Tiempo de intrigas

La intriga que ha provocado Morena en cuanto a sus personajes Andrés Manuel y Olga Sánchez deja a muchos preocupados.


La intriga de Morena


Quizá de las pocas cosas que más disfrutan los gobernados de su gobierno es la intriga, los golpes bajos entre los que rodean al líder. Ver a los poderosos destazarse, acudir a los medios para enterase del chisme, los problemas, quién cayó de la gracia del todopoderoso es parte de la actividad mediática. Más cuando son tiempos de poca información y mucha ocurrencia como son los que vivimos en estos momentos. La intriga, la confabulación, el complot entre los poderosos son parte de la literatura universal. Han cambiado formas, por supuesto, ya no se envenena al contrario ni se le espera en la esquina para clavarle una daga y quedarse de favorito del líder. Pero siempre se ven las formas de eliminación del contrario, en la que resaltan la filtración mediática, el escándalo y el escarnio público del compañero odiado.

En el caso de Morena asistimos a verdaderas peleas de pandillas, en las que más que la intriga y el rumor está en la patada en la cara, la puñalada artera, el escupitajo y la traición abierta. Así son, así han sido y no parece que vayan a cambiar. Son de cuidado. Acostumbrados a la lapidación política, ahora que han ganado se quedaron con las piedras en las manos y no saben qué hacer con ellas. Y claro, sólo queda un objetivo: los de adentro. Al no haber oposición, la única competencia durante un buen tiempo será entre ellos. Será más relevante informativamente saber qué ocurre entre los secretarios, que los grandes cambios en los partidos de oposición.

Es en este contexto que cobra realce lo que está pasando con la secretaria Olga Sánchez Cordero. La señora no está con López Obrador desde los tiempos de la travesía en el desierto. Los tiempos duros y difíciles no los olvidan quienes los transitaron y ven con recelo al recién llegado, al arribista, al que no llegó a sembrar sino en los momentos de triunfo a disfrutar de los frutos; normalmente el recién llegado goza de los favores del líder, que es quien los trae e impone, sabedor de la obediencia de los suyos. Pero el agravio es personal y tarde que temprano se lo cobran. Así pues, en cuanto se supo que sería la titular de Gobernación, comenzaron a serrucharle el piso. Fueron reduciendo la capacidad de la secretaría hasta niveles en los que seguramente la Profeco tiene más capacidad de decisión en asuntos nacionales que la dependencia que encabeza la señora. Le quitaron la fuerza, le dejaron el diálogo legislativo –infructuoso por las mayorías del partido gobernante–, la pasean en foros y la exhiben en las conferencias de prensa mañaneras en las que el maltrato de tenerla de pie durante horas provocó airados reclamos en las redes sociales hasta que les consiguieron silla a ella y sus compañeros que amenazaban con, alguna de estas heladas mañanas, quedar momificados.

Como todos sabemos eso no ha sido todo. Más allá de los dimes y diretes en las columnas de información, es claro que los codazos contra doña Olga están de a peso y salen también de su propia secretaría en la que políticos de carrera, como Alejandro Encinas y Zoé Robledo desean el protagonismo. Además de sus compañeros secretarios y líderes legislativos. No son pocos. A lo mejor por eso Olguita –como le dicen de manera compasiva, pero malsana– tronó contra la pérfida Eréndira y su secretaría. Para la titular de Gobernación el asunto del penthouse en Houston fue algo dirigido desde la Secretaría de la Función Pública, dependencia a la que responsabilizó directamente de la filtración de información. Ya luego el presidente y los demás le echaron la culpa al Reforma, pero ella culpó a sus compañeros.

La guerra interna ha comenzado y habrá que comprar palomitas. El patético espectáculo de la oposición, el gabinete y otros cercanos a AMLO prometen dar un espectáculo de horca y cuchillo ¿Qué cabeza rodará primero?

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