La Navidad puede salvar al mundo

Regresarle su verdadero sentido de festejo a la Navidad está en las familias que la celebran.


Las familias deben regresarle el sentido a la Navidad


Parece muy preocupante que la Navidad sea otra de las lamentables bajas que está sufriendo nuestro mundo moderno. Ya desde hace muchos años Hollywood, ha sido uno de los grandes protagonistas que han venido cambiando el significado de la Navidad, que es la conmemoración del nacimiento de Jesús, ligándola a sentimientos nobles, pero distantes del significado profundo del verdadero Espíritu de la Navidad, proponiendo como personaje central al famoso y, ciertamente simpático Santa Claus, que está siempre enfrentando graves problemas para cumplir con su compromiso anual de traer regalos a los niños, o presentando situaciones familiares conflictivas, que al final se terminan arreglando, cosa también buena, pero sin que en realidad Jesús tenga nada que ver en la trama.

No se puede negar que el sentido comercial ha ido ganando también terreno a pasos agigantados, basta con ver en estos días los anuncios donde en lugar de decir feliz Navidad se dice felices fiestas, y los aparadores de los centros comerciales donde los nacimientos tienden a desaparecer, substituidos en muchos casos por figuras como duendes, muñecos de nieve y renos, ciertamente simpáticos, pero que carecen de ese sentido tan humano y profundo que representan cada una de las figuras del niño Jesús, María y José.

A final de cuentas, desde muchos ángulos la Navidad viene dando tumbos y hasta sufriendo ataques violentos, y muchas veces nos encontramos también que en las familias la tradicional cena navideña tiende mucho a lo social y a lo superficial, donde muchas veces ni siquiera se menciona a Jesús.

Por eso urge que seamos promotores en la recuperación del “Espíritu de la Navidad”, que debe significar la propuesta de un cambio profundo de la persona, como ser individual, para contribuir después en la medida de nuestras posibilidades a una transformación social. Si en realidad reflexionáramos un poco más seriamente que la Navidad viene a significar un mensaje de amor, seguramente que mejoraríamos como personas, como familias, como sociedad y como nación.

Reflexionemos que el nacimiento de Jesús –que es lo que verdaderamente se celebra– vino a proponer un cambio radical en la forma de ser, pensar y vivir, de las personas, de las sociedades, de las naciones y del mundo entero. Muchas vicisitudes ha pasado desde entonces el pensamiento cristiano, se ha abusado de muchas situaciones en su nombre, y en otras tantas se le ha condenado injustamente, pero aun así ha cobijado la existencia de millones de hombres, para muchos solo como una cuestión cultural o tradicional, social, económica, o hasta política, pero para millones de todas las razas y naciones en diferentes épocas ha significado vivir la vida acompañados por Dios con un sentido de eternidad, de entrega, y de servicio a los demás, que los ha ayudado a vencer el dolor, las dificultades y los ha conducido a encontrarle sabor a la vida, y, por ende, la verdadera felicidad.

Las familias somos las primeras que tenemos que devolverle a la Navidad ese sentido de profunda alegría, inmersa en esa maravillosa realidad de que Dios viene al encuentro del hombre. La Navidad es como la enorme oportunidad de la reflexión profunda, sincera, pero no al estilo de muchas filosofías orientales que divagan por la eternidad; la Navidad nos habla en concreto sobre Jesús, su amor por nosotros y sus enseñanzas muy concretas.

Pero digamos, en resumen, que la Navidad además de ser una fiesta familiar, debemos darle su sentido espiritual con alguna breve oración, con la lectura de un Evangelio donde se encuentre la narración de ese hecho maravilloso, alegrémosla con los tradicionales cantos de los villancicos, juegos familiares y algunas otras ideas. Démonos la oportunidad para reflexionar que el verdadero Espíritu de la Navidad, es que Dios se ha hecho hombre para estar con cada uno de nosotros, en los buenos y en los malos tiempos, en la duda y en la certeza, en la abundancia y en la estrechez. Es la fiesta de Dios con nosotros. Así festejémosla, y así compartámosla con todos. Seamos antes que nada portadores de paz.

Te puede interesar: Pablo el caminante eterno, capítulo XLIV. Continúa el odio judío sobre Pablo

@yoinfluyo
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com