Pablo el caminante eterno, capítulo XLI. De Corinto a Éfeso

Un día un grupo de judíos se decidieron hacer daño a Pablo para evitar que esa comunidad siguiera creciendo…



Pablo pasó casi 18 meses en Corinto donde la comunidad progresaba, para los romanos era todavía difícil identificar a los cristianos como un grupo diferente al de los judíos, pero éstos en cambio se encontraban bastante molestos al sentir que Pablo creaba una comunidad que torcía los principios de la ley, y además hacía que muchos miembros de la comunidad judía la traicionaran siguiendo al apóstol y haciéndose cristianos.

Un día un grupo de judíos se decidieron hacer daño a Pablo para evitar que esa comunidad siguiera creciendo, así entre varios lo sacaron de su trabajo y lo llevaron ante el tribunal del cónsul romano Galeón acusándolo de profesar una religión contra la ley.

Pero el cónsul no recibió con benevolencia a los judíos, y les respondió con severidad y cierto desprecio que, si la acusación fuera contra la justicia o la violación de una ley romana la escucharía, pero sobre cuestiones religiosas no estaba dispuesto a involucrarse.

Sóstenes el jefe de la sinagoga trató de bajar la escalinata para acercarse al gobernador e insistir con la acusación, pero en el trayecto se encontró con ciudadanos que no eran simpatizantes de los judíos, así que lo agredieron y lo sacaron del lugar.


Libre ya de Judíos Galio se enfrentó a Pablo personalmente, y lo liberó, seguramente al ver la tranquilidad y la mirada del judío debe haber visto en su persona un rasgo de nobleza y fuerza espiritual, y lo dejó marchar tranquilamente.

Pablo gozaba de tranquilidad en Corinto y seguramente desde el punto de vista humano estaba muy a gusto, sin embargo, su corazón apostólico le indicaba que era tiempo de partir para continuar su obra misionera.

Con Silas y Timoteo decidió partir para Éfeso, esa ciudad donde Homero había meditado sobre los principios de todo ser y de la eterna razón universal. Herodoto puso los cimientos de la Historia y Tales de Mileto se convirtió en el padre de la filosofía.

El viaje debe haber tomado cerca de 10 días, ya que, aunque la distancia es corta, en ese tiempo los navegantes no avanzaban de noche. Llegaron al puerto de Panormo que era la desembocadura de un río y tomaron un pequeño bote hasta su destino.

En Éfeso había una importante colonia de judíos, además a través del banco de la ciudad pasaban todos lo donativos que se enviaban a Jerusalén. Llegó y se hospedó en la casa de una familia, el sábado fue a la sinagoga y tuvo algunas discusiones con los judíos, y después, aunque le rogaron que se quedara decidió marcharse y les dijo; "Si Dios quiere, volveré de nuevo por aquí."

Se embarcó nuevamente hacia Cesarea, e hizo una breve visita a la comunidad de Jerusalén que se encontraba ya un tanto disminuida y asilada, lo que era muy triste dado que ahí es donde Jesús había muerto y resucitado y enviado a los apóstoles a su misión de llevar su mensaje a todo el mundo.

 

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