La Tercera Revolución

La Revolución Mexicana solo fue el comienzo de una larga lista de cambios para México y su historia…


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La Revolución Mexicana fue un acontecimiento histórico muy importante que generó un cambio histórico que coincidió con un cambio en el mundo, y que para esta reflexión podríamos llamar la Primera Revolución, caracterizada por un caudillismo donde diferentes intereses enfrentaron a sus protagonistas y envolvieron al país en una etapa de gran violencia.

La Segunda Revolución es la mítica, que es una presentación ideológica de los acontecimientos históricos de la Primera Revolución y bajo la que crecimos varias generaciones, en donde se nos presentaban los hechos como si todos los mexicanas movidos por un solo espíritu de unidad, se hubieran levantado contra un tirano llamado Porfirio Díaz, para llevar a la nación a un camino de democracia que nos daría a todos los mexicanos la patria soñada, bajo esta perspectiva se quiso crear una nación bajo la sombre durante muchos años de una partido prácticamente único, que controló totalmente al país, y cuyos efectos pesa al cambio democrático de los últimos años seguimos padeciendo hoy día hoy día ante un desarrollo tan desigual, y una violencia como no se había visto desde la época de la revolución.

Pero durante esos años revolucionarios y hasta la instauración de la dictadura del presidente Calles, surgió un hombre brillante en sus ideas, valiente en su actuación, y congruente con su vida, que sería un precursor de lo que hoy llamamos la acción de la sociedad civil, y que por cuestiones ideológicas prácticamente se le ha mantenido en el anonimato, pero que debería ser hoy más que nunca conocido como inspirador de esta acción social, para influir en la reconstrucción nacional en base al progreso, la libertad, la justicia y la paz a la que todos aspiramos, lo que sería una verdadera Tercera Revolución y que él llama de la Revolución de lo Eterno.

El Lic. Anacleto González Flores nace en Tepatitlán Jalisco en 1888, en una familia muy humilde tejedora de rebozos. Dotado de muchas cualidades humanas, es becado en el seminario de San Juan de los Lagos, pero descubre que su vocación, pese a que es un hombre de gran fe, no es el sacerdocio, sino la abogacía, pues siente que ahí es donde puede hacer más para ayudar a luchar por la paz y la justicia.

Desde su época de estudiante se dedica a trabajar con sus compañeros, después como maestro de historia patria con sus alumnos, y más tarde con toda la sociedad, principalmente de Jalisco, poniendo en marcha a la sociedad civil para defender sus derechos ante un gobierno poderoso, y llevando sus acciones a todos los estados circunvecinos por medio de una organización social fundada por él, que se llamó:” La Unión Popular”. Esta llegó a aglutinar al menos a cien mil personas convencidas y participativas, cantidad enorme para aquella época, y con la que pretendía influir en todos los medios de la sociedad, o sea en la educación, en la prensa, en la cuestión social, en la política, involucrando a todos los ciudadanos a participar activamente en la conducción y destino del país, en una acción pacífica, pero determinada hasta, si era necesario, con el martirio mismo.

Hoy que vemos el derrumbe de los partidos políticos, que han dejado de estar al servicio de las necesidades ciudadanas, para concentrarse exclusivamente en una lucha por conquistar el poder, debemos conocer más que nunca como inspiración para la actuación de la sociedad civil a este gran mexicano, por lo que a continuación expondremos brevemente parte de su pensamiento, acotando que esta lucha lo condujo a una muerte violenta e injustificada por parte del gobierno, que no encontró otra manera de acallarlo, más que con el sacrificio de su vida que él enfrentó con la gallardía y el valor que lo caracterizó toda su vida.

