Una aproximación a lo que es la teología como reflexión sobre la palabra de Dios

La Palabra de Dios es no sólo el fundamento de la labor teológica…


 


En un recuento histórico cultural se puede señalar que los antiguos griegos desarrollaron un pensamiento filosófico. Los medievales un pensamiento teológico y a partir del siglo XVII el mundo europeo se comenzó a desarrollar un pensamiento científico. Para el siglo XXI se tendría en el horizonte del saber humano tres grandes áreas: la científica, la filosófica y la teológica.

Uno de los problemas con relación a esas tres áreas del saber humano es delimitar su campo epistemológico, es decir, cuándo un saber se especifica como científico, como filosófico o como teológico.

El cristianismo es una religión que se constituye en torno a la Palabra de Dios. Dicha Palabra ha sido revelada a algunos testigos quienes la han comunicado y han llevado a cabo una misión religiosa. De este modo, los grandes testigos de aquella Palabra Divina han sido, entre otros, Noé, Abraham, Moisés, los profetas y Jesús de Nazaret como el mismo Hijo de Dios.

El carácter de revelado que tiene la Palabra de Dios exige por parte de quien la escucha un acto de fe. Si se plantea una reflexión intelectual que asume como principio la Palabra de Dios, entonces se constituye un saber conocido como teología.

La teología es un saber que se centra en la Palabra Divina y estudia toda la realidad a la luz de esa palabra. Por otra parte, la Biblia es el conjunto de libros en donde la Palabra de Dios ha sido recogida por escrito.

He aquí una primera cuestión a dilucidar. La relación entre Palabra de Dios y Biblia. De hecho, se pueden plantear dos alternativas expresadas en las siguientes proposiciones:
a) La Palabra de Dios es la Biblia. O bien, b) La Biblia es la Palabra de Dios.
Si se dice que la Palabra de Dios es la Biblia entonces toda la Palabra de Dios se reduce a una de serie de libros escritos. En cambio, si se dice que la Biblia es Palabra de Dios entonces en dicha Palabra queda incluida la Biblia, pero la Palabra Divina no es reductible a una serie de libros escritos.

Lo anteriormente descrito no es un juego de palabras. Reducir la Palabra Divina a una serie de escritos implicará un modo de hacer teología diferente a si se piensa que la Palabra Divina, aunque está contenida en la Biblia, aquella no se reduce a lo escrito. En efecto, tomando en cuenta la Buena Nueva predicada por Jesús de Nazaret, se puede apreciar que esa Buena Nueva no fue originalmente escrita por Jesús. Él predicó su mensaje aunado a sus acciones y a partir de ahí sus discípulos hacen una labor de predicación para posteriormente estampar la Buena Nueva por escrito.

No es lo mismo una teología que hace su reflexión a partir de la Palabra de Dios reduciendo ésta a la Biblia (solo Escritura), que una teología en cuyo horizonte la Palabra de Dios no es solamente la Biblia, sino también una prédica oral (conocida como Tradición) de la Palabra Divina que incluso discrimina qué escritos son Palabra de Dios y cuáles escritos no lo son.

Por otra parte, la Palabra de Dios es comunicada vía Revelación. La cual es una inspiración del Espíritu Divino a una serie de personas humanas que se vuelven sujetos directos de esa Revelación. Así pues, la constatación por escrito de la Palabra Divina y su misma prédica oral no es en exclusividad Palabra de Dios, sino que se implica también la palabra humana, o sea, la Palabra de Dios se transmite por una palabra humana. En este sentido, el mismo Jesús de Nazaret que se presenta como el mismo Hijo de Dios, culmen de la Revelación, es un ser humano con un lenguaje humano, el cual por cierto era el arameo, pero cuando los cristianos escriben la Buena Nueva de Jesús, lo hacen en griego porque en su contexto era el idioma con mayor universalidad a como ahora lo es el inglés.

Hacer labor teológica implica discernir aquellos elementos humanos que están implicados en la transmisión de la Palabra de Divina y lo que es la misma Palabra de Dios. Esos elementos humanos no dejan de estar condicionados históricamente, pero la Palabra Divina supera a dichos condicionamientos en razón de su validez eterna.

La Palabra de Dios es no sólo el fundamento de la labor teológica, sino también es la finalidad de tal labor en el sentido de que la reflexión sobre la Palabra de Dios tiene por objetivo una mayor inteligibilidad humana sobre la Palabra Divina.

La historia de las primeras comunidades cristianas, el estudio del contexto cultural que rodeó a aquellos que fueron sujetos directos de la Revelación y el recurso a la filosofía para elaborar, entender y explicar los Dogmas, es decir, las verdades fundamentales de la fe que se nutren de la Palabra de Dios; todos ellos se vuelven elementos epistemológicos que enriquecen la labor teológica.

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