Pueblo que canta…. Es de gente buena

México es rico por su gente que canta a distintos géneros y ritmos, y es esta misma la que representa lo mejor de nuestro país.


Pueblo que canta


“Donde se canta, ahí puedes asentarte, gente mala no conoce de canciones”, este dicho alemán, que me enseñó mi padre siendo yo pequeño, es totalmente aplicable a nuestro pueblo, en el que hasta se llega a decir, que “también de dolor se canta”.

En todos los países del mundo se ha cultivado el canto, aunque en algunos se ha desarrollado más esta afición. Qué viajero no se ha encantado con los gondoliere en Venecia que al impulsar la góndola de los visitantes llenan esos estrechos canales con su voz armoniosa. Qué estudiante del mundo no ha vibrado al convivir en una reuniendo estudiantes de una de tantas Verbindungen (asociaciones estudiantiles), que acompañados de un buen vino o cerveza se pasan la noche cantando alegremente. O sentado en un Brauhaus (taberna de cerveza) se une a las canciones que todos entonan, acompañando la cerveza con un panecillo y su consabida salchicha. El famoso Oktoberfest del que el de Múnich es la fiesta popular más grande del mundo, del que el Schuetzenfest (fiesta de tiradores) con su Gruenkohl (col verde) que acompaña la cerveza es una variante, es conocido en todo el mundo. El cante jondo de Andalucía que acompaña a las salerosas “bailaoras” de flamenco en los tablados. Y tantas otras manifestaciones populares. Hay países que se hacen notar más por sus canciones, pero no hay uno solo en el que no se cante.

Pero México se ha señalado muy especialmente por su vocación a cantar. No de balde cuenta con sus magníficos, alegres y armoniosos conjuntos de “mariachis”, creación netamente popular, de los que han gustado tanto que un gran número de países del mundo cuenta con sus “mariachis” con su característico y elegante atuendo y que cantan con entusiasmo nuestras canciones en castellano, aunque ni siquiera saben el idioma. Los hay en Croacia, Alemania, Francia, España, Japón, Sudamérica y Norteamérica y tantos más, tanto que hasta se tiene una Federación Mundial de Mariachis, que se reúne cada año en Guadalajara. Es un fenómeno único en el mundo. Otro punto muy nuestro y que no lo encuentras en ningún lugar, es el de las “mañanitas” que le lleva el pueblo de México alegremente a su “Virgencita” o a su “Santo” o “Santa”, patrono o patrona del lugar. Es de llamar la atención “las Mañanitas a la Guadalupana” que vibra en su día, no solo en la Villa del Tepeyac, cantadas por las y los cantantes más prestigiados del país, sino en todas las iglesias de la nación por los fieles lugareños y en todo el mundo donde hay mexicanos presentes.

Tenemos canciones para todo, a nuestra tierra, a nuestro Dios, a Nuestra Madrecita, de enamorados, de desilusionados en el amor, de añoranza y nostalgia, de reclamo, a la belleza, amaneceres o puestas de sol, a caballos afamados, a la naturaleza, de corridos que cantan las proezas de hombres o mujeres notables, de los que se llegó a establecer un género muy especial los “corridos cristeros”, que habían permanecido por muchos años como tabú, hasta que un francés, un gran hombre e historiador Jean Meyer, sacó a la luz las proezas de esos valientes hombre y mujeres, gracias a quienes debemos nuestra relativa libertad religiosa. Tenemos canciones alegres, sentimentales, de duelo, románticas, de desafío como son los conocidos huapangos de la Huasteca, en los que dos cantantes se van contestando cantando los veros improvisados del contrincante.

México lleva el canto en la sangre como ningún otro país. Se nace cantando, se vive cantando y se muere cantando. Es un país en el que muy especialmente se puede aplicar el dicho alemán citado “donde se canta, ahí puedes asentarte, gente mala no conoce de canciones”, que por lo mismo invita a quedarse, habiendo desarrollado esa tradicional hospitalidad del mexicano.

Ciertamente nuestra nación que nació al amparo de Santa María Reina, Virgen del Tepeyac, y que a través de san Juan Diego nos dijo con mucho cariño: “Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que soy la siempre Virgen Santa María, madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador, cabe quien está todo; Señor del Cielo y de la Tierra” […] “no estoy yo aquí, que soy tu madre.” (Nican mopohua). Es un pueblo bueno que canta en todo momento, al que ni siquiera la campaña insidiosa de la izquierda (socialismo) ahora en su modalidad populista, ha logrado descristianizar por medio de la cultura de la muerte, que ha tratado de imponernos a como dé lugar y por todos los medios a su alcance.

Es un pueblo que, cantando, no solo invita a quedarse, como dice el dicho citado, sino, que cantando superará todas las contrariedades y problemas por grandes que sean, porque es un pueblo de gente buena, que de sobra sabe de canciones y que en ese plan no le pueden contar nada, porque se las sabe de todas, todas.

Se habla de momento de que hay que crear una iniciativa de “prevención del delito”, para acabar en definitiva con la delincuencia, que se fortalece en forma alarmante y con la corrupción, que, junto con la mentira y la calumnia, en realidad es la causa por la cual crecen todos nuestros males. pero como se puede prevenir, si inclusive una cosa buena, tal como se está haciendo en muchos renglones, se quitan de un plumazo, la reforma educativa, por la que se evaluaba la capacidad de los maestros, para capacitarlos y en esa forma mejorar el nivel de instrucción, mas no de educación que esa no se ha dado, y ahora menos se dará, pues esta requiere de valores, lo que cada vez más se hacen a un lado.

La única, prevención del delito y superación de la corrupción se logrará por medio de la educación, que deberá basarse en los valores fundamentales de la humanidad, que se fundamentan en lo esencial de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Solo el amor es capaz de vencer el odio, la corrupción, la delincuencia, todo aquello que, a través de la cultura de la muerte, el socialismo populista, está promoviendo. Y el amor lo vive y lo siente un pueblo bueno, un pueblo que canta.

“Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde hay agua y aire puro hay vida.”

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