Los ahorcados

A quienes buscan el poder económico no les importa quitar vidas sean de jóvenes, adultos o niños por nacer.



Este fin de semana aparecieron ahorcados 11 jóvenes con edades entre 18 y 23 años en una casa de seguridad aparentemente masacrados como parte de la guerra entre pandillas de narcotraficantes y vendedores de droga, también se registraron otros asesinatos en esa ciudad asociados a la misma problemática, y según la fuente periodística consultada serían 28 o 30 en un par de días.

Esta violencia se manifiesta a menos de una semana de que inicie en esa frontera el foro “Por la Pacificación y Reconciliación Nacional” convocado por el virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

Esta misma semana también se someterá a votación en la Cámara de Senadores de Argentina una legislación que permitiría asesinar legalmente dentro del vientre de su madre a los bebés.

Frente a estas situaciones de violencia y propuestas para generar políticas públicas en estos dos países que inciden directamente sobre la vida o la muerte de personas, recordé el discurso de Santa Teresa de Calcuta donde habló de la paz, de los jóvenes en la droga, del aborto y de la familia, al recibir el Premio Nobel de paz.

La violencia en México lleva muchos años y su motor fundamental son las ganancias económicas asociadas al tráfico, la venta, el consumo de drogas y otros crímenes que incluyen secuestros y extorsiones y que llevan a qué territorios enteros del país sean gobernados por criminales en lugar de por las autoridades.

Al igual que en los asesinatos de jóvenes por cuestiones de droga donde la motivación fundamental es la ganancia económica, los argumentos principales y que a veces no se expresan con claridad para promover y legalizar el aborto son también económicos. Para algunos, los pobres no deberían tener más hijos, y las jóvenes embarazadas deberían privilegiar su bienestar económico a costa de la vida de sus hijos. Para algunos gobernantes resulta más fácil reducir la pobreza evitando que nazcan pobres, y para muchas organizaciones los abortos son un negocio muy redituable.

La autoridad moral de Teresa de Calcuta no se deriva necesariamente de su fe, sino de su testimonio y trabajo por los más pobres y abandonados en todo el mundo, una labor reconocida por gente de toda creencia o nivel económico, político y social. Es tan importante su trabajo que le mereció el Nobel de la paz.

En su discurso frente a reyes, académicos y políticos afirmó: “el más grande destructor de la paz es el aborto (…) Porque si una madre puede matar a su propio hijo- ¿qué falta para que yo te mate a ti y tú me mates a mí? - no hay nada en el medio.” Esto lo dijo después de que describió su experiencia de ver a jóvenes caer en garras de la droga por no contar con el amor de una familia, por la ausencia de los padres, que finalmente deriva en violencia y muerte en todo el mundo.

A quienes buscan el poder económico no les importa quitar vidas sean de jóvenes, adultos o niños por nacer, mientras que quien más se preocupa por los más necesitados como la monja de Calcuta, lo hace sin pensar en el dinero; los primeros siembran odio y violencia, los segundos aman y se entregan a los demás en la pobreza y generan la paz.

En su video de este mes el Papa Francisco invita a las grandes opciones económicas y políticas a que protejan a la familia como el tesoro de la humanidad y señala que la poca atención de las instituciones puede poner a la familia en peligro. Los organizadores de los foros convocados por López Obrador, y los senadores argentinos tienen la oportunidad de reconocer la importancia de la familia para la paz y la reconciliación de la sociedad y en consecuencia proponer medidas concretas para proteger la vida de los no nacidos, de los jóvenes y de las familias con buenas políticas públicas.

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