Género

Género, es una palabra polisémica en la lengua española, más el termino al que nos referimos es el equivalente a “Gender” en la lengua inglesa; significando, la orientación sexual de un individuo.


Orientación sexual


Esta palabra fue inventada con este sentido por el sexólogo John William Money, quien creía que la sexualidad fluía en un espectro desde la feminidad hasta la masculinidad, siendo irrelevante el sexo con el que un individuo naciera, si un niño tenía suficiente femineidad, era fundamentalmente una niña, y si una niña tenía suficiente masculinidad, era para John Money… fundamentalmente un niño.

John experimentó en humanos como fue el caso de David Reimer, un niño que al ser circuncidado perdió el pene; John Money entonces sugirió a los padres, una operación de cambio de sexo para David, y un tratamiento hormonal para volverlo una niña.

Los padres accedieron a empezar el procedimiento para reasignar de sexo a David, y John Money procedió con métodos tan cuestionables como “inspecciones genitales” y fotografías a los genitales de David, obligando a David y a su hermano gemelo a interactuar sexualmente de formas (de nuevo) cuestionables.

Los años pasaron, y John definió su experimento como un logro y un triunfo, mas David y su hermano permanecieron traumados, hablando en diversas entrevistas en contra de los experimentos de John, solo para que en una entrevista, David anunciara de forma indirecta su propio suicidio, cometido dos años después de que su hermano muriera también, el por un disparo en la cabeza con una escopeta recortada, y su hermano, en una sobredosis de antidepresivos.

Así que solo como dato cultural, cada que usas la palabra “Género” en ese sentido, recuerda que estas usando un término acuñado por un científico sin escrúpulos capaz de orillar a dos jóvenes al suicidio y regodearse de ello como un gran logro.

El suicidio tampoco es un desconocido para las comunidades LGBT, siendo que según estudios de “Williams Institute” el 41% de los homosexuales solo en Estados Unidos (una sociedad más abierta y tolerante a estos) han tenido intentos de suicidio, por lo que sería raro desconocer al suicido y la inestabilidad mental o depresiva de estos agentes como algo importante.

Es importante notar que solo el 4.5% de la población ha reportado intentos de suicidio en total, por lo que es solo lógicamente alarmante el observar una cifra tan elevada en las comunidades LGBT.

Intentos de suicidio y suicidios “exitosos” son resultado de depresiones severas, y en algunos casos, episodios psicóticos que nacen sin aviso previo, solo como retoños de el gran árbol de una falta de sentido existencial y un dolor profundo, en una herida que no se inflige en el cuerpo si no en el alma; aquel que pretende suicidarse está roto por dentro, y por mil razones, y lo primero que estas personas debieran hacer es buscar ayuda. En vez de esto, la sociedad, los gobiernos y los libbies progresistas pretenden impulsar estos caracteres como algo idóneo y normalizarlo, sin ver que la verdadera ayuda, es reconocer la naturaleza de la situación y hacer algo con respecto al problema.

Si yo normalizo la gripe mediante la opinión pública, puede que todos lleguen a pensar que es perfectamente razonable que gente con y sin gripe convivan como si nada, ignorando los problemas de salud que conlleva tener una gripe, en vez de tratar a aquellos que tienen gripe para su pronta sanación.

Así mismo con la homosexualidad, añadiendo también, que una enfermedad no degrada ni denigra la dignidad de un ser humano, si a un humano con gripe se le trata distinto a uno sin gripe, es precisamente para su mejora, así mismo, al homosexual se le debe tratar diferente, sí, pero no menos humano, y siempre en vista de su integridad y mejora como persona.

El verdadero problema no surge ya con la normalización de estos fenómenos, si no con su promoción, con el incesante bombardeo informativo de los medios de comunicación convencionales a nivel internacional, promoviendo a la homosexualidad como algo preferente, medios que no solo romantizan cuestiones como la homosexualidad, sino también el individualismo y la depresión, táctica que multiplica estos últimos factores.

Sería ignorante señalar a los homosexuales como algo de nuestra era, realmente todas las sociedades del mundo han tenido homosexuales, en minorías significativas y en la gran mayoría de las situaciones, ocultos, lejos del ojo público; mientras algunas civilizaciones les fueron indiferentes, otras reaccionaron violentamente a los homosexuales, pero un patrón que se repite una y otra vez, es que la aceptación abierta y promoción de la homosexualidad es un factor o síntoma de un imperio en decadencia.

¿No fueron acaso los Romanos, quienes bebiendo y fornicando en sus bacanales de sexualidad laxa, ignoraron a los barbaros que tocaban a sus puertas?

Como mencioné, es un síntoma, mas no una enfermedad, un síntoma de otro síntoma incluso más grande, el de la sexualidad relajada.

A medida que el tiempo ha pasado desde el siglo pasado, la sociedad ha ido laxando conceptos y tabúes hasta promover y normalizar todo tipo de conductas anteriormente reprobables, una de ellas, la liberación sexual, que pasó a convertir a una sociedad puritana de la década de los 50s hacia atrás, a una sociedad sumamente liberal en cuanto a la sexualidad, desde los 60s tardíos, en que los movimientos contraculturales empezaron a hacer críticas a los sistemas anteriores, hasta la completa y absoluta liberación sexual de los feminismos radicales y los movimientos homosexuales de nuestros días.

Las mujeres empezaron a abandonar el hogar, no solo para trabajar (cosa que habían hecho desde las guerras mundiales) si figurativamente, la atención de la mujer se distrajo de la formación de una familia, y el excito profesional y la vida en sus placeres se volvieron objetivos más aceptables para la sociedad en su fracción femenil, glorificando a mujeres de gran renombre a estatus de semidiosas por ir en contra de un ya tan aturdidor “patriarcado” creando iconos y modelos que en algunos casos se desvían por completo de la idea original de ese personaje en particular.

Un postmodernismo en el que los grandes mitos no existen, deconstruye las metas sociales, y si la sociedad está desmotivada en una dirección, se derrumba, y el pilar fundante de la sociedad en sí misma, es la familia; sin familia, la monogamia pasa a segundo plano, las restricciones sexuales en cuanto a género, edad etc. Pasan a ser irrelevantes, pues el sexo deja de ser un motor de construcción y pasa a ser visto como algo placentero meramente, pero sin las molestias de un hijo después, de responsabilidades y la construcción de una familia, porque “¿quién quiere traer a un niño a este mundo?” un mundo que ha perdido todo encanto y dirección, en que no se lucha por ideales comunes y los valores y la ética están desmoronándose.

En un mundo de esquizofrenia y desesperación, nadie quiere tener un hijo, solo aquel que tiene esperanzas en el futuro es capaz de hacerlo de una forma consiente, y quien tiene esperanzas tiene también metas, y por lo tanto, creencias.

Si la sociedad tuviera creencias y metas, entonces las luchas de género no serían tema de conversación, y los hijos no serían vistos como molestias, pues habría algo mucho más grande por lo que luchar que uno mismo.

 

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