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La “macabra ley radical”

La vida humana es un derecho que todos tenemos, incluso antes del momento de nacer; pero a lo largo de la historia, el hombre ha modificado esto, hasta llegar al punto de aprobar una ley para que el aborto sea legal en cualquier momento del embarazo.


Aborto Nueva York


“Quienes nos dijeron una vez que el aborto debía permanecer seguro, legal y raro, ahora lo han hecho peligroso, impuesto y frecuente”. Éstas fueron las palabras que agregó el cardenal Timothy Dolan al calificar la ley recientemente aprobada en Nueva York sobre el aborto como la “macabra ley radical”.

Cuando respondemos a la pregunta: ¿Qué es la vida humana?, de forma implícita respondemos también a la pregunta previa: ¿Qué es el hombre? Sin embargo, nos empeñamos en construir diferentes hipótesis sobre nosotros mismos y seguimos construyéndolas hasta que la verdad nos traspasa mediante el dolor causado por la realidad inevitable de la muerte.

¡Cuánto más cuando se trata de la muerte de un niño o de una niña que por fallas, omisiones, falsos derechos, ignorancia, pobreza y muchos otros pretextos de los adultos, el no-nacido encuentra la muerte súbita y dolorosa en el vientre de su madre y se corta de tajo su futuro promisorio!

Todos nos hemos acostumbrado a la palabra ‘aborto’, pero todos sabemos muy bien que esta palabra significa “crimen”, sabemos que es un crimen abominable a un ser humano desprotegido e inocente, sabemos además que éste es puesto en la lista de los ‘sin nombre’, que es un condenado a muerte sin merecerlo y que posiblemente equivale a un número, es decir, la víctima 118 millones más uno.

¿Podemos dudar de cuándo comienza la vida humana? ¿Qué derecho asumen las políticas y leyes de un país para suprimir la vida humana a punto de nacer? El relativismo moral no tolera ninguna opinión más que la propia, se cree que lo que cada uno opine sobre lo que está bien o lo que está mal es correcto, y se desea que todas las opiniones se hagan cumplir por la ley.

¿Han visto ustedes alguna vez el World Trade Center de Nueva York iluminarse con luz rosa? Ha de ser algo fuera de serie. Lástima que el propósito de la última vez que se iluminó así fue por una “aberración” macabra.

Como héroe de esta celebración se encuentra el tristemente célebre gobernador de esa gran ciudad, Andrew Cuomo, quien pasará a la historia por su mortífera aprobación y firma de la “Ley de Salud Reproductiva” que permite los abortos antes y después del sexto mes del embarazo hasta el momento de nacer. Esto, a pesar del hecho de que once niños no-nacidos muertos durante el ataque a las Torres del W.T.C. de Nueva York el 9 de septiembre de 2011 son honrados e incluidos en el monumento de homenaje a este suceso doloroso.

Se considera que un feto a los seis meses de gestación puede sobrevivir (es viable y compatible con la vida independiente de su madre), y después de éstos, en los tres meses siguientes hasta el parto, la madre podrá abortar según la ley aprobada si “aduce problemas en su bienestar”. También esta ley elimina el aborto del código penal y aclara que una variedad de profesionales médicos con licencia, pueden también realizar el procedimiento. Para decirlo con otras palabras, lo que permite esta ley parece sacada de una película de terror contra seres humanos desprotegidos, no-deseados, despreciados y asesinados con aprobación de su propia madre.

El cardenal T. Dolan de Nueva York describe la ley con estas palabras:

“En adelante, se descartarán todos los cargos contra un abortista que permite que un bebé abortado, que de alguna manera sobreviva a las tijeras, el bisturí, la solución salina y el desmembramiento, muera ante sus ojos… La nueva ley ordena que, para que un aborto sea más conveniente y fácil, el médico no tenga que realizarlo e incluso podría usarse para suprimir los derechos de conciencia de los profesionales de la salud…”

Ante tales procedimientos es necesario que todos sepamos algo sobre las fuentes sensoriales del feto. Estudios científicos de medicina han demostrado que el feto experimenta DOLOR. Cuando un ser humano en el vientre de su madre tiene dolor, no tiene aire para externar sonido, pero responde con movimientos rápidos y vigorosos de su cuerpo, movimientos de respiración y precipitaciones hormonales.

El doctor norteamericano de origen griego, Dr. Giannakoulopoulus hizo el siguiente experimento: A pocos minutos de haber inyectado en la ‘vena intropática’ a un feto para una transfusión, éste mostró un aumento del 590% en beta-endorfina y 83% de aumento en cortosol, esto es la evidencia química del dolor.

Abortar, por tanto, no solo es un acto violento y mucho más en los últimos meses de su gestación, sino tremendamente doloroso. Los sentidos neuroanatómicos del tacto muestran, por tanto, que el dolor es una señal importante, sobre todo, el dolor agudo en los abortos efectuados desde 0 a 24 semanas y por tanto, aún más a medida que se acerca la fecha del parto, pues consisten en el desmembramiento del no-nacido con fórceps metálicos puntiagudos o la sustitución del líquido amniótico por una solución salina que el pequeño inhala mientras la sal quema su piel. Se ha visto que, aun así, el niño puede sobrevivir en estas condiciones hasta una hora y sin anestesia, sufriendo dolores intensos hasta su muerte. (T. Kerenyi et. al. Intramniotic Techniques, Abortion and Sterilization. Editorial Hogson, 1981).

