¡Resucitó!

Desde su fundación la Iglesia ha tenido que enfrentar adversidades.


Dios y sus enemigos de izquierda.


Muerte, ¿dónde estás, oh muerte, dónde tu victoria, dónde tu aguijón?

La cultura de la muerte, dio su inicio, desde el momento en que Luzbel pronuncio el fatídico “Non Serviam” (la soberbia, alimentadora del EGO), a Eva y a Adan los tentó precisamente por ahí: “Estarán por encima del bien y el mal” “Serán como Dios”, desde ahí, empezando la historia de la humanidad, siempre estuvo puesto aprovechando la concupiscencia de la naturaleza caída del hombre y su mente que no está dispuesto a abrirla, para apartarlo de Dios y eso lo sigue haciendo hasta nuestros días.

Al crear Dios al universo dispuso una ley natural que rigiera a toda la naturaleza, incluyendo al hombre al ser parte de ella, estando bien lo que la sigue y mal lo que la quebranta, que al no seguirla hemos llegado al tan tremendo deterioro del medio ambiente (naturaleza). Esa misma ley es la que sembró en el corazón de los hombres de todos los pueblos, siendo la conciencia la que nos llama la atención si obramos bien o mal, es decir nos dio a través de la razón, que no la tiene ningún otro ser, la facultad de discernir entre el bien y el mal.

Como a pesar de eso había confusión y la humanidad daba tumbos, como lo sigue haciendo ahora y más, con el socialismo populista; escogió a un pueblo para irlo centrando y a través de el a los demás y este pueblo fue el judío, al que a través de los profetas y de Moisés les fue indicando el camino, advirtiéndoles sobre la venida de un Mesías, que defectivamente les dejaría todo claro, los redimiera de todas las culpas, haciéndolos nuevamente hijos de Dios, pudiendo así, disfrutar de una felicidad eterna.

Al llegar Nuestro Señor como lo había anunciado la Sagrada Escritura a través de los profetas y de Moisés. A pesar de que estaba claro en las Escrituras, y las obras realizadas por Él, los doctores de la Escritura, el consejo de ancianos, los escribas y fariseos, no quisieron reconocerlo, porque no correspondía a lo que ellos querían, que era un rey poderoso, que les diera la libertad, que los pusiera sobre el imperio romano y cualquier pueblo.

Al renunciar el pueblo judío a reconocer a Nuestro Señor Jesucristo, la naciente Iglesia Católica (Universal) se convirtió en el pueblo escogido, portador de la cultura de la vida y del amor, como la designaría San Juan Pablo II y S.S Benedicto XVI, que no es más que la enseñanza de Nuestro Señor.

Desde entonces la Obra de Dios, su Iglesia ha sido combatida por los seguidores de la cultura de la muerte, la que se ha dado por llamarse izquierda. ¿Será porque Nuestro Señor dijo que los que lo siguieran y cumplieran lo establecido por él se sentarían a su derecha y que los que no quisieran reconocer su llamado y actuaran en contra de él, tendrían su lugar a su izquierda? Es significativo. ¿O no?

A través de la Historia se pueden comprobar las constantes acciones en contra de la Iglesia y todo aquel que la defienda. Al principio trataron de desprestigiarla y crear una opinión contraria verbalmente, después con la invención de la imprenta por Gutenberg, desde Inglaterra y Holanda y después también desde EE.UU se empezó a difundir ampliamente la leyenda negra en contra de la Iglesia y de España que era su defensora por vocación.

Avanzando los descubrimientos y la tecnología, las acciones se hicieron cada vez más sofisticadas. La izquierda se apodero de las Agencias Noticiosas Mundiales AP (Asociatet Press), FP (France Press), Reuter y otras, haciéndole llegar a la prensa, radio y televisión las noticias que le convenían y en la forma que le convenía, falseadas según era preciso para sus intereses, formando la opinión publica a su antojo.

Insistiendo sobre lo que presentaba, sin importarle que se probara que era falso, al cabo ella controlaba los medios de comunicación y una mentira repetida una y otra vez sin parar se vuelve verdad ante la opinión pública, según lo mencionó Ribbentrop, el secretario de Propaganda de Hitler: “Basta repetir una mentira las suficientes veces, para que se convierta en verdad”. Esto lo aplican siempre y es por lo que estamos como estamos y mientras no rectifiquemos seguirnos igual.

Hace unos días conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor y desde aquel acontecimiento que cambio la historia de los pueblos, lo que fue desde un principio una leyenda negra, aunque el nombre no se le dio hasta el siglo XVI, ha sido constante, acompañada de acciones lo más contundentes posibles para dañar a la Iglesia. Los seguidores de la cultura de la muerte, instigados por el Demonio, están decididos más que nunca en establecerla totalmente en todo el mundo, a pesar de que habiendo podido lograrlo desde hace tiempo, no lo han hecho y no piensan que Nuestro Señor lo dijo muy claramente: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra mi Iglesia”. Y es porque la fe da al fiel una fuerza tal que podrán hacer lo que quieran se mantendrá firme, sin claudicar y dejar de luchar por la instauración de la cultura de la vida, esto lo deja claro lo que durante la persecución en España, parte del Imperio Romano, san Vicente, Obispo de Zaragoza, le respondió al cónsul romano Daciano, al ser torturado con la mayor crueldad y saña: “Descarga sobre mi cuerpo todo el peso de tu furor y yo te haré ver que la fe comunica al cristiano una fuerza invencible.”

El cristiano recuerda cada año lo que representa la resurrección, y que cada día deberá para el ser un resurgir de su alma a una nueva vida cada vez más cerca de Dios, pudiendo exclamar con la mayor confianza:

Muerte, ¿dónde estás, oh muerte, dónde tu victoria, dónde tu aguijón?

Porque el Señor ¡resucitó!

“Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde hay agua y aire puro hay vida.”

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