El presidente a las patadas

López Obrador no se caracteriza por ser un personaje de diálogo y consenso, sino de ataque y confrontación. Probablemente tengamos un presidente al que le guste andar a las patadas con sus gobernados.



Al presidente electo nada más le falta prenderle fuego a un convento para tener enfrentamientos con todos los sectores. Ya la emprendió contra las Fuerzas Armadas, contra los liberales, contra los conservadores, contra los medios de comunicación, contra caricaturistas, contra periodistas, contra las calificadoras internacionales, contra la burocracia, contra los egresados del ITAM, contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación, contra los jueces, contra los bancos, contra el capital extranjero. Solamente se ha detenido ante Trump, para quien han existido elogios y se han establecido parecidos.

El presidente electo López Obrador se mueve con naturalidad en el enfrentamiento, en el adjetivo, en el ambiente de polarización. Es lo suyo. De eso se han tratado sus campañas, ese ha sido su estilo y le ha funcionado. Para todos aquellos que pensaron que iba a cambiar al ganar las elecciones, este último par de meses pueden servir de ejemplo de cómo será el ambiente que se avecina para los próximos seis años.

La consulta del aeropuerto ha servido para revivir el pleito de la campaña. Otra vez dividir a quienes piensan distinto. Lo llamativo aquí es que es el propio presidente del país –que asumirá el cargo en unas semanas– el que arma la confrontación. “Gobernar para todos”, “reconciliación”, “apego al orden legal establecido”, “escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos”, son palabras que se quedaron estancadas en el discurso del triunfo, sepultadas por la voluntad de confrontación.

Estamos de nuevo en la crispación. Anunciar que seguirá denostando a los que no piensan como él con adjetivos como “conservador” y “fifí”, no parece algo que tienda a la reconciliación, ubicar a la prensa como golpista y antipatriota, tampoco. Ubicar a los adversarios de la siguiente manera: “Y siempre lo señalo porque es una característica de la derecha, la doctrina de los conservadores es la hipocresía. Entonces, me gusta quitarles la máscara, desnudarlos, o que se queden nada más en paños menores” (El Economista 21/10/18), no es precisamente una invitación al diálogo y colocan al presidente electo como un vulgar pendenciero.

Como vivimos enfrentados en un pleito nacional y entre insultos que salen primeramente de la boca del Presidente electo de la nación, no queda otra para algunos que seguir a su líder y los demás a defenderse. Cualquier asunto es bueno para descalificar de uno u otro lado. Por supuesto, no todos tienen las limitaciones verbales del Presidente electo y son más elocuentes en sus pleitos tuiteros: “racista, nazi, pinche ardido, dilo sin llorar, neoliberal de mierda, salinista, prianista, fascista, xenófobo, personaje de la blanquitud”, y cualquier cosa que se les ocurra más variada que fifí, porque han leído un poco más que su amado líder. Las justificaciones de varios de sus seguidores para cualquier despropósito del señor o de sus colaboradores, moverían a risa sino fuera porque da pena ver a gente inteligente en lances francamente patéticos.

Pero del otro lado, de la derecha liberal, del centro o de lo que se quiera que no sea lopezobradorista, no nos queda más que defendernos, porque no es fácil tener a un presidente electo que le gusta andar a las patadas con sus gobernados.

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