El dilema del cardenal Osoro

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, no ha estado a la altura de sus predecesores, se ha caracterizado por su postura tibia ante temas que requerirían la firmeza de un auténtico pastor de almas.



El cardenal don Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid, está a punto de perder la magnífica oportunidad de pasar a la historia de la Iglesia como uno de los mejores obispos que ha tenido España.

Y es que cuando el Cardenal Osoro llegó como arzobispo a Madrid lo tenía todo a su favor.

Tanto en Orense como en Oviedo y Valencia había realizado una labor encomiable que, con gran nostalgia, recuerdan muchos de sus antiguos feligreses.

Cuando le nombran arzobispo de la capital española, tenía también a su favor la gran estructura que había heredado de sus predecesores los cardenales don Ángel Suquía Goicoechea y don Antonio María Rouco Varela.
Sin embargo, todo cambió una vez que llegó a Madrid y especialmente después de haber recibido el capelo cardenalicio.

En vez de actuar como un celoso pastor de almas y aguerrido defensor de los derechos de la Iglesia, el cardenal Osoro prefirió contemporizar con quienes detentaban el poder.

Y fue así como se le vio coqueteando tanto con el expresidente Mariano Rajoy como con Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid.

Con tal de no perder su amistad, el cardenal Osoro miró para otro lado en cuanto se presentaba una cuestión peliaguda; todo, absolutamente todo era preferible antes que perder las sonrisas que le brindaban los poderosos.
Su omisión más vergonzosa –un silencio que escandaliza– fue cuando se presentó la propuesta socialista de sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos.

El cardenal de Madrid prefirió encogerse de hombros dejando que los del bando contrario hicieran y deshicieran a su antojo.

Una actitud no solamente torpe y cobarde sino incluso suicida ya que a los izquierdistas que controlan el Congreso no solamente les interesa sacar a Franco del Valle de los Caídos.

Los rojos van más allá: Lo que en realidad pretenden es acabar con la abadía benedictina para convertirla en un frío museo laico de la Memoria Histórica.

No olvidemos que, siendo Zapatero presidente de gobierno, su entonces vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, movió cielo y tierra y no paró hasta que logró sacar a los jerónimos del monasterio de Yuste y convertir aquel recinto sagrado en un simple parador turístico.

Ese es el verdadero objetivo de los socialistas: Con el furor criminal heredado de sus ancestros de la II República, planean una embestida frontal contra la Iglesia Católica.

Poco a poco irán acorralando a los religiosos y cerrando sus conventos hasta lograr una desamortización parecida a la que Mendizábal hizo durante la segunda mitad del siglo XIX y con la cual despojó de sus bienes a la Iglesia.

Eso debe tenerlo muy presente el cardenal Osoro; reconocer donde se encuentra el verdadero enemigo y no irla pasando de un modo burgués y acomodaticio.

Misión del buen pastor es cuidar del rebaño que le ha sido encomendado y un modo de protegerlo es enfrentándose con valentía a lobos y ladrones.

Infortunadamente, el mediocre pontificado madrileño de don Carlos ha dejado mucho que desear.

Otro factor que el purpurado debe tomar en cuenta es que el tiempo se le acaba.

Será en mayo de 2019 cuando se celebren elecciones municipales en toda España y nada extraño sería que Manuela Carmena perdiese la alcaldía de Madrid.

Si eso ocurriera… ¿A quién trataría entonces de contentar el buenazo de don Carlos?

Si acaso el nuevo alcalde madrileño fuese un conservador… ¿No miraría con recelo a quien se ha comportado como una auténtica veleta?

Por otra parte, cuando se estén celebrando las elecciones municipales, faltarán pocos meses para que haya otras elecciones que a nuestro personaje habrán de afectarle de un modo muy directo: la renovación de la Conferencia Episcopal Española.

Todo hace suponer que cuando, allá por la primavera de 2020, los obispos renueven su directiva, lo más seguro es que salgan tanto su presidente el Cardenal don Ricardo Blázquez como su vicepresidente el Cardenal Osoro.

Es decir que don Carlos Osoro perderá una importante posición de poder en los primeros meses de 2020.
Añadido a esto –como antes dijimos– es probable que ya para entonces Manuela Carmena haya perdido la alcaldía de la Villa del Oso y del Madroño.

Y aún hay más: A las pocas semanas de que el cardenal Osoro haya desocupado la vicepresidencia –concretamente el 16 de mayo– deberá presentarle su renuncia al papa puesto que será en tal fecha cuando cumpla 75 años de edad.

Considerando que el papa le mantenga en su cargo unos cuantos meses, es muy probable que –contando a partir del día de hoy– antes de un par de años, don Carlos Osoro sea poco menos que una figura decorativa.

En vista de lo anteriormente expuesto, don Carlos nada tiene que perder puesto que sus amigos políticos -si es que realmente lo son- están a punto de marcharse.

Y, por otra parte, aunque se resista a reconocerlo, el tiempo se le va como agua entre las manos.

Esa es la razón por la cual decimos que está a punto de desperdiciar la oportunidad de pasar a la historia de la Iglesia como uno de los mejores obispos que ha tenido España.

A don Carlos Osoro no le exigimos acciones heroicas, teatrales y espectaculares.

Simplemente le pedimos que tenga la valentía de comportarse como un auténtico pastor de almas.

¿Verdad que no es mucho pedir?

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