Antropología platónica en el diálogo del Fedón

La vida desde la perspectiva de Platón y el diálogo de Fedón.


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Al igual que su metafísica, la concepción platónica del hombre va a presentar un profundo dualismo, una escisión entre dos partes íntimas e irreconciliables en la misma estructura ontológica del ser humano: la materialidad del cuerpo humano que sitúa al ser humano dentro del mundo sensible y el alma racional que es aquello que hace al ser humano propiamente tal, cuya patria es el mundo inteligible. Con relación a lo anterior se dice en el diálogo del Fedón: “–¿No es verdad que también entonces el alma del filósofo desprecia mucho el cuerpo y trata huir de él, y busca ser ella misma?... –Lo parece… –¿Y qué son los acontecimientos tales, Simmias? ¿Afirmamos que lo justo en sí algo o nada?... –Afirmamos que, en verdad, es algo, ¡por Zeus!... –¿Y qué? ¿Por su parte, lo hermoso y lo bueno son algo?... –¡Y cómo no!”

Aquella materialidad corporal en cierto aspecto obstaculiza la labor filosófica que busca la verdad como se dice en el diálogo del Fedón: “… porque mientras tengamos el cuerpo, y nuestra alma esté mezclada con tal desgracia, nunca poseeremos de manera suficiente aquellos que deseamos; y afirmamos que esto es verdad, pues el cuerpo nos ocasiona innumerables preocupaciones… éstas nos impiden la caza de la realidad… de ahí el dicho que, en realidad, bajo su acción (acción del acuerpo) ni siquiera no es posible tener nunca un pensamiento sensato sobre la verdad… Y, por esto, no tenemos tiempo libre para la filosofía, a causa de todas sus necesidades (necesidades del cuerpo)”

Lo sensible es lo propio del mundo físico del que sólo cabe opinar. El mundo sensible es el mundo de los fenómenos físicos particulares, del devenir y la multiplicidad. Pero la razón de ser del mundo sensible no está en él mismo, sino en el mundo de las formas o mundo de las ideas, mundo inteligible en donde está el auténtico ser.
La materia es aquello que carece de forma inteligible y se encuentra separada de ella. La materia es casi un no-ser. En cambio, las formas inteligibles, “Eidos”, son plenamente ser, que es realizado en una multitud de esencias o modos de ser, por ello son modelos que lo sensible debe imitar.

Para Platón la distinción entre lo sensible y lo inteligible se traduce en una distinción real de tipo ontológico, de ahí que la estructura humana a nivel ontológico distinga entre el cuerpo (soma) y alma (psiché) en una unión de dos realidades cuyo ser es dual y cuya unión es accidental e incluso antinatural.

Siguiendo al Fedón, el alma del ser humano –que puede conocer lo inteligible del Eidos– es inmaterial y no sólo distinta ontológicamente, sino contrapuesta al cuerpo. Siendo el alma de una naturaleza ontológica superior al cuerpo a como lo es el mundo del “Eidos” respecto al mundo sensible material, el alma es principio de vida humana siendo en su esencia simple, es decir, no compuesta de elementos materiales a como lo es el cuerpo humano, el cual es un conglomerado de una diversidad de elementos materiales que se disuelven en la muerte.

Siendo el alma humana connatural al mundo de las Ideas, lo más adecuado para ella es estar separada del cuerpo, a como el mismo Fedón lo señala: “…se nos ha demostrado, en rigor, que, si vamos a conocer alguna vez algo en su pureza, hay que apartarse del cuerpo y contemplar las realidades en sí con nuestra propia alma; y entonces, según parece, nosotros tendremos aquello que deseamos y de lo que sostenemos que estamos enamorados: la sabiduría, una vez que hayamos muerto, como muestra el razonamiento; pero no mientras estemos vivos”.

A la luz de este modelo antropológico se puede entender por qué en la tradición platónica se señale que la finalidad de la vida humana en este mundo material consiste en una preparación para la muerte, pues desde el planteamiento platónico, la vida humana está centrada exclusivamente en el alma siendo el cuerpo un obstáculo para la realización plena de esa vida humana.

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