¿Conservadores vs. Liberales?

Hay una especie de debate de entelequia que se lleva a cabo en ciertos espacios del llamado círculo rojo. Se trata de definir quién es conservador y quién es liberal. Por supuesto, el pleito está en quién es el cadenero del antro liberal, el que deja pasar, el que señala quién sí y quién no. Andrés Manuel López Obrador se ha instalado como el cadenero mayor, para sorpresa de muchos, pues es un tipo radicalmente conservador, lo que se conoce como un tipo “chapado a la antigüita”. Hay intelectuales que le quieren pelear el puesto y también señalan desde su púlpito a la persona que ha dado pruebas contundentes de ser un liberal. Y son liberales a secas, nadie se dice de derecha liberal –en la academia está mal visto ser de derecha. Y AMLO, que vive en el pasado, se siente discípulo de Benito Juárez y desde ahí pontifica contra los conservadores o los que considera conservadores, que normalmente son las personas que no están de acuerdo con él. A lo mejor el tabasqueño siente que ser liberal le da un toque de juventud a un hombre que ya se sienta en los lugares para ancianos en los autobuses.


AMLO y Anaya


Lo que sorprende es que, como de costumbre, aquí casi nadie se define conservador porque les da pena. Extraño caso en un país eminentemente conservador. Conozco muchos que se jactan de ser liberales hasta que ven a su hija en minifalda, o cuando llega con un novio con un arete en la nariz y tatuado en el cuello. En ese momento se hace el viaje a la visión conservadora. Porque creemos que ser conservador es negar todo avance, ir a misa y condenar a los comunistas que queden por ahí.

Hay quienes todavía hablan de las opciones de izquierda cuando en esta elección solamente hay opciones de derecha. Pero nadie, ni los de derecha, es decir, los del PAN, reivindican ese legado, esa idea, esa posición política. El actual candidato apostó por diluir la derecha de su partido con la decadencia perredista. El resultado es una propuesta amorfa. Por ejemplo: Anaya tiene razón electoral cuando dice que no hay que legalizar las drogas, pero sus gurús liberales se enojan porque ellos están a favor.

Sin embargo, AMLO ha dado la vuelta en ese terreno, ha dejado sentir que no está de acuerdo con los matrimonios entre personas del mismo sexo, aunque luego dice que sí y sale con una banderita, porque sino el “lobby gay” le hace mucho ruido. Se siente muy contento de dar discursos con el PES. Habla de Dios y de que Cristo es amor, referencias que sólo estaban destinadas al uso de la derecha. Pero a él no le importa, porque usa la palabra conservador como si fuera un insulto, aunque se rodea de lo más granado del conservadurismo.

Es claro que la elección no se trata de la disyuntiva conservador o liberal. La disyuntiva está en qué tipo de derecha se va a seleccionar, qué tipo de conservador gusta más. De los tres que están en los primeros lugares en las encuestas, considero que el más conservador, sin duda, es Andrés Manuel, pues es el más refractario a las libertades. Se rodea de un conservadurismo rancio. Sus últimas adquisiciones del PAN son conservadoras: los Martínez, Germán y José María –que no son parientes, hay que decirlo para que nadie se enoje. Germán es un tipo que vive en el conservadurismo. Basta verlo para saber que ahí no se esconde ningún liberal. En el caso de José María, pocos tan conservadores, en el sentido peyorativo que lo usa AMLO, como el expanista jalisciense.

Parte de nuestro problema es creer que el conservador es la caricatura que se ha hecho de una opción válida y que nada tiene que ver, por ejemplo, con la religión. Al respecto, en otro texto comentaré el libro La actitud conservadora, de Michael Oakeshott.

Por lo pronto nuestro pleito “liberales” contra “conservadores” no creo que le interese a nadie más que a los se sienten jugadores de ese partido.

 

@yoinfluyo

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