La niña sin calzoncillos

Los proyectos de planeación y desarrollo deben considerar que afectaran vidas concretas.



Mientras recorría un fraccionamiento semiabandonado y vandalizado, con los estragos de constantes inundaciones por agua de riego, aguas negras y agua de lluvia, vi una imagen que me ayudó a sintetizar la tragedia: una niña salía de lo que había sido un parque, un espacio donde la hierba y la basura tomaron el lugar de las áreas verdes y los juegos, la niña tendría seis años o menos y cruzó la calle sola, a una cuadra de ahí al doblar la esquina estaban unos jóvenes que según la consigna popular se dedican al tráfico de droga.

La niña llevaba su inocencia sabe Dios con cuantos sueños y fantasías que le permitían ir despreocupada con su cabello sucio y despeinado, vestida con un conjunto de dos piezas breves que pudieran considerarse adecuadas por el calor de la tarde, mientras se acomodaba la faldita que se le caía al caminar y dejaba ver que no traía calzoncillos.

Esa como muchas otras colonias con algunas variaciones, pueden encontrarse en cualquier tipo de ciudad, donde no se tiene resuelto ni el problema de abastecimiento de agua, el drenaje, las inundaciones o el pavimento, donde las zonas que fueron concebidas como parques lucen hoy como basureros. Aquí además se agrava porque el lugar es utilizado por narcotraficantes como punto de cruce de droga a Estados Unidos.
En la encíclica Laudato Si, el Papa Francisco plantea algunos problemas actuales: “la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad.” Todas estas condiciones están a la vista en esta zona de la ciudad.

También se expresa en ese documento que “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social.” Y entre otras cosas señala también que “No suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos.”

Los proyectos de planeación y desarrollo deben considerar que afectaran vidas concretas, gente con nombre y apellido a quiénes se debe respetar su dignidad y considerar el entorno para que sean sustentables.

Hay un gran espacio para la actuación de los cristianos en condiciones como las descritas, desde los desarrolladores de proyectos, los constructores y profesionales que deben actuar con ética profesional sin anteponer las ganancias económicas que provocan tragedias sociales de largo plazo, hasta los gobiernos que permiten o incluso promueven proyectos en zonas inundables o de riesgo, que condenan a los más pobres a ser más pobres y vulnerables, en lugar de mejorar su calidad de vida.

Los vecinos tienen que convivir con esa realidad de deterioro ambiental que en lugar de ayudar a vivir en paz, rompe y llama a la violencia, los habitantes son familias jóvenes donde padre y madre trabajan y los niños quedan a la deriva en ambientes de riesgo.

Revertir el proceso requiere intervención de autoridades y organismos sociales de todo tipo que destierren a las pandillas que controlan el tráfico de drogas, después es necesario trabajar en la rehabilitación de las viviendas y los espacios de convivencia que permitan reconstruir el entorno y el tejido social, para brindar espacios y tiempo a los niños y a sus familias que les permitan desarrollarse.

Es necesario convivir con las personas y sus problemas para conocerlos y ayudar a resolverlos, no dejarlos como excluidos de la sociedad y del desarrollo. Mientras trabajamos en eso desde nuestras responsabilidades públicas y privadas, pidamos por la protección de niñas y niños que deambulan por las calles llevando su inocencia en medio de ambientes degradados llenos de peligros.

@yoinfluyo
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