La estampida… a la inversa

Hace algunos meses escribí sobre la estampida de buena parte de la clase política, abandonando sus partidos para entrar a Morena y estar cerca de López Obrador. Esos políticos de carrera, con su fino olfato para detectar donde está el poder, se daban cuenta de donde les convenía alinearse. Ahora está ocurriendo otra estampida: la de los que les urge alejarse de Peña Nieto.



El actual presidente está, desde el primero de julio, en la etapa que los estadounidenses llaman “el pato cojo” (lame duck): una etapa donde el poder se le escurre entre los dedos y sus indicaciones son cada vez menos relevantes. Donde otros fijan la agenda nacional, donde nadie está interesado en las opiniones del presidente saliente.

Algunos comentaristas, señaladamente Riva Palacio, hablan del “solitario del Palacio” y cuentan historias sobre el modo como su equipo cercano lo abandona poco a poco y rechazan, cortésmente, ofrecimientos y encargos que les ofrece.

Algunos periódicos, que fueron la primera línea de su comunicación, lo relegan ahora a las páginas interiores. El presidente tiene que pagar, desgraciadamente con nuestros impuestos, para que se presenten sus “spots”, señalando los frutos de su administración.

En su informe presidencial, la nota son las lágrimas de sus hijas, no el análisis profundo de sus logros. Y, si usted quiere hacer la prueba, pídale a cualquier ciudadano cuáles son los temas más relevantes del informe presidencial.

La mayoría no los podrá recordar. Probablemente recordarán más fácilmente al tatuador que visitó los Pinos.

En una buena novela de Luis Spota, El primer día, hace un excelente retrato psicológico de un presidente el primer día después de que deja el poder. La depresión, el vacío, la decepción sobre los que creía fieles, son elementos del estado de ánimo que vive después de dejar formalmente el poder.

Al presidente Peña Nieto le quedan ya pocas oportunidades de ser el centro de la atención. El día de los Niños Héroes. La ceremonia del Grito. El desfile militar, el día de la Revolución. Alguna inauguración, algún mensaje de despedida. Y la estampida sigue y sigue. Hasta que quede virtualmente solo.

Mientras, la estampida estará buscando acomodo en la nueva administración. No cabe duda: la clase política tiene una auténtica hambre de poder. Si no logran algún acomodo decente en la próxima administración o en los restos de los partidos políticos, se sentirán como el presidente saliente: abandonados, sin que nadie los busque o los necesite. Tristes, enojados, deprimidos. Han perdido los privilegios, grandes o pequeños, que los hacían importantes.

Han pasado a ser parte de los “sin poder”. Acostumbrados a la adicción al poder, ahora están teniendo los síntomas del síndrome de abstinencia: negación, depresión, tocar fondo. Y esos síntomas se profundizarán. Algunos los superarán y lograrán volver a ser personas útiles a la sociedad y a sus familias. Ojalá sean la mayoría.

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@yoinfluyo
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