La importancia del raciocinio en el mundo de hoy

La vida en occidente se ha convertido desde la edad media en un opuesto polar que traiciona sistemáticamente todo lo que había establecido, empezando por una civilización cristiana y con etnicidades solidas con identidad, con valores familiares y un sistema de creencias pétrea; a una amalgama de creencias fluidas y gelatinosas que se adaptan a la cabeza de cada individuo de manera que este la forma escuálidamente y a voluntad.


Libertad en pensamientos


Una de las grandes banderas de la postmodernidad es el asesinato de los grandes mitos, liberando la mente de los individuos para que piensen dentro de sí mismos lo que deseen y decidan por si mismos lo que es mejor para ellos; desmoronando cuestiones como la nacionalidad, la religión, la identidad étnica y hasta la sexual, volviéndolo todo fluido, globalizado, pan sexual etc.

La inclusión y tolerancia patológica nos han llevado a volvernos piezas de pensamiento incompatibles unas con otras, como piezas de un rompecabezas que intenta unirse bajo la excusa de que todos tenemos una verdad diferente, y dentro de cada cabeza somos universos que tienen sistemas de realidad completamente diferentes.

Una posmodernidad que pretende destruir toda concepción de “la verdad” más que como algo inmutable y explorable y cognoscible por la mente del que la busca.

Deconstruyéndola y reconstruyéndola como algo fluido que se adapta a la percepción de cada persona, volviéndose un ente completamente diferente para cada uno, dando a luz al relativismo; que pretende negar toda verdad inmutable o absoluta, y darle grises a cosas que son negras o blancas.

Sacrificando la voluntad y la libertad de los individuos, sopretexto de potenciarla, mediante las cadenas de lo que es políticamente correcto; daga que degüella al cordero de la libertad de expresión, mediante la opinión pública y la mala costumbre de politizar cosas que no deben ser politizables.

Satanización y divinización de entes politizados que abanderan ideales de la posmodernidad, bajo los débiles argumentos del relativismo, que como una dictadura basada en simientes de palillos mediante la gimnasia mental que representa pensar que hay buenos y malos absolutos, a la vez de que hay verdades relativas y depende de la percepción de cada uno; y más aún la evidente y repetidamente señalada contradicción de pensar que si todo es relativo, el hecho de que todo sea relativo es una verdad absoluta, creando un uroboros de contradicción que se muerde la cola y se desangra a muerte.

En otras palabras, sacrifican a la libertad de expresión, silenciándome si opino sobre los aspectos positivos de este u otro movimiento de pensamiento y las bondades en la figura de este o tal personaje que podría ser considerado controversial; a la vez que me dicen que cada persona tiene su verdad, que todo es relativo, silenciándome mientras me dicen que todos somos más libres ahora; imponiéndome el neoliberalismo ideológico a la vez que me pregonan cual fanático religioso que soy un bendecido por poder nacer en un país libre y soberano.

“eres libre de pensar, mientras pienses como yo”

Mientras me dicen que puedo elegir entre miles de géneros sexuales, me señalarán como un homófono solo por decir que soy heterosexual, confundiendo y radicalizando hasta al más moderado con las maniobras extremistas de ideales impuestos por minorías que exigen más y más derechos.

En la era de los derechos humanos, que nacen a partir de la segunda guerra mundial; todo parece ser un derecho humano, un derecho exigible, como una constitución universal que nos permite mandar a las autoridades que se respeten y que no nos toquen en nuestra integridad pseudo-jurídica; derechos tan ridículos y deónticos como el derecho al internet.

Una era en la que toda minoría parece querer tener derechos exclusivos, cuando; deduciendo de la dignidad humana, deberíamos poder derivar todos los derechos esenciales, y a partir de ellos, interpretar todo lo que pudiere derivarse en derechos menores.

En cambio, queremos generación tras generación de derechos humanos para anillos cada vez más amplios y ambiguos de pretericiones de las minorías para escudarse en un sistema legal mundial corrupto y fallido.

Los homosexuales piden derechos, cuando no los merecen, ya tienen todos los derechos que merecen por el hecho de ser humanos, los homosexuales, como homosexuales, no merecen derechos; no igualmente el humano como humano; pues solo el humano los merece, ya entonces, si se definen a sí mismos como humanos y defienden esta postura frente a los grupos de ignorantes y extremistas que argumentan lo contrario, serían respetados como tales, como humanos, muy independientemente de ser minoría de cualquier tipo, y su orientación sexual se volvería ante el público lo que debería ser…. Absolutamente irrelevante.

En vez de eso, cada minoría, cada grupo oprimido, cada grupo que en el pasado experimentó algún sufrir, utiliza el sufrimiento del pasado como divisa para intercambiar por derechos extra y privilegios, argumentando que sus opresores tuvieron muchos más privilegios en sus épocas de oro, sin recordar que fueron su misma incompetencia y sus propios errores históricos los que los pusieron en una posición de debilidad frente aquellos que les oprimieron, pues si ellos hubieran tenido la ventaja, habrían sido ellos, sin lugar a dudas, los que hubieran oprimido a los que se encontraren en desventaja, porque la vida es así; las naciones y sociedades y hasta los individuos buscan escalar en una pirámide invisible y eterna de poder y estatus con respecto a todas las demás, y cada grupo busca el bienestar de los suyos; pero ahora, no quedan más grupos identificables que las minorías, y aquellos que estas consideran como amenazas o enemigos.

