Aprender de los árboles

Los árboles son un gran ejemplo de cómo podemos cuidar y querer de nuestro prójimo.



Los nogales son árboles majestuosos que producen un fruto delicioso que nos llena de energía, en esta temporada he visto dos maneras muy diferentes de cuidarlos y de cosecharlos. Una manera es fruto de una relación larga y productiva entre un agricultor que cuida a sus árboles para que puedan desarrollarse y producir más y mejor; la otra, fruto del encuentro ocasional de quién va pasando y quiere arrancar el fruto sin cuidar la salud del árbol, arrancando a la fuerza y rompiendo las ramas por capturar unas pocas nueces.

En ambos casos, el objetivo es recoger el fruto de los árboles, sin embargo, la manera de hacerlo brinda muy diferentes resultados, en el primer caso, la huerta se mantiene y sigue produciendo, los árboles son tratados con toda delicadeza, pendientes de su salud y productividad; en el otro caso, los árboles se secan, mueren poco a poco, se marchitan y a nadie le importa, nadie se muestra agradecido con el árbol ni se preocupa de que el próximo año produzca o no, se busca el beneficio inmediato.

El compromiso cristiano con el prójimo implica volverse “próximo” a él, sentir su dolor o su necesidad, amarlo como a sí mismo, saber que la relación no es efímera sino eterna, es cuidar y alimentar el árbol en lugar de pasar y arrancar la rama.

En una sociedad plural es relativamente fácil coincidir en objetivos sociales, sin embargo, lo difícil es ponernos de acuerdo en cómo lograr esos objetivos. En muchas áreas del conocimiento y de la actividad humana la mejor manera de lograr resultados exitosos es intentándolo, de diversas maneras, con distintas metodologías, pero intentándolo, una y otra vez, en algunas ocasiones fracasando y aprendiendo, hasta que funciona.

Para resolver problemas sociales, hay diferentes maneras y perspectivas para lograrlo, hay quienes al relacionarse con las personas cuidan de ellas, las respetan y les importa su desarrollo, se preocupan por su salud o bienestar; y también hay quienes simplemente usan de ellas sin importar las consecuencias de una relación efímera o clientelar, sin buscar su desarrollo, sin mostrar respeto por su dignidad.

Para cuidar una huerta con la mejor tecnología ambiental disponible, es necesario estar ahí e intentarlo, invitar a los expertos a experimentar y hacer pruebas, invertir tiempo, dinero y esfuerzo buscando la mejor manera de hacer las cosas.

Si queremos soluciones humanistas, no basta con señalar los problemas, hay que ser solidarios y estar ahí, implicarse, dedicar tiempo, esfuerzo, estudiar modelos exitosos y acompañar a quien tiene el problema para aprender con él de las luchas fallidas, intentar cosas diferentes hasta encontrar lo que si funciona.

Hay quien invierte mucho tiempo en señalar las maneras de cómo no se deben hacer las cosas, y muy poco tiempo en mostrar con alternativas la manera correcta de hacerlas. Otros buscan que la realidad se ajuste a sus ideas pasando por encima de la dignidad de las personas; recordemos que la realidad es superior a la idea, por tanto, más importante que criticar, o teorizar desde la ideología, es necesario documentar, compartir y proponer lo aprendido en acciones concretas que resuelven problemas y transforman la realidad.

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