El histórico progreso hacia el reconocimiento de derechos igualitarios del que muchos norteamericanos estaban orgullosos ahora es impedido por la matanza sin sentido de un millón de pequeñas vidas humanas en abortos cada año. Un millón de niños, cuya sangre es derramada no en nombre de los derechos humanos, sino tomando como razón una ‘elección’ de su madre.

Actualmente en Estados Unidos existe una gran división entre su gente, y todo se debe a estas leyes llamadas “progresistas” que tienen decisión sobre la vida y la muerte del ser humano.

La ética pro-vida es ésta: Todos los seres humanos tienen igual valor porque son humanos. El zigoto tiene el mismo valor que el niño(a) de párvulos y éste tiene el mismo valor que el adulto. Sus diferencias son sólo en desarrollo y tamaño, no en valor. Y porque todos los humanos poseen el mismo valor, nuestros derechos humanos –comenzando con el derecho a la vida– deben ser igualmente respetados.

Los norteamericanos rechazan la idea de devaluar a un semejante con base en su sexo, raza, color, religión, tamaño, habilidad, edad o cualquier otro factor. Su historia está escrita en el reconocimiento de extender derechos, privilegios y seguridad a todos los seres humanos, –excepto– durante los últimos 46 años en EE. UU., al ser humano que vive en el útero materno.

La pregunta es: ¿Se trata con igual dignidad al niño no-nacido, que al niño que va a párvulos a los 4 años? Por supuesto que no. Y sin embargo ambos son humanos. El movimiento pro-aborto se basa por tanto en que “no todos los seres humanos son iguales”. Entonces, ¿los derechos humanos son subjetivamente otorgados o negados a la persona antes de nacer sobre bases que nada tienen que ver con la humanidad del niño(a)?
Nadie puede realmente creer que: si se mata a un niño dos minutos antes de nacer es legal, es un acto permitido, otorga libración a la madre. Pero si se mata al niño dos minutos después de haber nacido, es un crimen punible como asesinato. Todos sabemos cuánto lamentaron los norteamericanos, por ejemplo, aquel tiroteo en una escuela de Connecticut en donde murieron dos docenas de inocentes menores de edad, y en cambio, ahora aprueban en Nueva York una ley que permite el vil asesinato de niños a punto de nacer sin restricción más que la madre dé como pretexto, que el embarazo le causa ‘problemas a su bienestar’.

En la legalización del aborto, una pensada estrategia lingüística y comunicativa puede convertir una palabra en lo contrario de lo que significaba en su origen. Es bien conocido que en la Ciudad de México se añadió la expresión “interrupción legal del embarazo” en una reforma al Código Penal para aplicarla a través de la Ley de Salud, aduciendo el “derecho a decidir” de las mujeres.

A partir de esta reforma, es claro que la Ley de Salud se instituye para la salud de algunos y la muerte de otros. En esto consiste el derecho de una mujer y la negación de todos los derechos, empezando por la vida, del ser que lleva en su vientre. La decisión de destruir la vida queda sólo entre la paciente y el proveedor de salud, aunque se trate de la muerte de un ser humano.

No olvidemos que, en México, la Cámara de Diputados se encuentra considerando legislación para legalizar el aborto a demanda. El anteproyecto de ley fue propuesto por la diputada Lorena Villavicencio Ayala, que permitirá el aborto a demanda durante el primer trimestre del embarazo en casos de salud de la madre o disfunción fetal. La diputada Villavicencio aduce falsamente que México necesita legalizar el aborto para cumplir con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y con la Convención Interamericana sobre la Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra la Mujer “Convención Belém Do Pará”, a pesar del hecho de que no existe obligación internacional para legalizar el aborto. La Comisión de Derechos Humanos en el Congreso recientemente aprobó el anteproyecto de ley, mientras es procesado legislativamente.

Deseo recordar el principio de la primacía de la vida como fundamento normativo de toda política del Estado. En el fondo de este principio se encuentra el reconocimiento de que toda persona tiene derecho a la vida, generalmente entendida como un derecho a ser libre de violencia mortal, mutilación y tortura.

Un filósofo nos dice: “Los componentes de quienes están en el poder son demasiado débiles para poder vivir sorprendidos por el acontecimiento del ser y de forma especial por el acontecimiento de la identidad del hombre; se esconden en ese mundo abstracto en el que todo, incluidos el nacimiento y la muerte, representa un producto de la razón pura y de la razón ensimismada en ella, no conocen el don. En cambio, quien sabe mirar dentro del rostro del hombre conoce el don de la vida”. (Stanislav Griygiel. Para Mirar al Cielo. En: ¿Qué es la vida? A Scola, U. Cat. De Chile, 1999)

¿Qué es el hombre? ¿Qué pensador no se ha hecho esta pregunta? ¿No será que el hombre está hecho de tal manera que tiene necesidad de que otro lo defina, que le dé razón de su ser y de su destino? El Salmo 8,1 nos dice:
“Señor Dios nuestro, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?”

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