Nos desarmaron, bajo la excusa de que si nade tiene armas, nadie se atacaría, y no recordaron la lección más elemental de la historia; un individuo o grupo sin armas, no se vuelve pacifista por defecto, solo se vuelve vulnerable a quienes si tienen palos afilados.

“Si quieres paz, prepárate para la guerra”

Oriente, África y las ideologías religiosas extremistas han aprendido esta lección, y observan con pena y desprecio a aquellos que les abren la puerta a sus países, los ven como débiles, y con buena razón, pues lo son; sus armas mirando al piso, cantando un himno de tolerancia y altruismo patológico mientras sus esposas son violadas, sus hijos asesinados y sus gargantas a centímetros de una navaja que les espera degollar; lo ven y sufren pero no dicen palabra alguna, y siguen cantando este himno de tolerancia, pensando dogmáticamente, que su “amor” y “pacifismo” mejorará todo, recordando traumáticamente el pasado, pensando que si devuelve el golpe, se volverá automáticamente un “fascista” por no aceptar que los suyos son atacados sin justificación ni posibilidad de defenderse.

La sociedad es débil, con una debilidad autoimpuesta, bajo el motor de la individualidad y la emoción, una sociedad en que los hechos, los datos y lo que de hecho es, importan un comino:

“¿qué importa que casi todos los regímenes comunistas tuvieren más muertos anotados a sus gobernantes que el mismo Hitler? Seamos comunistas”

“¿Qué importa que esta ideología o esta otra sea contra natura? Seamos tolerantes con todos”

“¿Qué importa que este grupo sea violento, traicionero e incompatible con el mío? Seamos tolerantes e indefensos”

¿qué importan los números, y los hechos? ¿qué importa la razón? ¿qué importa la sanidad? Si solo importa lo que siento, y solo importa el pintarme como un individuo que abandera todo lo bueno en este mundo, aunque me cueste todo, a mí y a mi gente.

Una sociedad que se ha permeado a la política y las instituciones, tomando decisiones por emociones, por intuiciones sin fundamentar, por aquello que creemos dogmáticamente que es más humano o correcto, sin pensar en las consecuencias fácticas posteriores a aquella decisión que parecía emocionalmente correcta.

Un fenómeno que se dio a partir de que la democracia se volvió paulatinamente más inclusiva; las democracias antiguas funcionales, entendieron que solo debían votar aquellos individuos que fueran los más óptimos, que fueren aquellos que conocieran las necesidades y las situaciones, y tuvieren la educación para ver más allá, con una contemplación integra de las situaciones, y con una restricción del poder a aquellos más capacitados, tales como la Republica Romana; mientras hoy, cualquiera puede votar.

El dicho “El pueblo tiene el gobernante que se merece” es especialmente resaltado en los sistemas democráticos de voto universal, porque en efecto, basándonos en la educación, preparación, visión e intereses de los votantes, podemos predecir por quien se votará; mas en un país que tiene una base de votantes sin preparación, educación, visión o experiencia, es solo lógico que voten por un individuo del mismo calibre, un títere o un payaso del espectáculo que solo posee una cara atractiva, y aún peor, que con una base de votantes ignorante y poco preparada, es perfectamente posible imponer al dictador enmascarado de libertador que el sistema desee, en su recalcitrante podredumbre y corrupción, manipulando sistemas que el ciudadano de a pie es incapaz de entender o si quiera cuestionar, por la misma educación decadente que el sistema le impone, desarmándole para jugar al mismo juego.

Esta es una realidad en que a pesar de ser todo relativo, hay verdades tan absolutas que no se pueden cuestionar, o serás legalmente castigado, una sombra de lo que George Orwell predijo en su libro “1984” como los “Ideadelitos” delitos que consisten tan solo en castigar el pensamiento de una persona, el encarcelar o castigar físicamente o económicamente a un individuo por manifestar una opinión, y muchas veces, ni siquiera por manifestarla externamente, solo por el miedo del sistema de creer que puedas tener creencias que no se alinean al mismo.

Ya no puede haber nada que no sea inclusivo, diverso, humanitario y altruista o serás acusado de Racista, xenófobo y fascista, y sobre ti caerá todo el peso de los sistemas creados por las minorías, castigando tu reputación, tu empleo, y a veces hasta tu vida; en un mundo en que estos “soldados de la libertad” militan cazando a la oposición como lobos famélicos que jamás ocultan sus dientes tras sus resecos labios, siempre ladrando, siempre cazando, con ojos que brillan radiantes ante la vista de una posible presa indefensa, mordiendo sin dudar a aquel que está en desacuerdo, desterrándole, destrozándole; cayendo paradójicamente, en los mismos errores que señala de los sistemas que tanto critica; estos son el verdadero peligro, estos son la verdadera razón de la caída de occidente, aquellos que se han liberado tanto, que han terminado por oprimir a todos los demás, conjugándose en una profana alianza que destroza enemigos comunes que yacen fantasmagóricamente como una nube ideológica.

Hemos sido presa por mucho tiempo, es hora de defender a los nuestros.

@AAbascalJuan

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