AMLO y su gabinete CCH

El equipo que conformará el próximo gobierno bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador ha dado grandes muestras de descontrol y falta de disciplina, lo cual son malas señales.


 Equipo de AMLO


Hay que recordar que los presidentes –líderes durante la campaña electoral– no llegan solos al poder, lo hacen con su equipo y ahí es donde normalmente se encuentra variedad en los integrantes. Cierto que el líder es el que tiene el peso más importante en cuanto a personalidad y es el centro de las decisiones –aunque hay estilos que prefieren delegar mucho, otros prefieren concentrar todo–. Una de las ventajas de la campaña es que el control está en un solo lugar y la cadena de mando es compacta. El gobierno es mucho más complejo y el poder se tiene que expandir forzosamente en delegar muchas decisiones a los responsables de las diversas áreas. Habrá secretarios que hablen y vean todos los días a solas al presidente y otros que lo verán tres veces al año. Por eso el tipo de mando es importante, porque permea en los demás miembros del equipo principal.

Lo usual, lo deseado en cualquier trabajo, es que unas de las características de los equipos sean el orden y la disciplina, lo que facilita el seguimiento de las decisiones para quien está al mando. Claro que ahí entra el estilo personal de cada quien. Con Fox –que al igual que AMLO, gustaba de la calle y de estar de gira– creo que uno de los grandes errores fue tratarlo de meter a una oficina, “hacerlo presidente”. Al ser algo laxo en la exigencia con sus subordinados muy rápido generó una dinámica de conducta pública en su equipo, que terminó bautizado como “el gabinete Montessori”. Si cada quien hace lo que se le antoja y dice lo que quiere, puede resultar productivo en una terapia de grupo o en un experimento familiar, pero en un gobierno los resultados suelen ser desastrosos.

Al parecer López Obrador cuenta con un equipo CCH, en el que cada quien hace y dice lo que quiere, exige, declara, hace anuncios sin ningún orden y sentido. El tema es difícil de manejar, pues todavía les faltan dos meses para comenzar a ejercer y ya se meten en problemas a cada rato. Hay quienes no aparecen, hay quienes van a trabajar todos los días, hay quienes renuncian sin nunca haber tomado posesión del cargo; hubo una señora que invitó al papa –eso dijo ella– a participar en un foro; el responsable de Turismo difunde citas contra la voracidad de los inversionistas extranjeros y dice que el presidente es su “amigo”. El descontrol es evidente y llegó a un punto elevado esta semana con la exhibición frívola de un hombre sencillo, cuya boda ha sido repudiada por propios y por adversarios, más aún cuando apareció en la portada de la revista ¡Hola! Pero eso no quita que en otras áreas no sucedan cosas sorprendentes, como los despropósitos de la señora del Conacyt o el próximo responsable de la SCT, que se reúne con gente armada con machetes para hablar mal del proyecto del aeropuerto en construcción y hablar bien del propio.

A eso hay que agregarle que tienen todo el reflector de la vida política, tanto en el equipo de transición como con Morena en el legislativo. Y es que el resultado de las elecciones terminó por nulificar a la oposición, y lo que le ocurra y todo se ha pasado al equipo triunfador. Si tiene alguna relevancia lo que suceda en el PAN, pero no se avizora nada nuevo por allá; el PRI tiene que esperar a que se vaya Peña para existir en libertad, y el PRD es una pieza de poco valor en el museo del fracaso. Así que lo que queda es saber cómo se agarran a golpes entre los morenos por las enormes rebanadas de pastel que se tiene que compartir.

Por supuesto, nada de esto es fatal ni marca al presidente López Obrador de manera imborrable, pero sí nos dan luces sobre un equipo cercano sin guía ni control.

 

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