¿Qué imagen teológica de Dios se puede construir a partir de la evolución biológica? (parte dos)

El tema de la evolución biológica se vuelve llamativo para aquella persona que comparte una visión de un Dios creador del universo.


Dios y la evolución


Se dice, a modo de anécdota, que un día el astrónomo Pierre Laplace señaló que él para explicar el sistema solar a la luz de la teoría de la Gravitación Universal, Dios era hipótesis inútil, pues no la necesitaba en modo alguno. Se podría decir casi lo mismo con relación a la pregunta sobre el cambio de las especies de flora y fauna a lo largo del tiempo, Dios es una hipótesis inútil y no necesaria en modo alguno para dar razón de la evolución. Con la salvedad de que se está hablando del Dios concebido como un gran relojero.

Desechando al Dios relojero la ciencia está en plena libertad de buscar aquellas leyes o mecanismos que podrían dar razón del cambio evolutivo de los organismos que la misma ciencia biológica ubica en especies. De este modo, aparecen los posibles mecanismos evolutivos como son: la selección natural, la adaptación, la deriva genética, la migración, etc, que a modo de teoría buscan explicar de manera perfectible el hecho evolutivo.

La evolución como hecho y como teoría es una cuestión de tipo científico que no tiene que ver con el tema de Dios, en la cual pueden participar, sin problema alguno, tanto científicos que son ateos, o que son agnósticos o que son creyentes.

El tema de la evolución biológica se vuelve llamativo para aquella persona que comparte una visión de un Dios creador del universo en el cual están las diversas especies de flora y fauna que, según la ciencia, han evolucionado a lo largo del tiempo.

A grosso modo se pueden considerar los siguientes elementos:
1. La creación no debe ser entendida como la fabricación que un relojero hace del reloj. El acto creador no es fabricación, producción o evolución. El acto creador es una relación entre Dios y el ser de toda la flora y fauna que existe o ha existido.
2. El acto creador de Dios no está ni determinado ni condicionado por una posible evolución de las especies, es decir, en el supuesto caso de que las especies no evolucionaran, los organismos que las integran serán tan creaturas de Dios, a como lo son y lo han sido en un mundo en el cual sí han evolucionado. Y así, por ejemplo, el conejo que en estos momentos corre por los campos o la rosa que un enamorado le regala a su amada, ambos, el conejo y la rosa, son creaturas de Dios independientemente de si existe una evolución o no detrás del conejo y la rosa.
3. Indudablemente que la hermenéutica de los pasajes del libro del Génesis, puede cambiar en razón de lo que la ciencia vaya demostrando o comprobando con relación a la evolución de las especies. Actualmente los teólogos están convencidos que los primeros capítulos del Génesis hay que interpretarlos más de modo simbólico para encontrar mejor la Verdad Revelada que llevar a cabo una interpretación literal.

Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla

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