¡Feliz Día del Niño!

Un niño debe ser festejado como se merece y debe aprender las formas correctas de generar un cambio basado en valores.


Día del niño


Nuevamente se juntan muchos días para celebrar, que día del niño, que día de la Tierra y otras varias. Imposible dedicar una reflexión a cada uno y aunque la Tierra es importantísima para los temas del medio ambiente y la naturaleza, pues se desarrollan precisamente sobre ella, prefiero dedicar este espacio al niño, porque de la niñez depende el futuro de nuestra Patria, del mundo entero y por supuesto el medio ambiente.

Con la autorización expresa del Padre Nacho (José Ignacio González Molina S.J.) notable historiador, voy a presentar un artículo que publica en su columna “mexicanidades” que aparece cada martes en el diario La Opinión, por tener un gran valor, pues presenta lo que lograron los extraordinario evangelizadores de México enviados por España en el siglo XVI, siendo conmovedor, lo que lograron a base de amor transformando una Cultura de la Muerte en una Cultura de la Vida y del Amor, lo que se nota claramente en la forma de educar los padres a sus hijos, que con los valores recibidos, formaron una sociedad digna, segura, próspera, que por siglos no tuvo problemas, hasta que los seguidores de la Cultura de la Muerte que siempre divide y enfrenta, empezaron a meter cizaña instigados por la mafia de EE.UU.

Una educación en valores así, es lo que necesita México para solucionar todos sus problemas y no tarugada y media que es lo que nos trata de imponer la izquierda populista. Celebremos a nuestros niños en este su Día y todos los días ¡viva el niño en su día!

Veamos el artículo del Padre Nacho:

Teniendo en cuenta esta celebración que nuestro país comenzó a festejar desde el 30 de abril de 1924, siendo el licenciado José Vasconcelos el titular de la entonces naciente Secretaría de Educación ¡ública, conviene recordar lo que Fray Toribio de Benavente o Motolinía (1482-1491?-1569) escribió en su Historia de los indios de la nueva España:
“Todos los niños cuando nacían tomaban el nombre del día en que nacían, ora fuese una flor, ora dos conejos; y este nombre les daban al séptimo día, y entonces si era varón poníanle una flecha o saeta en la mano, y si era hembra dábanle un huso y un palo de tejer, en señal de que había de ser hacendosa y casera, buena hilandera y mejor tejedora; a el varón porque fuese valiente para defender así a la patria, porque las guerras eran muy ordinarias cada año; y en aquel día le regocijaban los parientes y vecinos con el padre del niño. En otras partes, luego que la criatura nacía, venían los parientes a saludarla, y decían le (sic) estas palabras: ‘venido eres a padecer, sufre y padece’, y esto hecho, cada uno de los que le habían saludado le ponían un poco de cal en la rodilla” […] (78)

También es interesante lo que fray Bernardino de Sahagún (1500-1590) describe de los niños en su Historia general de las cosas de Nueva España; en su libro VI, capítulo XVII, encontramos estas palabras: “Del razonamiento lleno de muy buena doctrina en lo moral, que el señor hacía a sus hijos cuando ya habían llegado a los años de discreción, exhortándolos a huir (de) los vicios y a que se diesen a los ejercicios de nobleza y virtud”. En el capítulo siguiente (XVIII) leemos lo que sigue: “Del lenguaje y afectos que los señores usaban hablando y doctrinando a sus hijas cuando ya habían llegado a los años de discreción: las exhortan a toda disciplina y honestidad interior y exterior y a la consideración de su nobleza para que ninguna cosa hagan por donde afrenten a su linaje; les hablan con muy tiernas palabras y en cosas muy particulares”. Por ejemplo: “Tú, hija mía, preciosa como cuenta de oro y como pluma rica, salida de mis entrañas, a quien yo engendré y que eres mi sangre y mi imagen, que estás aquí presente, oye con atención lo que te quiero decir, porque ya tienes edad de discreción: dios criador te ha dado uso de razón y de habilidad para entender…cómo son las cosas del mundo y que en este mundo no hay verdadero placer, ni verdadero descanso, más antes hay trabajos y aflicciones y cansancios extremados, y abundancia de miserias y pobrezas”…

En nuestra Historia Patria del siglo XIX, tenemos un momento glorioso con Narciso Mendoza, alias “el niño artillero”, quien en febrero de 1812 defendió con un cañón la plaza insurgente de Cuautla (Estado de Morelos) ante el ataque de los realistas que comandaba el sanguinario Félix María Calleja. Y también es relevante el sacrificio cruento de “los niños héroes”, al defender el Castillo de Chapultepec, aquel 13 de septiembre de 1847, ante el ejército invasor de los yanquis, que comandaba Zacarías Taylor, callando las izquierdas el nombre de uno de ellos: Miguel Miramón que se hizo notorio más tarde, como un genio militar al combatir a los que habían vendido su patria a los yanquis. Más notable que nada es el valor de Joselito (José Luis Sánchez del Rio) mártir en la Cristiada (1926 a 1929) que al enrolarse en las filas Cristeras con tan solo 13 años, se despidió de su madre consolándola: “mama no te preocupes, nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo” y ciertamente se ganó el cielo pero a costas de valor, determinación y sacrificio (emulando a San Vicente de Zaragoza ante el cónsul romano) sufriendo los más tremendos dolores aguantados al grito de “Viva Cristo Rey”.

Actualmente existen otros “niños héroes” en nuestro país, sobreviviendo en condiciones infrahumanas en las zonas agropecuarias, suburbios, esquinas, calles y avenidas, al pretender adquirir un pedazo de pan o algo que aportar para la familia en pobreza extrema… ¡Quedan muchas tareas pendientes en el horizonte de la niñez!

Hasta aquí el artículo del padre Nacho, que a través de la historia nos demuestra claramente, lo que la cultura de la vida y del amor puede lograr ahí donde antes imperaban los sacrificios humanos de guerreros y doncellas, las Guerras Floridas para obtenerlos del único reino independiente en el Imperio Azteca, el de Tlaxcala, donde cebaban a mancebos para comerlos y cometer sodomía. Es tierna la descripción que hacen los frailes evangelizadores e historiadores de la relación de respeto y lleno de valores que existía entre padres e hijos después de haber sacudido la cultura de la muerte.

Esto es precisamente lo que debemos lograr también ahora y que es posible, si reinstauramos la cultura de la vida y del amor, si le volvemos a dar a Dios el lugar que le corresponde en la vida pública y privada. No debemos dejarnos envolver y engañar por la izquierda populista, que actúa de acuerdo con los principios negativos y que solo nos dejaran divisiones sociales, odios, violencia, inseguridad, delincuencia, pobreza, disolución de familias, desubicación de la juventud, asesinatos de inocente no nacidos y tantos otros males, de los que aseguran que nos van a librar, pero que, al contario, sumen al pueblo cada vez más en esta situación. Observemos lo que está sucediendo en Venezuela, donde el pueblo desesperado tarta de sacudirse esta tiranía populista.

Feliz el día del niño, cuando podamos ofrecerle nuevamente un mundo lleno de paz, alegría, vida y amor, logrando que México sea lo que todos ansiamos.

“Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde hay agua y aire puro hay vida.”

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