México independiente: camino de construcción permanente

La verdadera independencia la creamos día a día.



Porque las invasiones más frecuentes son las que pueden hacer que tengamos amnesia humanitaria: el egoísmo, los insultos, la delincuencia, la corrupción, la informalidad, la impuntualidad, la mentira. Entre muchos otros. Hemos celebrado con orgullo patriótico un año más de conmemoración histórica por los inicios de nuestra independencia nacional; pero, ¿no será un elemento importante considerar que no festejamos con la misma pasión la consumación de la misma?

¿A qué seguimos atados?, ¿de que nos hemos hecho dependientes? Paradójicamente, ¿no será que dependemos de este festejo para sentirnos independientes?, ¿cómo lo vivimos día a día? Porque pareciera ser que hay una deuda colectiva que emerge de lo individual.

El prefijo “in” revela negación, privación, ausencia. ¿Realmente afirmamos como país esta categoría expresada en nuestras fiestas del 15 de septiembre? Las preguntas nos deben causar reflexión, porque no podemos contradecir esta condición de nuestra sustancia nacional.

Hablemos de ejemplos. Debe ser una muestra de nuestra independencia sabernos, sentirnos y expresarnos mexicanos. Y esto no quiere decir solo portar una bandera por ocasión de las fechas, o colorear nuestras mejillas con verde, blanco y rojo, o colocarse trenzas para lucir un peinado típico, tampoco cenar pozole con dulces típicos y gritar: ¡Viva México! No es por mínimo, suficiente.

Ser mexicano es parte de nuestro ADN que nos da identidad al saber que la tierra nos ofrece un legado histórico con cultura, con raíces y con una enorme oportunidad de proyección. Ser mexicano es como andar sin ropajes por el mundo, mostrando lo más valioso y formativo de nuestra comunidad en potencia.

Ante esta ciudadanía local en medio de una ciudadanía global-universal, nuestra identidad debe crecer en un clima de respeto y cercanía a quien es mi semejante.

De nada sirve ondear banderas si no somos capaces de alegarnos con el triunfo de otro. No es coherente recordar nombres de héroes legendarios si no nos atrevemos a decirle por su nombre a alguien con quien convivimos frecuentemente. Tampoco es justo crear una atmósfera festiva si nuestro corazón se endurece al interior de la familia, en nuestro ambiente de trabajo, en cualquier espacio de convivencia.

¿Qué puede ser lo más relevante que fluya por nuestra mente y corazón en estos momentos de cambio y de trascendencia? ¿Será lo más importante el vestido de la primera dama? ¿Acaso es lo más relevante si el presidente hizo mal una seña que quiere manifestar cariño?

Pareciera ser que seguimos dependiendo de lo que otros hagan. Damos muestra equívoca de que nuestra felicidad depende de lo que los demás realicen para nuestra posible aprobación o aceptación. Desafortunadamente eso no es independencia.

Nuestro país vive una coyuntura, que debe ser tomada en cuenta como una oportunidad de crecimiento integral. Los cambios nos deben arrojar a modificar estatus, zonas de confort.

La verdadera independencia la creamos día a día. Porque las invasiones más frecuentes son las que pueden hacer que tengamos amnesia humanitaria: el egoísmo, los insultos, la delincuencia, la corrupción, la informalidad - la impuntualidad, la mentira. Entre muchos otros.

Si vencemos “el mal con el bien” como expresara la epístola a los Romanos (12, 21); sin duda que nuestra soberanía nacional se verá enaltecida con esta soberanía propia de dominio y control único y personal.

Alegría y compromiso al conmemorar un año más de este inicio, cuyo fin lo anhelamos, lo hacemos y lo proyectamos en cada instante y momento de esto tan hermoso y maravilloso que juntos llamamos y hacemos: México.

@yoinfluyo
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