La corrupción y su antítesis

No es un cambio de políticos ni de políticas, sino algo más difícil: un cambio en la interioridad de cada persona.


Fomentar los valores


Hemos escuchado alguna vez de un personaje académico norteamericano llamado Daniel Goleman, quien se dio a conocer principalmente por su libro “Inteligencia Emocional” que ha vendido más de cinco millones de ejemplares, y después por otro titulado “Inteligencia Ecológica”, y varios más.

En su primera visita a México declaró que “México requiere de líderes, tanto políticos como hombres de negocios con determinación, coraje y credibilidad para entender y atacar el problema de la corrupción en todos los ámbitos”, sin embargo, en el índice temático de otro de sus famosos libros “La Inteligencia Emocional en la Empresa” no aparece la palabra “corrupción”. Entonces ¿qué lo hace un experto en este tema?

Ante el asunto de la corrupción, él propone algunas antítesis que pueden evitarla, tales como la honestidad e integridad y algo más que él llama coraje.

Haciendo una reflexión acerca de sus palabras, lo que él propone en realidad no es un cambio de empresas o de empresarios, no un cambio de políticos ni de políticas, no un cambio de sistemas ni de visión, sino algo más difícil: un cambio en la interioridad de cada persona, pues al regirse ésta por valores y no por prácticas ilícitas corruptas, cambiará todo el sistema empresarial, político, etc.

Para que la persona aplique los valores, primer deberá haberlos conocido. Todos sabemos que la principal fuente de conocimiento es la familia, ya que allí es donde se aprenden los valores como por ejemplo, los valores del ser: la honestidad, el coraje o valentía que propone Goleman, la serenidad, la confianza, la moderación, la autodisciplina, la fidelidad, la castidad y otros valores del servicio como la lealtad, el respeto, el amor, la generosidad, la amabilidad y amistad, la justicia…y así podríamos continuar mencionando muchos más.

Estos valores son recomendables para adquirir características de liderazgo, como menciona Covey en su primer famoso libro, en donde afirma que “la sabiduría de los valores es lo que se necesita hoy”.

México es uno de los países líderes en corrupción, quizá porque quienes la practican nunca conocieron los valores y además perdieron el deseo de vivir bien, de renovarse, de progreso, de honorabilidad, perdieron la vergüenza, y se hacen cotidianamente acciones tales como: evadir el pago de una infracción a cambio de una ‘mordida’; burlar a la compañía de seguros para no pagar el deducible; tomar ‘prestado’ algo sin el consentimiento del dueño; mentir al profesor para justificar que no se llevó la tarea; elegir como funcionario del gobierno a alguien con pocos estudios o estudios no comprobados; deseos de ser una figura pública y pocas intenciones de realmente servir; promesas de políticos sin base en la realidad, etc.

Hace unos años, el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad publicó que “desarrollar una cultura de la legalidad es una tarea que debe iniciar en la niñez, en la escuela, impartiendo clases de civismo y ética, pero en familia hay que fomentar los valores”. Es precisamente esta “cultura de la legalidad” otra antítesis de la corrupción.

Volviendo a Goleman, toma como ejemplo a un personaje llamado R. Abdoo, quien era director ejecutivo de “Wisconsin Energy”, empresa norteamericana de servicios con utilidades de 2,000 millones de dólares al año. Este empresario, católico devoto, reserva cuando menos ocho horas a la semana para lo que él llama “reflexión solitaria”, o dicho de otra manera: vivir guiado por el timón interior.

“El conocimiento de uno mismo sirve como barómetro interior, que evalúa si lo que estamos haciendo (o por hacer) realmente vale la pena. Los sentimientos nos brindan el dato esencial: si hay discrepancia entre la acción y el valor, el resultado será desasosiego bajo la forma de culpa o vergüenza, dudas intensas e insistentes, inquietud, remordimientos, etc. Por el contrario, las decisiones tomadas de acuerdo con el timón interior son energizantes, no sólo las sentimos correctas, sino que maximizan la atención y la energía disponibles para llevarlas a cabo.”
(D. Goleman).

¿Será el deseo de obtener dinero lo que lleva a la corrupción? Aunque nadie puede negar que el dinero ilícitamente obtenido, no trae consigo la felicidad.

Después de considerar las opiniones de Goleman y otros, volteamos y vemos con más claridad que la corrupción sería tan fácil de desterrar si de manera sencilla tomáramos en cuenta el consejo de un hombre santo:

“Ha llegado la hora, en medio de tus ocupaciones ordinarias, de ejercitar la fe, de despertar la esperanza, de avivar el amor…que nos impulsan a desterrar enseguida, sin disimulos, sin tapujos, sin rodeos, los equívocos en nuestra conducta profesional y en nuestra conducta interior”.
(San Josemaría. “Amigos de Dios”)

Nótese que en este consejo están incluidas la determinación, el coraje y la credibilidad, necesarias para el combate a la corrupción, según Goleman.

Además de las ‘promesas’ de los candidatos a presidente, algunas de las cuales son bastante dudosas,

Usted ¿qué ha hecho para evitar la corrupción?

 

@yoinfluyo

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