¿Qué país queremos?

Un buen gobierno no puede hacer algo sin buenos ciudadanos.


Ser buenos ciudadanos


Estamos viviendo un periodo en el cual nuestra atención está orientada a las propuestas de quienes aspiran a dirigir nuestro país. De alguna manera este hecho es un foco de atención que nos une, pero también nos divide porque necesariamente no estamos con todos sino con quien nos parece que resolverá mejor los problemas.

Sin embargo, la democracia nos pide una participación constante. No se limita al tiempo de elecciones sino que cuando ya se defina el ganador nuestro trabajo consistirá en seguir las promesas para que realmente se cumplan. Tanto si salió el candidato de mi preferencia o ganó otro. En esta etapa nos hemos de empeñar en ser constantes, en dejar atrás las luces de bengala, es preciso adquirir la fortaleza de seguir las metas y exigir su cumplimiento. Esto será nuestra aportación al país que queremos.

Los electos terminarán el tiempo de campaña, pasan al tiempo de cumplir. Los demás seguimos siendo ciudadanos y nuestro tiempo es el de hacer cumplir. Por eso, nuestra elección tiene para cada uno serias responsabilidades, y para que se facilite nuestro papel es preciso ver quién es el más veraz y cumplidor.

Los temas que se presentan en los debates son generales aunque hemos de pedir que señalen los medios y el proceso para resolverlos. Allí, en ese modo, todos los ciudadanos estamos involucrados.

Si se trata de educación, todos hemos de aportar de acuerdo a la que hemos recibido. El privilegio del que gozamos es para retribuirlo a quienes no han tenido las mismas oportunidades. Y hacerlo no con carácter ni paternalista ni meaculpista, sino con la convicción de poner a otros en condiciones de adquirir otro nivel para mejorar sus condiciones de vida.

Si se trata de trabajo y sabemos de alguien que podría realizarlo si tuviera una capacitación, movernos para abrirle oportunidades.

La educación y el trabajo son medios que pueden reducir la inseguridad, la violencia o la corrupción.

Con quienes han optado por caminos equivocados habrá que planear maneras de corregir y encausar. Porque no todas las raíces provienen de falta de oportunidades, también la raíz puede ser la pereza de no querer aprovechar las oportunidades que se han tenido, o no querer realizar un trabajo que suponga esfuerzo y, se opta por la transgresión de normas, para vivir a costa del esfuerzo de otros: robándoles o explotándolos.

Este mosaico de variables quita la mentalidad simplista de quienes aseguran que el que tiene posibilidades es porque se aprovechó de los demás y el que carece de ellas siempre se ha encontrado en el abandono. Tampoco todos los males son culpa del gobierno.

Pero para que no sean culpa del gobierno hemos de elegir un buen gobierno, y una vez electo, que ejerza como buen gobierno.

Pero un buen gobierno no puede hacer algo sin buenos ciudadanos. Entonces tenemos que aplicarnos a ser buenos.

Lo primero que cada uno debemos hacer es cuidar de no caer en lo que criticamos. Contra la inseguridad, tratar con respeto a los encargados de velar por ella, evitar ponerlos en la tentación de ser deshonestos. Mucho menos cometer alguna acción fraudulenta y propiciar la injusticia de culpar a otro. Eso sí está a nuestro alcance.

Contra la violencia, tratar de que si algo nos ha puesto de mal humor, no vayamos desahogándonos con quienes no tienen que ver con el hecho. Así evitamos reproducir injusticias y mal humor que lleva a otros a maltratar a los inocentes.

Muchos actos de corrupción sí podemos atajarlos. Por ejemplo no ofrecer dinero para conseguir algo ilícito. Cuando vemos que alguien lo hace poner freno y aconsejar o denunciar. Aquí se requiere fortaleza para salir de nuestro confort o para sufrir el enojo o la venganza del corrupto frustrado.

Y como el entorno cercano es nuestra familia, hemos de cuidarla mediante el impulso al buen actuar de los nuestros. Propiciar buenas conversaciones, promover la buena conducta y encontrar paz y tranquilidad para reponernos cuando hayamos encontrado injusticias.

Por eso, la familia es el lugar donde encontramos refugio, fortaleza y una plataforma firme de donde partir a influir en el entorno. Pero hemos de cuidar nuestra familia propiciando las virtudes de fidelidad, colaboración, comprensión, acogida y seguridad.

Entonces también hemos de pedir al gobierno que nos ayuden con políticas públicas que faciliten nuestros propósitos. Para eso, combatir leyes que vayan contra la vida –aborto o eutanasia-, contra la unidad conyugal –divorcio-, contra la emancipación de los niños –ideología de género-, y un largo etcétera.

También exigir un ambiente sano en el entretenimiento y en el deporte. Por ejemplo evitar mensajes disolventes o libertinos en películas, series de televisión o en revistas. Promover la honestidad y las buenas costumbres en los deportistas o en los artistas que muchas veces se vuelven modelos a imitar.

De hecho, en la familia detectamos si alguien empieza a pactar con malas costumbres, malas compañías o trasgresiones más serias. Y estamos en condiciones de atajar cuando los problemas inician.

Mantener en buen estado el hogar nos impulsa a vivir esos hábitos en los lugares que frecuentamos. Esto hace posible la cultura ecológica. Dentro de los múltiples detalles a nuestro alcance está poner la basura en su lugar y si no hay lugar para ella pedir que instalen basureros.

No ensuciar las paredes, cuidar el buen estado del transporte público. Cuidar las áreas verdes y las zonas de esparcimiento. Estos pequeños detalles nos hacen sentir dignos porque un entorno cuidado se revierte en nuestro interior.

 

@yoinfluyo

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