La juventud tiene el poder de revolucionar al mundo cuando se lo propone, cuando se organiza y conoce su fuerza. Y aunque en México muchas personas quieren apagar esta pequeña esperanza, los jóvenes no deben darse por vencidos.
La realidad migrante es más compleja de lo que muchos quisieran ver, la realidad de gente que huye de su tierra de origen, y la realidad de un país soberano y el respeto de la ley.
Una toga y un birrete no necesariamente representan éxito: se requiere compromiso y las ganas de hacer las cosas de manera diferente, y esto más que obtenerlo en una escuela, debe desarrollarse “desde dentro”.
Estaba segura de que quería ser feminista, pues definitivamente quería romper el status quo, hacer la diferencia y mostrarle al mundo que las mujeres no somos solamente un ser sumiso nacido para ser esposa y madre.
Desde la familia y las empresas, debemos ayudar a los niños y jóvenes a encontrar su propósito de vida.
El meme se convierte en un código de nacionalismo y alegría, el pretexto ideal para compartir con alguien más de manera virtual y regalarle una sonrisa.
El éxito real, que podríamos definir como la felicidad personal, se paga con esfuerzo y estrategia, con amor y honestidad.
El país va a cambiar cuando los jóvenes tomemos las riendas del país y trabajemos por generar mayor justicia y paz, y dejemos de ser promotores de la cultura que tiene al país sumido en la ignorancia.