¿Venezuela a cambio de Siria?

Venezuela cruza una de sus peores etapas, pero no es su pueblo quien determinará el rumbo de su gobierno.


Venezuela y Siria


Ignoramos qué habrá ocurrido en Venezuela cuando nuestros amigos lectores lean estas líneas.

Por lo pronto, las últimas noticias son que Nicolás Maduro continúa en el poder respaldado por la cúpula militar; que el opositor Leopoldo López, una vez liberado, se refugió con su familia en la Embajada de España y que ha habido duros enfrentamientos que han costado ya la vida de varias personas.

Pues bien, de aquí a que este artículo sea publicado, pudieran haber ocurrido muchas cosas, entre ellas que el dictador Maduro, tras haber sido derrocado, haya pedido asilo en Cuba o –lo peor– que continúen las protestas y que el gobierno, al sentirse como gato acorralado, reprima toda disidencia a sangre y fuego.

Sin embargo, en cualquiera de ambos escenarios, lo que explicaremos a continuación tiene plena vigencia.

La realidad es que la situación ha llegado a tal extremo que, en estos momentos, ni Maduro ni Juan Guaidó son quienes habrán de tomar la decisión final.

Más bien, quienes tienen la última palabra son sus jefes reales o sea aquellos que, tras bambalinas, mueven los hilos de la trama: Donald Trump y Vladimir Putin.

Existe tal cantidad de intereses creados que ni a los Estados Unidos le conviene un gobierno dominado por narcotraficantes exportando guerrilleros, ni a Rusia perder las multimillonarias ganancias que le reporta el petróleo venezolano.

Ahora bien, la situación se ha complicado de tal modo que Maduro se encuentra hundido hasta las orejas en un pantano pestilente, con la agravante de que sus dos principales aliados (Rusia y China) han decidido no prestarle ni un centavo más.

Un callejón sin salida tanto para Maduro como para Guaidó quien, si no logra derrocar al dictador en las próximas semanas, pudiera irse desinflando hasta quedar reducido a una simple figura decorativa.

Esa es la razón por la cual la decisión final habrán de tomarla los inquilinos tanto de la Casa Blanca como del Kremlin.

Algo que ignoramos, por tratarse de reuniones secretas, es el lugar donde en estos momentos se están reuniendo los enviados de Trump y de Putin.

Pudiera ser que los encuentros tengan lugar en alguna ciudad de un país neutral como pudiera serlo Suiza, y en este caso Ginebra sería el lugar apropiado.

Una vez reunidos dentro del más absoluto secreto y una vez puestas las cartas sobre la mesa… ¿Qué tono tomarán las conversaciones?

Trump, fiel a la política tradicional del “Gran Garrote” que se apoya en el lema “América para los americanos” no desea que los rusos controlen Venezuela puesto que eso acarrearía que se consolidasen tanto en Nicaragua como en Bolivia.

Y eso, precisamente eso, es lo que quieren los rusos: Extender su influencia en el continente americano, razón por la cual apoyan a Maduro con todos los medios que tienen a su alcance.

Ahora bien, en esta lucha por controlar zonas de influencia, rusos y americanos se ven obligados a echar mano del más frío pragmatismo.

Y así como a Trump le preocupa la creciente influencia rusa en Hispanoamérica, de igual manera a Putin le preocupa la fuerte presencia norteamericana en Siria.

Con el pretexto de combatir al Estado Islámico, así como de proteger al Estado de Israel, hace años que tropas norteamericanas se encuentran en Oriente Medio.

Un pretexto –vale la pena recordarlo– del que también echan mano los rusos quienes dicen combatir a los islamistas que en Chechenia les han causado tal cantidad de problemas que han reprimido a los revoltosos a sangre y fuego.

Es evidente que a los rusos les preocupa la presencia norteamericana en Medio Oriente. Ni duda cabe que las tropas de los Estados Unidos son una especie de barrera que contiene la política expansionista de Moscú.

Pudiera ocurrir (y advertimos que entramos en el dudoso terreno de las hipótesis) que Putin prefiriese campear él solo a sus anchas por todo el Oriente Medio, tener una cómoda salida al Mediterráneo y que –una vez que le haya dado el tiro de gracia a los islamistas– sometiese a los sirios mediante una especie de protectorado.

En ese caso (y seguimos en el dudoso terreno de las hipótesis) pudiera ocurrir que los Estados Unidos abandonasen Siria a cambio de que Rusia le retirase todo su apoyo a Maduro.

Si esto ocurriese, los días de Maduro estarían contados puesto que –obedeciendo órdenes superiores– los altos mandos del ejército dejarían de apoyar al dictador venezolano.

Maduro –abandonado por los militares y ante el creciente repudio popular– sería despedido con una patada en el trasero para ir de inmediato a dar con sus huesos en la prisión de Guantánamo.

Solamente así, en caso de que los dos grandes logren ponerse de acuerdo, será posible que los venezolanos reconquisten la libertad perdida.

Por supuesto que, con el fin de que los militares no causasen problemas en el futuro, serían indemnizados como se despide a empleados de una empresa que ha quebrado: En este caso, la indemnización consistiría en brindarles impunidad para que puedan disfrutar de todo lo que han robado en los últimos años.

Quizás sea eso (y conste que seguimos en el terreno de las hipótesis) lo que por medio de secretas conversaciones, se está decidiendo en estos momentos en alguna lujosa residencia de la pacífica ciudad de Ginebra.

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