¿El principio del fin?

¿Hemos llegado al principio del fin? ¿Qué viene después?



En el momento de iniciar este trabajo, deseamos hacer la siguiente aclaración: El propósito que nos mueve a escribir este artículo no es el de actuar como si fuésemos plañideras que se dedican a profetizar desastres futuros.

Nada de eso. Más bien el propósito que nos impulsa es hacer que la gente tome conciencia de la realidad y que rechace la postura cobarde del avestruz que esconde su cabeza ante el peligro.

Si en algún lejano pueblo enclavado entre bosques y montañas, alguien dice que una manada de lobos anda merodeando por los alrededores -a menos que se trate de una mente enfermiza- no lo hace para deleitarse asustando a los vecinos sino más bien para advertirles y eviten andar de noche por lugares peligrosos.

Aunque a muchos les cueste reconocerlo y aunque otros digan lo contrario porque defienden intereses creados, la realidad es que la situación que padecemos en México es alarmante.

Durante décadas -debido a que, desgraciadamente, no existía otra alternativa- aquí soportamos la Dictadura Perfecta impuesta por el PRI-Gobierno.

Un sistema del cual ya hemos hablado que deformó mentes y voluntades haciéndonos creer a todos que aquello era lo mejor que había.

Un sistema dictatorial que, al menos, tenía la ventaja de que proporcionaba estabilidad política, económica y social.

Un sistema que mantenía a raya a los delincuentes no tanto porque les aplicase la Ley castigándolos como se lo merecían sino más bien porque los controlaba por medio de cuotas que éstos pagaban para que les permitiesen moverse dentro de ciertos límites.

Para bien o para mal aquello se acabó en julio de 2000 cuando, tras la indiscutible victoria de Vicente Fox, aquí llegó no tanto la Democracia sino más bien la alternancia política.

El caso fue que el nuevo sistema fue incapaz de controlar a una vasta red de delincuentes que -como antes dijimos- el sistema anterior sabía mantenerlos a raya.

Y se produjo el mismo efecto que provoca arrojar piedras contra un avispero…

Los delincuentes, al no ser controlados desde el poder, empezaron a campear a sus anchas por todo el país; llegando a tener tal fuerza que ni siquiera el Ejército -en gran parte infectado por la corrupción- logró someterlos.

Regresaron los del PRI en 2012 y ya para entonces la situación había cambiado: No pudieron someterlos ni con balas ni con dádivas.

El caso es que el país entero, de Norte a Sur y de Oriente a Poniente, se encuentra en manos del crimen organizado.

Nadie puede sentirse seguro pues lo mismo puede ser asaltado en plena Avenida Madero a las dos de la tarde que ser víctima de un atraco dentro de un cine.

Muchos aspiran al poder. Algo que es propio de la naturaleza humana; lo malo es que quien lo alcanza no lo hace con el propósito de servir a la comunidad sino más bien deseando enriquecerse.

Esa es la razón por la cual, tanto en el caso del crimen organizado como en el de los gobernantes corruptos, es falso decir que la causa se encuentra en que la crisis es de índole económica.

Nada de eso. La causa es mucho más profunda: Se debe a la absoluta carencia de valores morales.

El político que roba cantidades estratosféricas, los narcotraficantes, los secuestradores y quienes cobran derecho de piso a modestos comerciantes, no lo hacen porque necesiten dinero sino más bien porque su conciencia se ha relajado al máximo.

Más que buscar ser más, lo que se pretende -no importa cómo- es tener más.

Y como no hay efecto sin causa el resultado se encuentra a la vista: Un caos moral, económico, político y social como nunca antes se había visto en nuestro país.

En estos momentos nos encontramos -hablando en términos deportivos- en el descanso del partido en que se juega la gran final.

El juego se presenta deprimente puesto que -gane quien gane- las cosas no habrán de mejorar.

No hay duda: Esto se acaba…¿Hemos llegado al principio del fin? ¿Qué viene después?

@yoinfluyo
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