Adiós a la negociación

La cuarta transformación comienza a dar frutos.


La 4ta Transformación y sus consecuencias


Una de las formas del arrepentimiento puede ser la nostalgia. Ahora es claro que nuestra incipiente democracia tenía ya buenos frutos, que nuestra corrupta clase política también tenía gente preparada técnicamente, y que, si bien la negociación política terminó siendo un burdo negocio para algunas camarillas, el poder presidencial era contenido y los caprichos podían quedar en meras rabietas, pero no en ley. El abuso, la corrupción descarada, la falta de sensibilidad, la voracidad, la protección de unos a otros y la soberbia son algunas de las causas que acabaron por darle al traste a una democracia que ya caminaba sola. Ni hablar, así son los cambios. A falta de los mismos, pues la alternancia terminó en una suerte de mimetización de los defectos del pasado, se llegó al cambio radical.

Los presidentes que se quejaban de la parálisis que provocaba la oposición y que impedían el avance, ahora ven un presidente todo poderoso que ni siquiera imaginó que tendría esas mayorías. La negociación política, práctica fundamental en cualquier democracia, y que creíamos sería lo norma en nuestra vida pública, ha quedado casi desterrada. Solamente en algunas cuestiones, los proyectos del gobierno dependerán de su habilidad negociadora –que no ha aparecido hasta la fecha– y de la visión y arrojo de la oposición –que tampoco han aparecido.

Es claro que el nuevo oficialismo sabe su fuerza y por eso es pródigo en amenazas a diestra y siniestra. Su soberbia los ha metido en problemas. El berrinche del NAIM está resultando carísimo para los mexicanos y terminará por tener costos políticos y presupuestales para el gobierno. El pleito con el Poder Judicial, más allá de que tenga que corregir sus sueldos y ciertas prácticas, se origina en una ley en la que se encaprichó ese fósil legislativo que es Pablo Gómez. No le quisieron cambiar nada a una propuesta hecha hace diez años. El resultado está a la vista. La prepotencia de quien fuera gobernador y almacenador de mota en Zacatecas, el senador Ricardo Monreal, se puede monetizar en miles de millones de pesos que le costarán al gobierno y a varias empresas. Esta semana quitaron la autonomía en la redacción propuesta para el artículo 3º de la Constitución. A parte de autoritarios son desaseados. No hay contención en la práctica política y en el gobierno no parecen tener ganas de conocer la templanza.

Quizá ningún candidato había tratado a sus votantes con tal saña como López Obrador. No es necesario tener los datos precisos a la mano para saber que una buena parte de la burocracia media votó por él, lo mismo que académicos de instituciones oficiales. La respuesta de su candidato ha sido bajarles el sueldo, quitarles el seguro de gastos médicos, cuando no los han corrido de manera déspota y arbitraria. La gente no sabe si conservarán su trabajo, en muchos lados les han retenido el pago.

Apenas van unos días y ya el enfrentamiento se ha colocado como la forma de convivencia en la cuarta transformación, la inestabilidad como política pública y la incertidumbre como su vocación económica. Claro que puede ser apresurado hacer juicios a los pocos días, pero eso es lo que tenemos como cierto. Por supuesto hay cosas que se aplauden en el estilo del presidente, su sencillez y su austeridad, por ejemplo, o su anunciada batalla contra la corrupción, pueden darle la vuelta a la forma de ser de la clase gobernante. Pero extrañaremos la política de la negociación, la búsqueda de la mejor solución posible, que a veces se lograba en el consenso, el encontrar gente competente, cosas que han cambiado por el capricho personal, el discurso hueco, la animadversión, la amenaza y la improvisación. Por el momento en eso consiste la transformación.

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@yoinfluyo
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