que este hombre que hoy parece sonreír a la luz de los cirios es el mismo que ayer por la noche aullaba de dolor en una de las orillas de su cama, sencillamente no lo creería…
El que logra hacerse con un dólar empieza pronto a añorar el segundo, y quien tiene dos millones querrá en seguida tener tres.
«Cuando encuentro una persona, ya rezo por ella. Y eso facilita la relación... Tengo como principio acoger a cada uno como una persona que el Señor me envía y, al mismo tiempo, me confía».
Hoy ya no es necesario practicar la religión ni la filosofía para experimentar el éxtasis: basta con una pequeña dosis de veneno.
“No es bueno que esté solo” ésta es la primera y casi única declaración que hace Dios acerca de la criatura del sexto día.
¿Por qué no nos das unos ojos como los tuyos, una mirada siempre volcada hacia los demás, una mirada capaz de captar en el rostro ajeno cada signo?
Hay que redescubrir el rostro de María; es necesario volver a presentarla como a una de nuestra raza, si bien grande por haberse fiado, por haber creído.
Creían los antiguos que así como existe un arte de callar, un arte de amar, un arte de escuchar y un arte de leer, así había también un arte de conversar.
Lo diabólico no consiste en lo que ordinariamente creemos, sino en estar siempre desesperados y descontentos.
Yo también estuve un día en ese hermoso mueble de caoba, hace veinte años y cinco meses y, como los demás, tuve también mi semana de gloria, aunque después fui relegado a un anaquel polvoriento…