Disparar sin apuntar

No deja de sorprender que el triunfador de la elección insista en una estrategia de estar todos los días en los medios, a manera de una extensión de la campaña, y que esto le ha generado más problemas –con desgaste limitado, pero de cualquier manera innecesario– que aplausos.



Es bueno tirar, pero es mejor si se apunta para dar en el blanco. En campaña se suelen hacer tiros “a lo loco”, para salir del paso, para decir cualquier cosa o para tratar de que algún comentario “sea chicle y pegue”. Ya con el triunfo en la mano lo que se requiere son tiros de precisión con la puntería bien afinada. Errar el tiro tiene costos que muchas veces no pueden ser medidos con anticipación y tienen más peso del que se creen en el ejercicio de gobierno.

Ya he comentado en este espacio que no deja de sorprender que el triunfador de la elección insista en una estrategia de estar todos los días en los medios, a manera de una extensión de la campaña, y que esto le ha generado más problemas –con desgaste limitado, pero de cualquier manera innecesario– que aplausos.

Pero más allá de eso, llama la atención que no afine sus tiros: dispara sin apuntar, por lo tanto lastima a más de los que pensaba y genera más problemas de los que cree solucionar.

El caso de los sueldos y seguros. Es un acuerdo general que la ciudadanía está harta de los abusos de la clase gobernante, de la clase política, ¿pero de toda la burocracia? No lo creo. Serían un centenar de los altos mandos los que abusaban y el 90% de los senadores y de los diputados. Creo que una buena parte de la burocracia media y alta votó por AMLO. En su afán por señalar la culpabilidad de todos por unos cuantos, el presidente electo y sus hordas legislativas no ha hecho más que sembrar el temor entre quienes veían con buenos ojos un cambio en el liderazgo del país y, concretamente, en sus áreas de trabajo. Quienes van perder el seguro médico, más un porcentaje de su sueldo, entrarán en un problema descomunal:
escogerán entre pagar colegiaturas o pagar un seguro, entre pagar el crédito hipotecario o un seguro. Eso sin contar que los quieren cambiar de lugar de residencia. Un burócrata medio de más de 50 años depende tanto de su seguro médico –y los suyos– como de su sueldo. Es muy probable que antes de entrar ya tengan la animadversión de muchos de los que votaron por ellos.

Se aplaude que los legisladores se paguen sus seguros y que de tener que atenderse vayan al IMSS o al ISSSTE –lo que seguramente no harán–; pero, ¿están preparadas esas dos instituciones para recibir de pronto decenas de miles de usuarios que el propio gobierno dejará sin seguro? Lo dudo. Lo más probable es que el más jodido, el que hace semanas de espera para ser atendido, tenga que esperar más por el arribo de los nuevos usuarios.

En todas las áreas hay ocurrencias, ya hemos mencionado algunas de ellas. El próximo secretario de Turismo, Miguel Torruco es particularmente versátil para tuitear estupideces y despropósitos. Desde fotos con Cepillín, Monreal y otros payasos, hasta descargas de xenofobia. El 15 de septiembre tuiteó: “No se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos, identificados con las peores causas del país, intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros”. ADOLFO LÓPEZ MATEOS. VIVA MÉXICO.

¿No es curioso que quien desempeñará la función de atraer turistas del extranjero vea a los inversionistas foráneos como un enemigo? Seguramente tendrá mucho éxito en su misión.
Cuando el presidente electo dice que el país que recibirá está en bancarrota, ¿no sería bueno entonces que siga cobrando los impuestos en el norte que le dan más de cien mil millones de pesos?

En fin, parece que les gusta disparar al aire y lo mismo le atinarán a un pato que a un avión. Las consecuencias son distintas.

@yoinfluyo
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