El Maestro, como era conocido por todos, había adquirido una cultura universal muy completa, y hablaba y enseñaba sobre multitud de temas, pero aquí señalaremos solamente algunos de sus textos que se refieren precisamente a la acción de la sociedad. Desde luego, Anacleto había hecho un análisis profundo sobre la revolución y actualizaba sus observaciones sobre la misma, como podemos ver en el siguiente escrito político que publicaba donde advertía y desenmascaraba las maniobras de los políticos, como por ejemplo el engaño de Obregón que decía a los cuatro vientos que no pensaba reelegirse: “Decir que el Gral. Obregón es desde hace mucho tiempo, en nuestro país, el personaje central de la política revolucionaria, es decir, una verdad que todo el mundo conoce […] Los cándidos que piensan que Obregón va a decir que no acepta la reelección se quedarán con un palmo de narices […] A nosotros no nos causa extrañeza esta actitud de Obregón. Sabemos de sobra que las revoluciones viven de contrasentidos y de marchar en línea recta contra sus propios programas. Las revoluciones son exactamente el reverso de lo que dicen ser y de los programas que formulan. Y si alguien se atreve todavía a dudarlo a pesar de todas las enseñanzas de la historia, no tiene más que volver sus ojos a Cajeme. Las revoluciones después de mutilar a los hombres mutilan también los principios. Cajeme no solamente lo dice: lo grita: Porque Cajeme es ahora el latifundio de un reeleccionista”.

Por eso sus propuestas de una revolución pacífica iban a fondo proponiendo antes que nada una renovación del hombre:

“Se sabe que es necesario reconstruir totalmente al hombre interior y al hombre exterior y que, este, aparte de ser ciudadano, debe ser una verdadera unidad social y que para esto urge que las energías de la sociedad vuelvan al cauce del orden y, que el talento, la riqueza, la propiedad y el poder, sean fuente rica e inagotable de luz, de justicia y de bienestar para todos. Se ha llegado a comprender que solamente así será posible contener la corriente desbordante de las revoluciones e inaugurar una verdadera era de paz en el mundo”.

“El deber de consagrarse a la acción social pesa sobre todos. Sobre los hombres, sobre las mujeres, sobre los sabios, sobre los ignorantes, en fin, sobre todos. Es claro que en la forma en que cada uno tiene que hacerlo variará muchísimo. Unos, como los padres de familia harán labor social profunda llenando cumplidamente sus deberes en el hogar preocupándose de corazón por educar a sus hijos; las mujeres en general pueden poner en acción sus energías para contribuir al restablecimiento del orden social, los hombres de trabajo procurando buscar los centros, las lecturas y los medios que habrán de sacarlos de su ignorancia y de su miseria, en fin, cada quien en la situación en la que se halla con tal que desee trabajar por los demás encontrará el modo de ayudar a la reconstrucción de nuestra sociedad”.

“La organización es y debe ser la más grande de nuestras esperanzas después de Dios… la raíz vital y profunda de un pueblo se encuentra en la unidad”.

Muchas son las propuestas que escuchamos para la transformación de la sociedad, pero la misma sigue sin transformarse, Anacleto hacía las siguientes propuestas buscando arraigar convicciones en los hombres para en verdad conseguirla:

“¿Que ha faltado y que le falta a nuestros esfuerzos, a nuestra ciencia, a nuestro arte, a nuestros descubrimientos, a nuestras construcciones? Una sola cosa: el amor. Y por esto nadie se mueve ni se ha movido para salir de sí mismo y para ir en busca de los pobres, de los débiles, de los desheredados, de los ignorantes que son los más y derramar sobre ellos la luz magnífica de las doctrinas salvadoras, la quietud y el sosiego que brotan del esparcimiento de la riqueza según los principios de la Sociología Cristiana”.

“Nosotros hundiremos nuestro pensamiento y nuestra palabra en las profundidades del alma de la Patria, incrustaremos en ellas con cinceladuras muy hondas la figura de Cristo, y así lograremos tener lo que jamás han logrado producir todas las revoluciones juntas: hombre de virtud acrisolada, amantes de practicar la justicia, de respetarse a sí mismos y a los demás. De sacrificarse, de hacer el mayor bien posible a sus semejantes y a rendirle culto fervoroso y sincero al derecho. Entonces la libertad reinará”.

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