El laberinto de la obviedad

Organismos de la sociedad civil, partidos políticos de oposición y sociedad en general continúan manifestando su inconformidad contra la estrategia gubernamental que militarizará la seguridad del país.


El escribano AMLO


Estoicismo

Este escribano se ocupó durante los días recientes, de leer mucho, de preparar los proyectos al tundir la computadora; de rezar cuanta jaculatoria veía en los memes para solicitar al santo del día su amable intervención. Nada más porque había mucha gente, el escribano no realizó un ritual al estilo presidencial, a efecto de que san Octavio Romero Oropeza se conmoviera de estos pobres pecadores, y enviara –aunque fuese– una “pipita” que, de perdida, alcanzara hasta la ficha 854 que le entregaron al suscrito. Pero ¡oh, desgracia nacional! no pasó nada.

Todo iba bien, hasta que un sujeto con cara de empleado despedido del SAT y unas ojeras borrachas de sol, se acercó y con gentil voz espetó: “¡Ya no hay ni madres de gasolina! Si quieren mejor, váyanse a dormir”.

De aquí que, sacando fuerzas de flaqueza, con el rostro demudado por la desmañanada, personificando a cualquier miembro del gabinete en rueda de prensa lechera (en alguna época los lecheros dejaban su producto en la puerta de las casas y de madrugada) este escribano montó en santa cólera y se dijo a sí mismo: “Mi mismo, ya estamos en este camino. Vámonos –dice una parte de la canción– ‘donde nadie nos juzgue, donde nadie nos diga que hueles mal’…” y emprendimos la búsqueda de otra gasolinera.

El milagro se hizo. La fila solo tenía como 300 vehículos y los ojos no daban crédito a las bondades de los dioses…¡¡¡Una pipa estaba descargando, y eran apenas las 4:50 de la madrugada!!!

Como la idea era optimizar el tiempo, la decisión fue leer un poco a esas horas…el termo de café –como maldición de Romero Deschamps– se había agotado. Y el segundo milagro llegó: un señor en un triciclo vendiendo café y unas conchas que en ese instante supieron a gloria.

Los apuntes del escribano señalaron el tema de la dichosa Guardia Nacional.

¿En qué quedamos, por fin?

En efecto, por todo el arguende generado porque sí hay gasolina, pero no hay en las bombas, a la Chomsky, los “morenos” se pusieron a disertar sobre el asunto, aprovechando que todo mundo estábamos haciendo fila. Doña Olga Sánchez Cordero puso su granito de arena tratando de explicar por qué los conceptos “policía” y “soldado” son sinónimos; además de que amplió el debate sobre los neologismos al explicar que “militarización” no es tal, sino “policialización” (sic).

De más fondo

Con todo y los cinco días de audiencias resulta que la multicitada Guardia Nacional, no acaba de convencer a nadie, empezando por los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y muchos más interesados.

La nota del reportero Víctor Chávez en El Financiero es esclarecedora. Los colectivos como Sociedad sin guerra, se mostraron desencantados y decepcionados. Las razones esgrimidas se concentran: votaron por Morena y por López Obrador, con tal de retirar al Ejército de las calles, y ahora resulta que sigue la misma “estrategia” y según el vocero de la agrupación, ni Morena ni el presidente cumplieron.

Una razón más

Los quejosos profundizan. “No es creíble” que un mando civil “esté por encima de las estrategias”. La Guardia Nacional “no existe”, es el mismo Ejército, señalaron.

En adición, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, a través de su representante, habló fuerte. Indicó que hace algunos años se buscaba impedir la legalización de lo que llamó “una guerra militar”; pero, que ahora –agregó– se trata de “constitucionalizar” el mismo tema.

Lo más sensato

Ha sido el aporte del diputado Juan Carlos Romero Hicks quien puso el dedo en la llaga: Ya se realizaron las audiencias y ya se reflejaron y documentaron las inquietudes y propuestas. Por eso mismo no es válido que algunos legisladores propongan que se formule un nuevo debate.

Se trata de entender que el asunto está suficientemente discutido y no requiere, en consecuencia, de un nuevo dictamen. Es entremeterse en un laberinto de obviedad.

El micrófono de oro

Aprovechando que estamos en tiempos de The Golden Globe, a este escribano le parece que “El Micrófono de oro” es para Alfonso Durazo por una genial explicación: “…lo que se pretende crear es un cuerpo armado y permanente, con adscripción civil y entrenamiento policial, con estructura y disciplina militar y mando mixto…” El escribano se declara de lento aprendizaje.

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