¡A ver de qué cuero salen más correas!

Como los dichos mexicanos no hay dos y tampoco como los expresa AMLO en sus declaraciones.


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A mí me encantan los dichos mexicanos. En todas partes del mundo (supongo) suelen usarse dichos, pero como los dichos mexicanos creo que haya pocos y tan aplicables a la vida diaria, a lo que sucede, por ejemplo ese que dice “aquí nomás mis chicharrones truenan” que en estos días López Obrador nos lo ha querido hacer entender muy claramente y que no va a permitir que no se cumpla lo que él dispone, queriendo cínicamente hacerlo aparecer como una decisión democrática del pueblo (el pueblo mandó o populismo en otras palabras). Pero “Pa’ los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo”, añadiéndole que “a ver de qué cuero salen más correas”.

Y no es que sea yo echador, que en su caso también me sé esa bonita canción que dice “…y si echo bravatas también las sostengo, soy muy mexicano y a orgullo lo tengo…”, porque los que me conocen saben “que en la raya me muero”, pues “soy mexicano, muy atravesado…”.

¡Cómo me encantan esos dicho mexicanos! “que nos pintan de cuerpo entero” y le dicen a todo el mundo lo que somos y lo que sentimos y que no le bullan, porque “el que nos busca, nos encuentra” y que no traten de madrugarnos, porque “para uno que madruga, otro que no se acueste.” Y así podríamos seguir y la historia lo ha demostrado con realidades que “no son habladas” y en cuanto a mí como dice el dicho: “Soy más mexicano que el pulque”, pues como ya lo manifesté en otra ocasión, soy un germano, hispano de corazón y soy hispano por ser mexicano.

E insisto: no son habladas, porque “a las pruebas me remito”, nuestra historia, la verdadera, lo ha demostrado de sobra, ahí están Netzahualcóyotl el rey poeta, Cortés, la Malintzi, Cuauhtémoc, Vasco de Quiroga (Tata Vasco), Juan de Zumárraga, Juan Diego, Sebastián de Aparicio, Sor Juana Inés de la Cruz o de Asbaje, la Monja Alférez, Agustín de Iturbide, Vicente Guerrero, los que lucharon junto al Batallón de San Patricio contra los yanquis (que no son los Santa Anna, ni Gómez Farías y los demás masones que brindaron en el Desierto de los Leones por el triunfo del invasor), los Niños Héroes, Miramón, Mejía y Márquez (las tres M), Porfirio Díaz (que venció a la armada yanqui en Salina Cruz, por lo que desde EE.UU le armaron la Revolución), Gorostieta y los Cristeros, Abascal y los Sinarquistas. Imposible citar a todos, ni tampoco los hechos. ¡Pero ahí están!

Pero sobre todo está ahí nuestra Madrecita, la santísima virgen María de Guadalupe, Reina del Tepeyac y de México, Emperatriz y Patrona de América, como la designó su santidad san Juan Pablo II, que como yo se sintió tan identificado con nuestro pueblo que él mismo se llamó el papa mexicano. Demostrándonos un gran cariño, que le fue correspondido plenamente, reconociendo por lo anterior a América como el Continente de la Esperanza en la reevangelización del mundo, sintiendo que como ya en la evangelización del continente fue un factor definitivo, pues a partir de su aparición en el Tepeyac se convirtieron en una forma maravillosa, todos los pueblos nativos de Hispanoamérica, que antes habían sido reacios a ello. Ahora será el factor más importante en el regreso del mundo a la cultura de la vida y del amor.

Y esto es importante, porque de no hacerlo, nos pasaría lo que dijo el príncipe de Holanda Willem Alexander en su visita a México: “Camarón que se duerme se lo lleva la chin… digo, la corriente” y para que esto no suceda tenemos que demostrar “la madera de la que estamos hechos”, que no estamos dispuestos a aceptar que nos impongan lo que va a ser en perjuicio de todos, aunque de momento les hagan creer con mentiras que es en su beneficio. Solo hay que voltear los ojos a Venezuela y a todos los países que ha arruinado el socialismo de la izquierda (la masonería), como ya lo hemos mencionado en otras ocasiones.

Ahora que si tratan de hacerlo, tendremos que defendernos a capa y espada, teniendo en cuenta que tenemos cepa de héroes, porque creemos en Dios y no estamos dispuestos a que lo saquen de nuestras vidas, porque como mencionaron al referirse al hecho heroico del sargento mexicano Jorge Mendoza en la Segunda Guerra Mundial: “En la trinchera no hay ateos” y a nosotros nos ha tocado desde un principio estar siempre en la trinchera.

Los cristeros (ya con Juárez los hubo) en defensa de la libertad religiosa, al decirles Calles después de que presentaron 2 millones de firmas al Congreso sin que les hicieran caso, que tenían el camino de las armas; lucharon hasta tener 40 000 hombres en pie de guerra y hubieran ganado la Cristiada si el Gobierno de izquierda no hubiera promovido el arreglo, al ver que la tenían perdida. Como siempre la Iglesia respetó el arreglo, no así la izquierda, como el mismo Portes Gil lo advirtió que así seria.
Tenemos ahora, como siempre, que estar listos para lo que sea y si la izquierda populista de López Obrador se pone intransigente, pues a ver que de cuero salen más correas. Ellos tendrán el poder y el respaldo de la izquierda nacional y mundial (masonería), todo el dinero que les haga falta, incluso para comprar consciencias. Nosotros no tendremos el poder, ni el dinero, ellos tienen todas las ventajas del mundo, pero como ha sido en otros momentos, tenemos a Dios y a Nuestra Madrecita de Guadalupe, que siempre nos ha cuidado y una fe inquebrantable. ¡La victoria será nuestra!... Nunca Venezuela.

“Dónde hay bosques hay agua y aire puro; dónde hay agua y aire puro hay vida.”

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